Esta es la tecnología que podría ayudar a que la globalización funcione para todos

An illustration picture shows a projection of binary code on a man holding a laptop computer, in an office in Warsaw June 24, 2013. REUTERS/Kacper Pempel (POLAND - Tags: BUSINESS TELECOMS TPX IMAGES OF THE DAY) - RTX10ZB5
Blockchain is pushing new connections around the globe.Image: REUTERS/Kacper Pempel
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El mes pasado, líderes mundiales de los ámbitos empresarial, gubernamental, mediático y tecnológico peregrinaron a Davos, Suiza, para asistir al evento anual del Foro Económico Mundial. Las tranquilas montañas que rodean la ciudad contrastaban marcadamente con la tormenta populista que se arremolina y está transformando la geopolítica. De hecho, el objetivo que el evento ha perseguido durante mucho tiempo —mejorar el estado del mundo promoviendo fronteras abiertas, cooperación global y libre comercio— parecía estar en evidente contradicción con el nacionalismo y el aislacionismo expresados en el Brexit y en la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

Los nuevos populistas de derecha tienen muchos chivos expiatorios: inmigrantes, refugiados y las instituciones internacionales que, a su parecer, son corruptas e ineficaces, por mencionar algunos. Pero, si miramos más allá de estos culpables señalados, surge una realidad preocupante. No son el comercio ni la inmigración, sino el rápido progreso tecnológico —acelerado por la globalización— lo que ha dejado atrás a muchas personas. La verdad es que el historial de Internet, en el mejor de los casos, es complejo. Ha democratizado el acceso a la información y transformado nuestra forma de comunicarnos, pero también ha provocado la erosión de la privacidad. Ha impulsado la creación de gigantes de Silicon Valley, pero no ha logrado generar una prosperidad generalizada.

El desafío que tenemos por delante es cómo hacer que la globalización (y, por ende, la tecnología) funcione para todos, y no solo para unos pocos privilegiados. La cadena de bloques, un registro descentralizado que verifica y anota permanentemente las transacciones, podría ayudarnos a alcanzar este objetivo. De hecho, el potencial democratizador de esta tecnología podría ser clave para dar paso a una nueva era de globalismo.

Image: Financial Times

La cadena de bloques se desarrolló como la tecnología habilitadora de criptomonedas como Bitcoin. Puede transportar no solo información, sino también cualquier cosa de valor. El dinero, los títulos, las escrituras, los votos y la propiedad intelectual pueden transferirse, almacenarse y gestionarse de forma segura y privada, pues la confianza no se establece mediante intermediarios poderosos como los bancos y los gobiernos, sino mediante el consenso, la criptografía, la colaboración y un código ingenioso.

La cadena de bloques descentralizada empodera a las personas y las comunidades locales, crea oportunidades y permite establecer conexiones transfronterizas sin exigir a los usuarios que sacrifiquen su autonomía individual ni su privacidad. Las personas pueden ser propietarias de su identidad y sus datos personales, realizar transacciones y crear e intercambiar valor entre pares.

Si se generaliza el uso de la cadena de bloques, miles de millones de personas marginadas tendrán más posibilidades de incorporarse a la economía global mediante la inclusión financiera y el fortalecimiento de los derechos de propiedad. La riqueza de las personas más pobres del mundo ya no quedará limitada por las restricciones del efectivo en la economía informal, ya que más personas tendrán medios para realizar pagos, almacenar valor y acceder al crédito a escala global. En vez de intentar resolver el problema de la creciente desigualdad social únicamente mediante la redistribución, podemos cambiar desde el principio la forma en que se predistribuyen la riqueza y las oportunidades. Los agricultores podrán conectarse con cadenas de suministro globales. Los músicos podrán recibir una compensación justa por el contenido que crean. Podemos construir una verdadera economía colaborativa en la que quienes crean valor participen realmente de la riqueza que generan estas nuevas plataformas. La lista continúa.

