Esta publicación es la primera de una serie que examina las conexiones entre la nanotecnología y las 10 principales tendencias que afronta el mundo, tal como se describen en el Panorama de la Agenda Global 2015. Todos los autores son miembros del Consejo de la Agenda Global sobre Nanotecnología.
La nanotecnología tiene menos de cuatro décadas y ya ha influido en ámbitos tan diversos como los bienes de consumo, las armas y los procedimientos terapéuticos. Además de prometer la revolución de las industrias y acelerar la convergencia de las ciencias y disciplinas, también está provocando cambios sociales y geopolíticos.
Un nanómetro es la milmillonésima parte de un metro. Un cabello humano mide unos 80.000-100.000 nanómetros de ancho. La manipulación de la materia a esta escala ofrece herramientas innovadoras para ampliar los límites de lo posible y permite crear nuevos materiales o modificar los existentes. A escala nanométrica, las propiedades de los materiales pueden diferir fundamentalmente de sus características a escala macroscópica. Por ejemplo, aunque pesan una sexta parte que el acero, los nanotubos de carbono son 100 veces más resistentes.
El desarrollo gradual de la nanotecnología y su capacidad transformadora no están exentos de implicaciones para la seguridad nacional. En reconocimiento de su enorme potencial, el Gobierno federal de Estados Unidos creó en 2000 la Iniciativa Nacional de Nanotecnología con el fin de maximizar la coherencia de la investigación y el desarrollo (I+D). La iniciativa respalda la infraestructura necesaria para desarrollar la nanotecnología «para el bien público».
Por qué importa la nanotecnología en la competencia geopolítica
Como tecnología habilitadora, la nanotecnología puede mejorar o revolucionar industrias como la electrónica, la informática, la energía, la industria petrolera, las ciencias ambientales, la medicina, la seguridad nacional, la seguridad alimentaria, el transporte y muchas más. El papel de Estados Unidos como líder mundial aún indiscutido en nanociencia se pondrá a prueba, a medida que numerosos países europeos, China, Corea del Sur, Tailandia, Japón y otros dedican cada vez más fondos a la investigación en nanotecnología.
Las inversiones de China en I+D en nanotecnología han aumentado más del 20 % cada año durante la última década. La convicción de que el impulso a las ciencias es fundamental para la competitividad futura llevó al Gobierno chino a proporcionar un paquete de estímulo adicional en 2009, con más de 12.000 millones de libras reservados para I+D. En 2011, Rusia, Corea y Singapur pusieron en marcha el Fondo Asiático de Nanotecnología, que reconoció que «la nanotecnología es una tecnología habilitadora clave para muchos sectores y ofrece enormes oportunidades de crecimiento».
Cientos de productos comerciales dependen ahora de materiales y procesos a escala nanométrica; se estima que la cuota de mercado se sitúa entre 50.000 millones de dólares y 1 billón de dólares. Aunque las previsiones comerciales varían, no cabe duda de que la nanotecnología es cada vez más importante para el poder nacional, una premisa que se desprende tanto de sus aplicaciones militares actuales como de las potenciales.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos identificó la nanotecnología como una de las seis áreas estratégicas de investigación a mediados de la década de 1990 y, en años recientes, las potencias emergentes o llamadas «reemergentes» han aumentado sus inversiones. Gracias al uso de la nanotecnología, Rusia ya ha desarrollado con éxito la bomba no nuclear más potente del mundo, con un radio de explosión de 300 metros y capacidad para contener el equivalente a 44 toneladas de explosivos (la bomba estadounidense equivale a 11 toneladas).
Siete capacidades estatales
La relación entre la nanotecnología y la seguridad nacional suele limitarse a las aplicaciones militares de esta tecnología (y al grado en que puede redefinir las asimetrías tecnológicas en el campo de batalla). Sin embargo, es fundamental comprender que las repercusiones de la nanotecnología en la geopolítica y el poder nacional son mucho más amplias. En un trabajo anterior, Neo-Statecraft and Meta-Geopolitics, propuse un «marco metageopolítico» más adecuado para nuestro mundo globalizado, conectado e interdependiente. En él, sugerí que el poder nacional se describe mejor en función de siete capacidades estatales clave:
Cuestiones sociales y de salud – La nanotecnología puede tener enormes repercusiones en la medicina y los procedimientos terapéuticos, al mejorar el diagnóstico y facilitar una reparación celular mejor y más rápida. Los nanorrobots inyectados para combatir las células cancerosas pueden administrar fármacos de manera dirigida y realizar reparaciones a nivel celular (y posiblemente incluso corregir el funcionamiento deficiente de los órganos). La nanocápsula de ADN, diseñada a partir de las propias moléculas del cuerpo, se desarrolla para «atrapar» enfermedades a nivel molecular. Las «nanoesponjas», diminutas nanopartículas poliméricas, podrían absorber toxinas mientras las eliminan del torrente sanguíneo. Las nanopartículas de oro podrían utilizarse para detectar la enfermedad de Alzheimer en sus primeras etapas. Los avances de la nanomedicina nos darán un control sin precedentes sobre el cuerpo humano y, al mismo tiempo, suscitarán debates sociales y éticos.
