¿Qué son los intercambios virtuales entre escuelas?

¿Qué son los intercambios virtuales entre escuelas?
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Hace casi veinte años, estaba previsto que el presidente del Banco Mundial visitara algunas escuelas de Uganda. Por esas fechas, el Banco estudiaba la posibilidad de invertir en videoconferencias para conectar entre sí sus oficinas y las de sus homólogos en los ministerios del gobierno, como forma de promover un diálogo más regular (y, probablemente conviene señalarlo, ahorrar así algunos gastos de viaje).

«¿No sería excelente —preguntó Jim Wolfensohn— si de algún modo pudiéramos conectar a estos niños de Uganda con escuelas de Estados Unidos a través de Internet, para que pudieran hablar entre sí e intercambiar ideas? ¿Se puede hacer?»

Un colega del Banco Mundial (que pronto se convertiría en mi jefe) dijo: «Sí, señor, por supuesto que podemos hacerlo». Resultó que en aquel momento en realidad no tenía idea de cómo lograrlo… pero él y algunas otras personas brillantes acabaron encontrando la manera, conectaron las escuelas y los niños ugandeses y estadounidenses hablaron entre sí por vídeo en tiempo real, con un éxito más o menos aceptable. (Chatear por vídeo a través de Internet en 1996/1997 era una experiencia a menudo frustrante, pero, con energía suficiente y no poca suerte, funcionaba —más o menos, a veces—). De este pequeño «éxito» nació la «iniciativa de escuela a escuela», que pronto pasó a llamarse programa «World Links for Development» y que, durante la década siguiente, colaboró con ministerios de educación de más de 20 países de ingresos medios y bajos de todo el mundo para ayudar a conectar escuelas, docentes y estudiantes a Internet… y entre sí.

Es evidente que mucho ha cambiado entre 1996 y 2015. Las tecnologías de la información y la comunicación en sí mismas, por supuesto, han cambiado radicalmente: hay más; son más potentes, más rápidas y más baratas; están al alcance de muchas más personas, y muchas más saben cómo usarlas y las utilizan como parte de su vida cotidiana. Sin embargo, que las herramientas para establecer conexiones entre docentes y estudiantes a través de las fronteras nacionales hayan mejorado mucho no significa que sea fácil establecerlas y mantenerlas en el tiempo de manera útil y, a veces, incluso emocionante.

Por mi experiencia con World Links (y con otras iniciativas similares), a menudo se me acercan grupos que buscan —cito una consulta representativa por correo electrónico relacionada— «conectar a docentes y estudiantes de todo el mundo para participar juntos en proyectos de aprendizaje colaborativo enriquecedores, promover la paz y el entendimiento mundial y desarrollar habilidades y competencias del siglo XXI». En la medida en que pueda interesarle a alguien (y quizá también para ahorrarme a mí y a otras personas el tiempo que lleva reunirse en persona o por correo electrónico para hablar de estas cosas), pensé en compartir algunas lecciones y perspectivas adquiridas con esfuerzo sobre lo que parece funcionar (y lo que no) para conectar entre sí a docentes y estudiantes de todo el mundo, de modo que puedan lograr lo que sea que esperan conseguir gracias a esas conexiones.

No pretendo ser un «experto» en este tema (aunque he aprendido de muchas personas que, a mi juicio, probablemente merecen ese calificativo), y sin duda hay al menos una posible excepción a cada regla práctica, pauta o consejo que presento a continuación. La lista de temas que se tratan aquí no pretende ser exhaustiva. Dicho esto, espero que algunos de ustedes encuentren algo útil aquí, o que les suscite reflexiones útiles.—

Diez comentarios, preguntas y perspectivas sobre cómo conectar entre sí a estudiantes y docentes de todo el mundo para facilitar «intercambios virtuales»

1. Muchos grupos tienen mucha experiencia facilitando intercambios de estudiantes y docentes por Internet
Si buscan facilitar conversaciones y actividades de aprendizaje por Internet entre estudiantes y docentes, ¡qué bien! Una cosa que conviene tener en cuenta: muchos otros grupos también lo han hecho y lo hacen. Algunos lo hacen bien (como iEARN, que, pese a la extraña capitalización de su nombre, lleva más de dos décadas siendo una organización líder en este ámbito), y otros, hay que admitirlo, no tanto; pero existe una gran experiencia de la que pueden nutrirse. Quizá les convenga invertir algo de tiempo y esfuerzo en aprender de esos grupos qué funciona y qué no; a menudo están muy dispuestos a compartir información. Incluso podrían asociarse con algunos de ellos al empezar.

