A mediados de octubre pasé una semana en París, donde las expectativas por la 21.ª Sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21) iban en aumento a pesar del tiempo frío y lluvioso.
Ninguna conferencia o reunión a la que asistí terminó sin abordar los desafíos climáticos. Un alto diplomático francés a cargo de la COP21, a quien conocí durante mi estancia, me dijo que el país anfitrión está decidido a no repetir los fracasos de la reunión de Copenhague de 2009. En este sentido, un avance alentador es que el número de países que han presentado sus Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional (INDC, por sus siglas en inglés) ha alcanzado los 150, lo que abarca más del 90 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Existe una competencia muy sólida y vigorosa entre numerosas partes interesadas por aportar contribuciones concretas a la COP 21 o por demostrar su disposición a ser actores activos en esta gran lucha contra el cambio climático. Como ejemplo reciente, el 16 de octubre en París, diez directores ejecutivos de empresas miembros de la Iniciativa Climática de Petróleo y Gas (OGCI) declararon conjuntamente su apoyo colectivo a que en la COP 21 se alcance un acuerdo climático eficaz.
Por acalorado que esté el debate, existe el riesgo de que la COP 21 no logre acordar acciones realmente eficaces debido a la fragilidad de la voluntad política o como resultado de los juegos de poder geopolítico entre las naciones. Por ello, debemos reconocer plenamente y maximizar las contribuciones de las tecnologías para frenar el cambio climático. Este libro blanco “Scaling Technologies to Decarbonize Energy”, lanzado por el World Economic Forum Global Agenda Council on Decarbonizing Energy, pretende llegar a un público más amplio para compartir un reconocimiento renovado de la importancia de las tecnologías innovadoras.
El libro blanco analiza el papel de las fuentes y tecnologías de energía renovable actuales, como la eólica, la solar, los edificios energéticamente eficientes y los procesos industriales eficientes, así como las innovaciones del futuro, como el almacenamiento avanzado de energía, las tecnologías de captura de carbono, los reactores nucleares avanzados y las tecnologías del hidrógeno.
La conclusión fundamental es que la tecnología cumplirá su cometido, especialmente si se utiliza en el lugar y el momento adecuados, sin complicar la vida de las personas. De hecho, en el pasado la tecnología nos ha sorprendido al hacer que nuestra economía y nuestro estilo de vida sean cada vez más eficientes desde el punto de vista energético. Sin embargo, es necesario hacer mucho más, y a mayor velocidad, para descarbonizar el sistema energético, ya que los impactos del cambio climático son implacables.
Este impulso no debe perderse. Demos un papel más amplio a las tecnologías de descarbonización para frenar el cambio climático. Si algunas de ellas parecen un sueño lejano, depende de nosotros convertirlas en realidad para asegurar un planeta habitable para las generaciones futuras.
El Summit on the Global Agenda 2015 se celebra en Abu Dabi del 25 al 27 de octubre. El informe Scaling Technologies to Decarbonize Energy puede consultarse aquí.
Autor: prof. Tatsuo Masuda, Nagoya University of Commerce and Business Graduate School, miembro del Global Agenda Council on Decarbonizing Energy
Imagen: turbinas eólicas generadoras de energía en el parque eólico marino ‘Amrumbank West’, en el mar del Norte, cerca de la isla de Amrum (Alemania), el 4 de septiembre de 2015. REUTERS/Morris Mac Matzen

