¿Cómo será la exploración espacial en el futuro?

The Soyuz MS-08 spacecraft for the next International Space Station (ISS) crew, consisting of astronauts Drew Feustel and Ricky Arnold of the U.S and crewmate Oleg Artemyev of Russia, is lifted on the launchpad ahead of its upcoming launch, at the Baikonur Cosmodrome, Kazakhstan March 19, 2018. REUTERS/Shamil Zhumatov - RC15D1B68F60
Russia has proposed to extend the life of the International Space Station to 2028.Image: REUTERS/Shamil Zhumatov
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El proceso de ensamblaje de la Estación Espacial Internacional (ISS) comenzó en 1998 y concluyó en 2011, con la participación de cinco socios: Canadá, Europa, Japón, Rusia y Estados Unidos.

En un principio, estaba previsto que operara solo hasta 2020, pero en 2014 Estados Unidos decidió prolongar su vida útil hasta 2024. Desde entonces Rusia ha propuesto prolongar aún más la vida útil de la ISS, hasta 2028, y la agencia espacial estadounidense NASA parecía dispuesta a aceptar esta nueva prórroga.

Sin embargo, en 2017 se produjeron importantes cambios en la política espacial de Estados Unidos, con la reactivación de un organismo de alto nivel de la Casa Blanca, el Consejo Nacional del Espacio (NSpC), presidido por el vicepresidente. La nueva prioridad de la Casa Blanca es regresar a la Luna en la década de 2020, como paso previo a llegar a Marte en la década de 2030.

Para liberar fondos destinados a esta nueva estrategia, el NSpC favorece poner fin a la vida útil de la ISS en 2025. Es probable que un acuerdo con el Congreso lleve a decidir una transición ordenada de la ISS después de 2025, desde su configuración actual a un modelo de asociación público-privada (PPP), reutilizando total o parcialmente los elementos existentes.

Al término de este proceso de transición, podría haber una o varias estaciones público-privadas que operen de forma más o menos comercial en la órbita terrestre baja (LEO). Este modelo también significaría que las agencias espaciales que hoy son propietarias de la ISS y la operan pasarían a ser clientes que compran servicios a estaciones espaciales privadas mediante acuerdos público-privados.

Si este modelo no fuera viable económicamente, la ISS podría finalmente retirarse de servicio. Su estructura sería dirigida de forma controlada hacia la atmósfera terrestre, para que se desintegre sobre extensas zonas oceánicas. En cualquier caso, la ISS dejará un legado notable para la investigación y la cooperación internacional.

A principios de 2018, la misión en curso es la Expedición 54, que constituye la rotación número 54 de la tripulación permanente de seis astronautas de la ISS. NASA cuenta con una extensa lista de experimentos que se beneficiarán de que la vida útil de la ISS se prolongue unos años más. Por ejemplo, el Espectrómetro Magnético Alfa, detector de física de partículas de NASA, investiga la materia oscura en un entorno que no sería posible en la Tierra.

¿Qué ocurrirá después de la ISS?

En el Simposio Internacional de Vuelos Espaciales Personales y Comerciales, celebrado durante dos días en octubre de 2016, el retiro de servicio de la ISS fue uno de los principales temas de debate. Charles Bolden, entonces director de NASA, anunció que pronto las empresas privadas tendrían la posibilidad de acoplar módulos a la ISS, lo que confirmaba la expectativa de un cambio hacia tripulaciones y misiones de la ISS financiadas por el sector privado, con un posible desarrollo de estaciones espaciales comerciales después de su retiro de servicio.

De hecho, las bases para la participación de actores privados en el espacio están bastante consolidadas. Bigelow Aerospace, una empresa estadounidense de tecnología espacial, ya ha desarrollado módulos habitables, o hábitats expansibles (el Módulo de Actividad Expandible Bigelow, o BEAM), capaces de brindar protección contra la radiación y las temperaturas extremas, y de servir como instalaciones para que los astronautas trabajen en el espacio.

Image: Bigelow Aerospace

El primer lanzamiento tuvo lugar en abril de 2016, a bordo de la nave espacial Dragon CRS-8 de SpaceX, en una misión de reabastecimiento de la ISS. Esto supuso el primer paso de actores privados hacia una «estación» de reemplazo situada en el espacio.

Otras empresas privadas, como Orbital Sciences, Lockheed Martin y Sierra Nevada Corp, están desarrollando nuevas tecnologías para futuras misiones, y Axiom Space busca establecer la primera estación espacial privada, internacional y comercial del mundo para 2020: la Estación Espacial Comercial Internacional Axiom.