Política interna – La nanotecnología podría ofrecer tanto nuevas plataformas para una vigilancia mejor (y más intrusiva) como tecnologías más eficientes para la seguridad nacional y la respuesta ante emergencias. Por ejemplo, ciertos nanomateriales podrían utilizarse para crear mejores sensores que detecten materiales peligrosos, y los nanorrobots podrían emplearse para desactivar bombas.
Economía – La nanotecnología es pertinente para ámbitos como la agricultura, donde los nanosensores podrían vigilar el crecimiento de los cultivos o detectar patógenos vegetales. Ya se utiliza en numerosos dispositivos electrónicos y permite crear sistemas más pequeños, rápidos y eficientes desde el punto de vista energético. Los transistores a escala nanométrica, por ejemplo, no solo son más pequeños, sino también más rápidos y potentes que sus equivalentes convencionales. Para impulsar sus industrias petroleras, los Estados estudian ahora el potencial de usar nanopartículas de sílice para que la extracción de petróleo sea más rápida y barata.
Medioambiente – Parte de las expectativas en torno a la nanotecnología se ha centrado en su potencial para revertir el deterioro ambiental: los filtros nanoestructurados y los nanomateriales inteligentes podrían purificar el agua o detectar la contaminación. Además, la nanotecnología podría tener aplicaciones beneficiosas en los procesos de reciclaje de baterías, ofrecer soluciones para los derrames de petróleo y mejorar la eficiencia de los paneles solares mediante la incorporación de nanopartículas en sus películas.
Ciencia y potencial humano – Una característica distintiva de la investigación en nanotecnología ha sido su convergencia con otros campos, como la biología, la ciencia de los materiales, la ciencia cognitiva, la química y la ingeniería, entre otros. Esta convergencia ha generado intercambios interdisciplinarios dinámicos y la aparición de campos que integran la nanotecnología con otras disciplinas, como la nanomedicina, la nanofabricación y la nanoelectrónica.
Potencial militar y de seguridad – Algunas de las innovaciones más revolucionarias de la industria de defensa se basan en aplicaciones habilitadas por la nanotecnología, que abarcan las distintas fases de las operaciones militares. Entre los ejemplos figuran las nanoestructuras para capas de invisibilidad que oculten a soldados, vehículos o armas; una amplia gama de armas más inteligentes y devastadoras; y, mediante el uso de nanotubos de carbono, blindajes y vehículos más ligeros y resistentes. La nanotecnología también podría cambiar el futuro de las comunicaciones mediante computadoras microscópicas, ayudar a desarrollar láseres de alta potencia o contribuir a mejorar los uniformes de los soldados
,mediante la incorporación de sistemas de detección térmica, química y biológica.Diplomacia – La nanotecnología alterará significativamente la naturaleza de la guerra y del armamento, incluidas las armas nucleares, con consecuencias inevitables para la diplomacia del desarme. La tendencia a una miniaturización cada vez mayor, los explosivos de alto poder diseñados mediante nanotecnología, los sensores de alto rendimiento y muchos otros dispositivos exigirán nuevas negociaciones sobre las normas de control de armamentos y el cumplimiento del derecho internacional.
Otra consecuencia de la miniaturización posibilitada por la nanotecnología y de la mayor precisión en el campo de batalla será la reducción de algunos de los costes políticos de la guerra. Los soldados estarán mejor protegidos y las víctimas civiles (presumiblemente) se reducirán al mínimo. Al mismo tiempo, el uso de nanotecnologías con un potencial altamente destructivo agravará las asimetrías y complicará la reconciliación o las relaciones entre países después de la guerra.
Desde los productos comerciales de uso cotidiano hasta la diplomacia y la guerra, la nanotecnología está llamada a ser una tecnología sumamente transformadora y trascendental en las próximas décadas. A principios del siglo XX, Halford Mackinder planteó su noción del «pivote de la historia»: la idea de que quien controlara la zona pivote del corazón continental dominaría el mundo. Ese pensamiento geopolítico está hoy obsoleto, pero podemos recurrir a esta analogía para reflexionar sobre la futura importancia de la nanotecnología y otras tecnologías disruptivas y transformadoras similares. Dado su inmenso potencial para afectar distintas capacidades estatales, la I+D en nanotecnología será fundamental para el poder nacional.
La competencia geoestratégica transnacional en este ámbito aumenta exponencialmente y, aunque Estados Unidos está actualmente a la vanguardia de la I+D en nanotecnología, no se sabe cuánto tiempo podrá mantener su condición de líder mundial absoluto en la «ciencia de las cosas pequeñas».
Autor: Nayef Al-Rodhan es miembro honorario del St Antony’s College, de la Universidad de Oxford, y miembro sénior y director del Programa de Geopolítica y Futuros Globales del Centro de Política de Seguridad de Ginebra. Es autor de The Politics of Emerging Strategic Technologies. Implications for Geopolitics, Human Enhancement and Human Destiny.
Imagen: Una Biblia nano se exhibe en TowerJazz Semiconductor en Migdal Haemek, al norte de Israel, el 29 de octubre de 2014. REUTERS/Amir Cohen