2. ¿Por qué conectan?
Puede parecer una pregunta (demasiado) sencilla, pero a menudo veo que muchos grupos que quieren apoyar iniciativas como «conectar a estudiantes entre sí por Internet» se adentran en ese terreno no solo sin tener claro qué quieren hacer exactamente, sino tampoco por qué quieren hacerlo. Conectar por el mero hecho de conectar, como puede ocurrir en una breve interacción de tipo «amigos por correspondencia», puede ser una experiencia valiosa, pero, por su propia naturaleza, esas conexiones quizá sean demasiado efímeras (o incluso superficiales) para tener un valor duradero y sostenido. Por supuesto, esto no quiere decir que esas conexiones e interacciones breves carezcan de valor; ¡en absoluto! Solo señala que esos intercambios son un tipo entre los muchos posibles de interacción que pueden catalizarse y apoyarse en línea entre estudiantes (o docentes). Si esperan utilizar esas conexiones para contribuir al desarrollo de algunas de las llamadas «competencias del siglo XXI» (como las identificadas en la meta «4.7» de los nuevos «Objetivos de Desarrollo Sostenible», propuestos por la ONU), quizá deban plantearse algo más que un intercambio de información muy breve y limitado en el tiempo. Tanto si su intercambio virtual pretende ser una «guarnición» (que complemente otra actividad educativa en curso o planificada) como si será el «plato principal» (donde el propio intercambio constituye el foco de la actividad), tener claros los motivos para conectar les ayudará a orientar sus planes, sea cual sea la iniciativa que finalmente emprendan.

De hecho:

3. Los motivos para conectar influirán en la naturaleza de la conexión
Muchos grupos buscan activamente utilizar Internet para conectar entre sí a docentes y estudiantes de distintos países como parte de un esfuerzo por «promover una gran paz y entendimiento mundial». Una pregunta: si su objetivo al catalizar y apoyar un intercambio virtual entre estudiantes y docentes de distintas partes del mundo es promover la «paz y el entendimiento», ¿quieren que el intercambio trate de eso… o de otra cosa que permita desarrollar y fomentar el tipo de conexiones que, como efecto secundario, podrían conducir a una mayor «paz y entendimiento» (sea lo que sea que eso signifique para ustedes)? Si hacen explícito el objetivo de promover el «entendimiento mundial», quizá atraigan a ciertos tipos de personas y fomenten ciertas formas de interacción. Por supuesto, no hay nada de malo en ello. Pero puede valer la pena considerar si esos objetivos podrían alcanzarse centrándose en *otra cosa* (por ejemplo, realizando intercambios científicos o redactando en colaboración un informe sobre un problema de salud o medioambiente común a ambas partes), y dirigiéndose a docentes y estudiantes con otros intereses; así, promover la «paz y el entendimiento» a través de las fronteras podría ser un efecto secundario de esos intercambios o colaboraciones.

4. ¡La programación de horarios no es trivial!
Sobre todo al tratar de establecer y mantener conexiones entre países, las diferencias en los calendarios escolares y los planes de estudio pueden plantear grandes dificultades si no se prevén y gestionan. Mientras en un país hay clases, en otro puede haber vacaciones. Lo que los estudiantes del país X aprenden a los 12 años puede introducirse por primera vez en el plan de estudios de otro país cuando tienen 15. Incluso si un tema se enseña en el último año de primaria en dos países, el orden de los contenidos puede ser muy distinto. Las zonas horarias también son un posible problema (evidente): es difícil hablar por Skype con personas del otro hemisferio si están durmiendo. Aunque los planes de estudio sean más o menos parecidos, los calendarios escolares estén generalmente alineados y las diferencias horarias sean manejables, las vacaciones, los periodos de exámenes y las diferencias básicas en las horas de clase semanales (en una escuela un tema puede enseñarse dos veces por semana y en otra, a diario) pueden dificultar mucho la coordinación de horarios en la práctica. Por mi experiencia, los detalles prácticos de la programación suelen ser un desafío *mucho* mayor de lo que parece a primera vista.