En este sentido, las perspectivas que ofrece la tecnología blockchain son alentadoras. Incluyen una reducción significativa de los costos de transacción y un acceso financiero más amplio para personas y empresas; una mayor estabilidad financiera y social gracias a una participación económica más amplia; una actividad económica más sólida; y una mayor transparencia, seguridad y privacidad, en la medida adecuada. Entre otras cosas, estas transformaciones podrían dar paso a una edad dorada del emprendimiento, en la que pequeñas empresas de cualquier lugar del mundo puedan contar con todas las capacidades de las grandes, sin las cargas correspondientes, como una burocracia asfixiante o una cultura heredada.

Al mismo tiempo, la cadena de bloques no es una panacea para los problemas del mundo. Y, por supuesto, vemos la ironía de sostener que esta nueva tecnología podría ayudarnos a abordar nuestros problemas sociales y económicos cuando las tecnologías anteriores no han estado a la altura. En última instancia, la tecnología por sí sola no crea prosperidad: lo hacen las personas. Se necesitarán liderazgo y una gestión responsable para garantizar que la tecnología blockchain cumpla sus prometedoras expectativas. Estamos firmemente convencidos de que esto exige un compromiso continuo con la cooperación global, no el aislamiento.

Ahora, más que nunca, necesitamos que las instituciones y organizaciones globales, como el Foro Económico Mundial, trabajen juntas para garantizar este futuro mejor. En conjunto, nuestra organización está formada por voluntarios de diversos ámbitos, unidos por el objetivo común de contribuir a orientar este importante recurso global en la dirección correcta. Creemos que, para que la tecnología blockchain tenga un impacto constructivo en el mundo, todas las comunidades a las que representamos deben actuar positivamente, y debemos hacerlo con urgencia. Con demasiada frecuencia, en el pasado, los responsables políticos y la comunidad empresarial han tratado objetivos como la inclusión financiera o permitir que las personas tengan mayor control sobre sus datos personales como algo «deseable», en lugar de considerarlos «imprescindibles».

Esto es una insensatez. Sin un esfuerzo concertado y enfocado, existe el peligro de que esta poderosa tecnología nueva no cumpla sus promesas. Los líderes del viejo paradigma podrían intentar detenerla. Los gobiernos podrían intentar aplastarla. Quizá el mayor riesgo sea que la tecnología nunca llegue a las masas, mientras facciones rivales dentro de la incipiente comunidad blockchain promueven sus propios intereses limitados a expensas de todo el ecosistema. Nada de esto pretende disuadirnos de impulsar esta tecnología, sino destacar los desafíos para los que tendremos que prepararnos y que deberemos superar mediante una gobernanza inclusiva, meritocrática, ascendente y con participación de múltiples partes interesadas.

Los miembros de nuestro grupo se proponen aportar este enfoque a nuestro trabajo conjunto y contactar con otras personas de nuestras respectivas comunidades para que se sumen. El mundo atraviesa un periodo de grandes cambios y nos proponemos hacer nuestra parte para que nuestra contribución a ese cambio sea positiva. Ha llegado el momento y necesitamos su ayuda. Únanse a nosotros.

Las personas que firman a continuación son miembros del Consejo de Futuros Globales sobre Blockchain del Foro Económico Mundial, anunciado oficialmente en el evento emblemático del Foro celebrado en Davos, Suiza, en enero de 2017. Somos un grupo diverso de partes interesadas que incluye reguladores, empresarios, inversores, académicos, emprendedores y representantes de comunidades de código abierto.

- Alex Tapscott, director ejecutivo de Northwest Passage Ventures; coautor de Blockchain Revolution

- Karen Gifford, asesora especial de Política Global y Asuntos Regulatorios, Ripple

- Thomas Hendrik Ilves, expresidente de Estonia

- Jamie Smith, director global de Comunicaciones y Marketing, The Bitfury Group

- Brian Behlendorf, director ejecutivo, Hyperledger

- Tim Baker, director global de Innovación, Thompson Reuters

- Elizabeth Rossiello, directora ejecutiva, Bitpesa

- Jen Zhu Scott, Radian Partners

- Primavera de Filippi, investigadora del Berkman Center for Internet and Society, Universidad de Harvard

- Osman Sultan, director ejecutivo, Du.ae

- Simon Taylor, cofundador y director de Blockchain en 11:FS

- Dr. Carsten Stoecker, innogy Consulting GmbH

- Meltem Demirors, Digital Currency Group

- Jesse McWaters, responsable de Innovación Financiera, Foro Económico Mundial

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