¿Está de acuerdo o en desacuerdo con que en el futuro pensemos: «Insertar identificación por radiofrecuencia en el cuerpo de nuestros bebés es tan normal como vacunarlos»?
Esta es solo una de las muchas preguntas provocadoras que se plantearon a los participantes en una animada sesión de Davos titulada «¿Qué futuro desea?».
Las tecnologías emergentes tienen el potencial de transformarnos como individuos, organizaciones y sociedades. La manera en que esto se desarrolle dependerá tanto de los avances tecnológicos como de las decisiones humanas, impulsadas por valores, aspiraciones, imaginación y el contexto en que vivimos.
Esta sesión se organizó en torno al trabajo del grupo de Prospectiva Estratégica del Foro.
La realidad es que la revolución digital no está avanzando tan bien como muchos esperábamos. La promesa de las nuevas tecnologías ha venido acompañada de riesgos considerables.
El presidente de un país europeo describió una fábrica que antes empleaba a 12.000 trabajadores, pero que ahora tiene menos de 20 empleados. Otro participante citó la muerte de Kodak y el nacimiento de Instagram. El antiguo gigante estadounidense de la fabricación se marchitó hasta declararse en bancarrota en 2012. En su apogeo tenía 145.000 empleados. Cuando Facebook compró Instagram por 1.000 millones de dólares estadounidenses, la empresa emergente tenía 13 empleados. Ahora tiene 57.
Las tecnologías digitales deberían unirnos para abordar problemas como el cambio climático y el uso derrochador de energía. En cambio, nos están fragmentando, hasta el punto de que algo que es un hecho científico —el cambio climático— no es aceptado por amplios sectores de la población. Actualmente, muchos recursos naturales son consumidos por la tecnología digital, por ejemplo, los enormes centros de datos de alto consumo energético que utilizan empresas como Google y Amazon.
Fue una sesión animada, y se pidió a los delegados que votaran sobre decenas de afirmaciones, como la pregunta anterior sobre la radiofrecuencia en los bebés. Entre las demás afirmaciones figuraban: «Los robots emocionalmente inteligentes forman parte de nuestra sociedad» y «El trabajo ya no es una fuente de reconocimiento o estatus social».
Al final me pidieron que resumiera los debates y señalara cuáles deberían ser nuestros valores rectores.
El primer valor era el respeto por la condición humana. Necesitamos crear las condiciones para que las personas puedan ser autónomas y realizar su potencial. Los seres humanos necesitan tener un propósito. No basta con que todos tengan garantizados unos ingresos anuales. La seguridad financiera es necesaria, pero las personas también necesitan trabajo.
No basta con desestimar el desempleo como destrucción creativa de Schumpeter y afirmar que se crearán nuevas industrias y empleos. Las nuevas industrias no generarán los numerosos puestos de trabajo que se necesitan.
También tenemos que garantizar el bienestar de las personas y contar con medidas eficaces, como una red de protección social y atención sanitaria.
El segundo valor es que necesitamos instituciones que actúen con integridad. Deben ser honestas y tener en cuenta los intereses de sus partes interesadas, incluida la sociedad en general. Las empresas, por ejemplo, no deberían externalizar sus costos vertiendo sustancias químicas tóxicas en el aire y el agua.
Actuar con integridad también significa rendir cuentas. Esto incluye a las organizaciones de medios de comunicación, que deberían contribuir al debate público. Los medios no deberían centrarse únicamente en obtener beneficios mediante el sensacionalismo y opiniones escandalosas.
El tercer valor es la inclusión. Todos deben participar. Esto requiere una multiplicidad de actores y que abracemos la diversidad. Necesitamos enfoques con múltiples partes interesadas. Ningún sector de la sociedad puede, por sí solo, reparar lo que aqueja a nuestro mundo.
El cuarto valor es la interdependencia. Las empresas no pueden prosperar en un mundo que fracasa. Un ministro de un gobierno latinoamericano preguntó: «¿Quién decide nuestro futuro? No pueden decidirlo solo las empresas o los votantes. Necesitamos modelos de toma de decisiones más complejos, con múltiples partes interesadas».
El quinto valor era el liderazgo. Estamos al final de la era industrial y necesitamos liderazgo para desarrollar un nuevo plan de acción para el futuro digital. El paso de la Era Agraria a la Era Industrial dio lugar a un conjunto de nuevas instituciones que ayudaron a la sociedad a adaptarse y prosperar. Esto incluyó la creación de la educación pública, de una función pública y de una amplia gama de organismos reguladores, así como de una red de protección social, entre otras cosas. Hoy no estamos haciendo nada equivalente. Deberíamos hacerlo.
Introducción a Davos 2015 de Don Tapscott
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Don Tapscott es el director ejecutivo de The Tapscott Group.
Imagen: Un niño toca una pared de 45 metros (148 pies) de largo, iluminada por rayos de colores, en una sala de exposiciones de Wuhan, en la provincia de Hubei, en el centro de China, el 1 de mayo de 2007. Fotografía tomada el 1 de mayo de 2007. REUTERS/China Daily.

