Dicen que somos lo que comemos, pero ¿significa eso también que nuestra mente es lo que hay en nuestro estómago? Aunque la conexión se ha documentado en investigaciones anteriores, un estudio publicado recientemente ha demostrado un vínculo entre la salud mental y las bacterias intestinales, y podría aportar información suficiente para entender cómo afrontar la ansiedad común.
Publicado el mes pasado en la revista Psychopharmacology, un equipo de neurobiólogos de la Universidad de Oxford ha descubierto que los prebióticos, suplementos alimenticios diseñados para ayudar a las bacterias del tracto gastrointestinal, pueden desempeñar un papel importante en la alteración de la manera en que las personas procesan cierta información emocional, con lo que ofrecen un inesperado efecto contra la ansiedad.
A diferencia de los probióticos relacionados y más comunes, que están compuestos por cepas de bacterias beneficiosas, los prebióticos actúan como iniciadores de carbohidratos, o alimento, para esas bacterias y les dan un impulso saludable. Quizá no sorprenda que sentirse bien en el cuerpo se traduzca en sentirse bien mentalmente, pero los resultados presentados indican que aquí interviene algo más que una simple coincidencia.
El estudio:
Los investigadores dieron a un grupo de 45 personas de entre 18 y 45 años uno de dos prebióticos disponibles comercialmente o un placebo cada día durante tres semanas. Al cabo de las tres semanas, los investigadores hicieron una serie de preguntas a los participantes y les pidieron que completaran pruebas informáticas para evaluar cómo procesaban 60 palabras de carga positiva y 60 de carga negativa.
En una de las pruebas realizadas, los investigadores descubrieron que quienes tomaron los prebióticos tenían más probabilidades de prestar mayor atención a las palabras y la información positivas, e ignorar las negativas. En comparación con el grupo que recibió el placebo, quienes tomaron prebióticos mostraron estados emocionales positivos comparables a los de personas que han tomado antidepresivos o medicamentos específicos contra la ansiedad.
Además, se descubrió que los participantes del estudio que tomaron prebióticos durante tres semanas tenían niveles más bajos de cortisol, una hormona del estrés relacionada con la ansiedad y la depresión. Así pues, no solo se observó psicológicamente el vínculo, sino también biológicamente, lo que da mayor credibilidad a la conexión que se cree que existe entre el cerebro y el intestino.
Entonces, ¿significa esto que hemos curado la ansiedad?
Todavía no. Pero este es un paso en la dirección correcta para comprender mejor nuestro cuerpo. Estudios anteriores han demostrado una conexión similar contra la ansiedad en ratones, pero este fue el primero en aportar pruebas de ese vínculo en seres humanos. También fue el primer estudio centrado específicamente en los prebióticos, en lugar de los probióticos, que también han demostrado anteriormente tener un efecto positivo en el cerebro.
«Una y otra vez, oímos de pacientes que nunca se sintieron deprimidos ni ansiosos hasta que empezaron a tener problemas intestinales», dijo anteriormente la Dra. Kirsten Tillisch en un comunicado sobre un estudio de UCLA del año pasado que examinó los efectos de los probióticos. «Nuestro estudio muestra que la conexión entre el intestino y el cerebro es una vía de doble sentido».
Ahora, con este conocimiento adicional sobre la eficacia de los prebióticos, los médicos podrían estar creando un arsenal de herramientas para controlar o incluso tratar la ansiedad con una combinación de probióticos y prebióticos. Sin embargo, el autor principal del estudio, el neurobiólogo de Oxford, Dr. Philip Burnet, dijo a Huffington Post que quizá solo se utilicen como complemento para tratar estas afecciones.
«Creo que los prebióticos y probióticos solo se utilizarán como “complementos” de los tratamientos convencionales, y nunca como monoterapias», dijo Burnet. «Es probable que estos compuestos ayuden a controlar las enfermedades mentales… también podrían utilizarse cuando haya complicaciones metabólicas o nutricionales en las enfermedades mentales, que pueden deberse al uso prolongado de los fármacos actuales».
Este artículo se publica en colaboración con MIC News. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
Para mantenerse al día con Forum:Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Matt Essert es un periodista canadiense residente en la ciudad de Nueva York y editor adjunto de noticias de Mic.
Imagen: Un corredor de bolsa observa las cifras del índice bursátil en la pantalla de su computadora en una empresa de corretaje de Mumbai, el 6 de agosto de 2007. REUTERS/Punit Paranjpe.


