El 3 de abril de 1973, Martin Bell, empleado de Motorola, realizó la primera llamada telefónica móvil del mundo. Casi 50 años después, más de 5.000 millones de personas están conectadas a servicios móviles, y más de la mitad usa teléfonos inteligentes.
Aunque el acceso a internet sigue mejorando en todo el mundo, los países desarrollados aún concentran, con diferencia, las mayores proporciones de usuarios de teléfonos inteligentes.
En Corea del Sur, el 95% de los adultos tiene un teléfono inteligente y el 5% tiene un teléfono móvil convencional. En cambio, el 75% de los adultos de la India no tiene un teléfono inteligente, aunque el 40% sí tiene un teléfono móvil.
La brecha digital
Corea del Sur es el país líder mundial en adopción de teléfonos inteligentes: es el único país donde el 100% de la población adulta tiene un teléfono móvil.
La situación es similar en Israel, los Países Bajos y Suecia, donde más del 85% de los adultos tiene teléfonos inteligentes y apenas el 2% carece por completo de teléfono móvil.
En Polonia y Rusia, donde el 30% y el 34% de los adultos usan teléfonos móviles convencionales, la tasa de tenencia de teléfonos inteligentes es significativamente menor: del 63% y el 59%, respectivamente.
Sin embargo, Canadá, donde una cuarta parte de la población no tiene teléfono móvil, es una notable excepción entre los países avanzados. Allí, el elevado uso de teléfonos inteligentes en las zonas urbanizadas contrasta con una conectividad escasa o inexistente en las remotas zonas silvestres.
Japón —quizá sorprendentemente, dada la obsesión del país por los dispositivos de alta tecnología— también tiene una tasa relativamente baja de tenencia de teléfonos inteligentes: el 66%.
Aunque los teléfonos inteligentes siguen fuera del alcance de las comunidades más pobres, la mejora del nivel de vida está creando enormes mercados móviles nuevos en todo el mundo en desarrollo. China y la India ya tienen mercados de teléfonos inteligentes más grandes que el de Estados Unidos, y los de Indonesia y Brasil también crecen rápidamente.
Pero estos avances se distribuyen de manera desigual. La investigación de Pew muestra que, tanto en los países avanzados como en los países en desarrollo, las personas más jóvenes (menores de 35 años), con educación e ingresos más altos tienen más probabilidades de tener un teléfono inteligente.
En las economías emergentes con acceso limitado a la educación, esa brecha es aún mayor. Por ejemplo, en Nigeria, el 58% de los adultos con educación secundaria usa las redes sociales, frente a solo el 10% de quienes tienen menos estudios.