Una forma de superar esos problemas de horarios es…

5. Hacer que todo sea extracurricular
Ante todas las dificultades relacionadas con los horarios, los grupos de edad y la correspondencia con los planes de estudio —y quizá también con el interés de los estudiantes y su acceso a la tecnología—, lo más prudente podría ser integrar esos intercambios en actividades extracurriculares fuera del horario escolar habitual. Por supuesto, esto tiene inconvenientes evidentes, pero en muchas circunstancias podría ser la opción más práctica. A los docentes y estudiantes (por desgracia) se les puede juzgar en gran medida, o incluso en algunos lugares exclusivamente, por los resultados de varios exámenes de alto impacto; y si no se considera que las conexiones transfronterizas en línea contribuyen directamente a la preparación para esos exámenes, puede resultar difícil mantenerlas o incluso justificarlas dentro del entorno formal del aula y la estructura escolar. Si convierten la participación en algo *adicional* y la llevan a cabo fuera del horario de clase habitual (después de la escuela, durante los recreos o las horas libres e incluso, cuando sea posible y apropiado, por la noche o los fines de semana, cuando los estudiantes están en casa), el intercambio podría ser viable.

6. Conectar aulas con aulas, en lugar de un aula individual con otra
Conectar aulas, estudiantes y docentes con otras partes del mundo puede ser emocionante y muy difícil de lograr con éxito. Esto es especialmente cierto cuando los grupos de ambos lados (o de todos ellos) no se conocen y no tienen una historia común de trabajo conjunto, sobre todo si nunca se han conocido en persona. Un enfoque importante que puede ayudar a apoyar y mantener las conexiones a distancia es establecer al mismo tiempo más conexiones «locales». Por ejemplo, varios docentes y aulas de una escuela o comunidad local pueden unirse para ponerse en contacto con homólogos de otro lugar. Esto proporciona a los docentes de cada extremo una red local de colegas a la que pueden recurrir para recibir orientación y apoyo. Si por alguna razón se interrumpe la conexión con un grupo lejano, el proyecto aún puede continuar «a nivel local».

En relación con esto…

7. Conexiones mundiales frente a nacionales (o locales), y cómo podrían relacionarse
Conectar de algún modo por Internet a estudiantes y docentes de distintas escuelas puede ser una experiencia muy gratificante. También puede resultar bastante difícil de llevar a cabo, incluso entre escuelas del mismo sistema educativo, que estudian lo mismo y cuyos estudiantes y docentes tienen antecedentes y experiencias similares. Una de las razones para intentar establecer conexiones, por supuesto, es precisamente ayudar a salvar diferencias de distintos tipos (geográficas, lingüísticas, nacionales, socioeconómicas, étnicas, de género, religiosas, etc.), reales o percibidas. Dicho esto, esas diferencias pueden complicar las conexiones de muchas maneras comprensibles. Teniendo esto en cuenta, puede ser útil considerar las conexiones locales como apoyo a las conexiones transfronterizas.

Por mi experiencia con el programa World Links, a menudo observábamos que, por ejemplo, por mucho que a los niños de Accra les interesara conectar con estudiantes de Chicago, con frecuencia les interesaba *aún más* conectarse por Internet con sus homólogos de escuelas de Cape Coast o Kumasi, con quienes de otro modo quizá tendrían pocas oportunidades de interactuar. (Para quienes no reconozcan los nombres de algunas de estas ciudades: tres están en Ghana). Conectar entre sí a estudiantes y docentes de todo Ghana y, después, emprender colectivamente intercambios en línea con grupos similares de Estados Unidos fue, en algunos aspectos, más fácil que intentar conectar solo dos escuelas a través de fronteras internacionales. Además, las conexiones nacionales persistieron mucho después de que se debilitaran las internacionales.

8. El idioma será un desafío
Parte de lo que hace novedosas, divertidas y aventureras las conexiones transfronterizas entre estudiantes o docentes es la barrera lingüística. (A veces puede haber barreras lingüísticas incluso cuando ambos grupos hablan nominalmente el mismo idioma. George Bernard Shaw describió en una ocasión, con bastante ingenio, a Estados Unidos e Inglaterra como «dos países separados por el mismo idioma». Lo mismo podría decirse de Sudáfrica y Singapur, o incluso —como me dijo en broma un compañero de trabajo de Milán— de distintas partes de un mismo país, ¡incluida su Italia natal!). Las herramientas de traducción de idiomas en línea han avanzado mucho en los últimos años y pueden ser de gran ayuda para salvar las barreras lingüísticas. Sin embargo, como sabe cualquiera que las haya utilizado, los resultados que generan pueden distar mucho de ser perfectos en muchos casos. Cuando se necesita comunicación en tiempo real (por ejemplo, en salas de chat o mediante videoconferencias), hay que tener en cuenta las demoras debidas a la traducción.

