Un nuevo informe de Zurich Insurance Group y el Atlantic Council indica que nos acercamos al punto de inflexión en el que los costes anuales de las perturbaciones cibernéticas empiezan a superar los beneficios de hacer negocios en un mundo conectado. Jason Healey, Senior Fellow de la Cyber Statecraft Initiative del Brent Scowcroft Center on International Security del Atlantic Council, analiza lo que significa este hallazgo sorprendente para las empresas.
¿Por qué decidieron elaborar el informe?
Nos guió la pregunta: ¿cómo sabemos si empezamos a pagar más en costes de ciberseguridad de lo que obtenemos en beneficios por estar conectados? Hasta donde sabemos, esta pregunta nunca se había planteado realmente.
¿Y cuál es el hallazgo individual más importante del informe?
El hallazgo más llamativo es que, en términos anuales, el mundo desarrollado gasta más en ciberseguridad en un año determinado de lo que obtiene en beneficios anuales. Parece algo contraintuitivo, ¿no es así?
Entonces, ¿deberíamos simplemente desconectarnos de Internet?
No, porque los costes anuales de ciberseguridad tienden a ser gastos operativos o pagos puntuales. Por ejemplo, si usted es una gran empresa que acaba de sufrir un ataque de piratas informáticos, tendrá que gastar mucho dinero para recuperarse. Pero los beneficios de estar conectados (procesos de trabajo optimizados, mejores vínculos con los clientes y similares) tienden a acumularse con el tiempo de una forma en que los costes no lo hacen. Así, en el escenario base del informe, los beneficios acumulados a nivel mundial superan a los costes en casi 160 billones de dólares hasta 2030.
Los beneficios de estar conectados tienden a acumularse con el tiempo de una forma en que los costes no lo hacen. Así, en el escenario base del informe, los beneficios acumulados a nivel mundial superan a los costes en casi 160 billones de dólares hasta 2030.”
Pero los CEO deben gestionar los resultados trimestre a trimestre y año a año. Entonces, ¿cómo deberían interpretar las empresas individuales el informe?
Veamos primero cómo no deberían interpretarlo: no deberían verlo como un freno a la inversión en crecimiento e innovación. Si lo hacen, perderán el potencial de los beneficios acumulados. Y eso es significativo, ya que la diferencia entre el escenario peor y el mejor del informe supera los 100 billones de dólares del PIB mundial hasta 2030.
¿Qué medidas deberían adoptar las empresas para aprovechar ese potencial y minimizar los costes?
En primer lugar, muchas empresas simplemente no tienen la ciberseguridad que necesitan ni siquiera para las amenazas actuales, y mucho menos si la situación empeora. El informe recomienda adoptar controles básicos. En segundo lugar, los controles no bastarán frente a las amenazas futuras. Por eso, realmente creemos que las inversiones que hacen a una empresa más resiliente ante incidentes cibernéticos pueden resultar muy valiosas. No se podrá impedir que entren todas las amenazas, así que hay que estar preparados cuando se sufra un ataque, ya sea de piratas informáticos o de una caída de Internet a gran escala, para recuperarse rápidamente y limitar la duración de las interrupciones.
¿Dónde empieza la responsabilidad de comprender y gestionar estos riesgos?
Creemos que las empresas deben gobernar desde el consejo de administración hacia abajo. Para expresarlo en términos financieros, que quizá el consejo conozca mejor: ante esta apuesta a largo plazo, la ciberseguridad básica y la resiliencia son su cobertura. Hay que considerar esto como una posición de riesgo en la que se está involucrado, una posición que podría tener implicaciones serias para la empresa. Por eso es fundamental invertir para cubrir su apuesta a largo plazo.
Este artículo se publica en colaboración con Zurich Knowledge Hub. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: John Scott es director de riesgos (Chief Risk Officer) de Global Corporate en Zurich.
Imagen: Una mano aparece en silueta frente a una pantalla de ordenador en esta ilustración fotográfica tomada en Berlín. REUTERS/Pawel Kopczynski