Quienes apoyan las estaciones espaciales comerciales señalan que reducirían considerablemente los costos para las agencias espaciales estatales. Estas preferirían poder alquilar un hábitat orbital expansible a un precio relativamente asequible: quizá por 1 millón de dólares para una visita de uno a dos meses. Aunque desarrollar la ISS costó más de 100.000 millones de dólares, construir BEAM costó 17,8 millones de dólares.

Estas reducciones de costos podrían facilitar el acceso a la exploración espacial a países con menos experiencia y recursos financieros. Las estaciones espaciales privadas podrían servir no solo como base para la investigación científica, sino también como centro para quienes viajen a la Luna o a Marte, o como apoyo para las actividades de actores espaciales emergentes, como las empresas de minería de asteroides. También es probable que cobren impulso las asociaciones público-privadas para cooperar en estaciones espaciales, gracias a las ventajas de la reducción de costos.

Estos conceptos encajan bien en el nuevo marco de política espacial establecido por la Administración Federal de Estados Unidos en 2017.

Pero los Estados también se preparan para la vida después de la ISS. Por ejemplo, al parecer Rusia considera crear su propia estación espacial, y después de 2024 podría separar sus módulos de la ISS con el objetivo de construir una nueva estación espacial rusa habitable, denominada Estación Orbital Rusa (ROS). Roscomos considera que crear una estación espacial autónoma es un requisito previo necesario para cumplir sus ambiciones espaciales, incluida la creación de una base lunar.

Además, China planea construir su propia estación espacial permanente: la Estación Espacial Tiangong. En octubre de 2016, la agencia espacial china lanzó con éxito a dos taikonautas (término para los astronautas chinos) para que abordaran el laboratorio espacial experimental (Tiangong 2). Estos avances son pasos fundamentales para cumplir los planes de China de completar la estación espacial en 2022. China no pudo cooperar en la ISS debido a la negativa de Estados Unidos. Actualmente, los planes espaciales de China se encuentran entre los más completos de cualquier país y, si se completa con éxito la Estación Espacial Tiangong, China podría desafiar el dominio de Estados Unidos.

La posible fragmentación de las actividades de investigación espacial en el período posterior a la ISS supondría la ruptura de una alianza internacional que ha propiciado una cooperación sin precedentes entre ingenieros y científicos de potencias geopolíticas rivales, con la excepción de China. La ISS representa quizá la cumbre de la cooperación posterior a la Guerra Fría y ha permitido compartir y armonizar métodos de trabajo y normas diferentes. En un período de tensas relaciones, preocupa que Estados Unidos y Rusia puedan estar poniendo fin a una importante etapa de cooperación.

Aun así, Rusia manifestó su disposición a prolongar la vida útil de la ISS más allá de 2024 o, posiblemente, a convertirse en socio de un proyecto sucesor de NASA llamado Deep Space Gateway (una pequeña estación similar a la ISS en el espacio cislunar), lo que alimenta las esperanzas de que continúe la investigación espacial. El Grupo de Trabajo Internacional sobre Naves Espaciales (ISCWG), integrado por colegas de la ISS de Estados Unidos, Rusia, Japón, Europa y Canadá, tiene la tarea de definir ideas y detalles técnicos para poner en marcha un nuevo programa de exploración del espacio profundo, previsto para la década de 2020.

La Agencia Espacial Europea (ESA) ha expresado interés en ampliar la cooperación internacional, sea cual sea el destino de la ISS. La ESA prevé construir una base lunar que reúna a una comunidad colaborativa de organizaciones públicas y privadas de todo el mundo (la «Aldea Lunar»). Una base lunar, a solo cuatro días de la Tierra, permitiría a los científicos investigar y probar tecnologías que podrían facilitar exploraciones a destinos más lejanos, como Marte.

Como es probable que dentro de una década la ISS tal como la conocemos ya no exista, cabe esperar que la cooperación que inició perdure e incluso atraiga a otros actores privados y estatales. En el futuro, es probable que los actores privados ocupen cada vez más el vacío que deje la ISS y que ciertos Estados busquen establecer sus propias estaciones espaciales. Sin embargo, todavía parece haber varias iniciativas que pueden promover la cooperación internacional en el espacio, uno de los principales legados de la ISS y quizá su mayor logro.

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