Un enfoque común en muchos intercambios en línea o virtuales consiste en canalizar la mayor parte de la comunicación a través de los docentes, que quizá tengan más probabilidades de compartir un idioma que todos los estudiantes de ambas aulas conectadas. (Hay otros motivos para considerar que la comunicación pase por los docentes; hablaremos de eso más adelante).

Un consejo: si quieren conectar con un aula de otro país para que los estudiantes de su aula practiquen un idioma extranjero con hablantes nativos, quizá deban pensar en qué obtendrán sus «socios» de esos intercambios. Por interesante que pueda ser para sus estudiantes de tercer año de francés como lengua extranjera practicar sus rudimentarias habilidades lingüísticas con hablantes nativos de Lyon o Dakar, es posible que estos pierdan rápidamente el interés en esa comunicación. Esto no significa que los intercambios destinados a practicar idiomas extranjeros sean inadecuados o estén condenados al fracaso; en absoluto (o, al menos, no necesariamente). Se trata simplemente de considerar la reciprocidad y los incentivos que pueden tener los grupos de ambos lados para mantener los intercambios con éxito.

9. Consideren apoyar las conexiones virtuales con encuentros presenciales
Muchas escuelas de Europa han disfrutado de conexiones en línea productivas, y a veces muy duraderas, entre sí a través de las fronteras nacionales. La labor de European Schoolnet, así como iniciativas destacadas como la de eTwinning del programa Erasmus, han sido decisivas en muchos casos. También lo han sido otros programas que han apoyado —a un costo ciertamente elevado en muchos casos— que estudiantes y docentes se reúnan en persona para visitar las escuelas de los demás. Aunque cada vez más personas se sienten cómodas estableciendo y manteniendo conexiones en línea, estas suelen fortalecerse mucho cuando los grupos se han conocido primero cara a cara. Por supuesto, esto no es viable desde el punto de vista económico, pero a veces puede facilitarse si…

10. Aprovechar relaciones, intereses, iniciativas y eventos existentes
Al establecer conexiones a nivel mundial, una opción que conviene considerar es incluir a una comunidad de la diáspora en uno de los lados. Por ejemplo, se podría conectar una escuela de Sídney con muchos inmigrantes de primera generación procedentes de China con una escuela de Shanghái, o una comunidad de São Paulo con muchos estudiantes cuyas familias proceden originalmente de Japón con una escuela cercana a Tokio. Puede haber vínculos ya existentes entre esos grupos, facilitados por organizaciones ajenas al sistema educativo, que ayuden a hacerlo posible. Otra opción es vincularse con relaciones existentes entre ciudades hermanadas, que a veces cuentan con mecanismos para facilitar conexiones, pero necesitan personas con quienes conectar y motivos para hacerlo. También se puede establecer algún tipo de vínculo con un gran evento internacional (por ejemplo, un evento deportivo como los Juegos Olímpicos o la Copa Mundial) que reúna o interese al mismo tiempo a personas de distintos países. Participar en diversas competiciones en línea puede ayudar a una escuela a encontrar posibles colaboradores y socios, y proporcionar una justificación para esa colaboración. A veces las escuelas pueden aprovechar que una empresa internacional opera en ambas comunidades locales para obtener apoyo al establecer y mantener sus conexiones e intercambios virtuales.

Este artículo se publicó originalmente en el blog EduTech del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Michael Trucano es especialista sénior en políticas de educación y tecnología y líder mundial de innovación en educación del Banco Mundial, y actúa como punto de referencia de la organización en cuestiones relacionadas con la intersección entre el uso de la tecnología y la educación en países de ingresos medios y bajos y mercados emergentes de todo el mundo.

Imagen: Estudiantes de la Lilla G. Frederick Pilot Middle School trabajan con sus computadoras portátiles durante una clase en Dorchester, Massachusetts, el 20 de junio de 2008. REUTERS/Adam Hunger.

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