La mayoría de los padres recuerda la sutil mezcla de ilusión y ansiedad que acompaña la elección del nombre de su bebé: lo llevará toda la vida. Pero el efecto podría ser aún más significativo. En una investigación publicada recientemente en la revista Journal of Personality and Social Psychology, nuestro equipo de investigación muestra que el estereotipo que una sociedad tiene de un nombre de pila puede influir en el aspecto de las personas.
En ocho estudios, descubrimos que los participantes a quienes se mostraban fotos de identificación de personas que nunca habían conocido podían reconocer el nombre de pila de la persona retratada con una frecuencia muy superior a la esperable por azar. Por ejemplo, imaginemos que vives en Norteamérica y te muestran la foto de una mujer llamada Emily (no te dan esa información). Debajo de la imagen aparecen cuatro posibles nombres de pila: Claire, Deborah, Emily y Melissa. Suponiendo que estos nombres sean igual de comunes en Norteamérica en torno al año en que nació la persona, los participantes del estudio deberían elegir el nombre correcto aproximadamente el 25 % de las veces; es decir, por azar. Lo que descubrimos es que suelen elegir el verdadero nombre de pila de la persona retratada entre el 35 % y el 40 % de las veces. En otras palabras, hay algo en Emily que… simplemente hace que parezca una Emily.
Si de verdad una Emily parece una Emily, incluso un ordenador debería poder adivinar su verdadero nombre. Y eso es lo que observamos, con decenas de nombres. Hicimos que un ordenador analizara casi 100 000 retratos de identificación de franceses. En todos los casos, pudo reconocer el verdadero nombre de pila de la persona con una frecuencia superior a la esperable por puro azar. De hecho, también pudo generar un «mapa de calor» para cada nombre: un rostro cuyos rasgos que «delatan» a quien lleva ese nombre se muestran en colores cálidos. Aquí hay algunos ejemplos de nombres de mujeres de nuestro estudio:

Y aquí hay algunos ejemplos de nombres típicos de hombres franceses:
¿Cómo debemos entender este efecto? Hasta ahora, los psicólogos sociales sabían que nuestro aspecto facial influye en el grado en que los demás nos perciben como atractivos, inteligentes, dignos de confianza o cálidos. Este estudio muestra que las percepciones ajenas sobre nuestro nombre de pila se reflejan en nuestros rostros.
¿Cómo es posible? Nuestra teoría sostiene que, cuando un niño recibe un nombre de pila, este viene cargado de expectativas, inferencias e interacciones sociales. Es posible que se trate al niño como si tuviera ciertos rasgos de personalidad; por ejemplo, Katherine podría ser una buena estudiante, mientras que Allison podría ser traviesa. La actitud social hacia un nombre de pila, junto con la presión constante que ejerce sobre quien lo lleva, puede influir en la percepción que esa persona tiene de sí misma y acabar pesando en el desarrollo de su aspecto. Por ejemplo, Allison podría acabar adoptando un peinado, expresiones o rasgos faciales específicos (p. ej., las líneas de la sonrisa) acordes con el estereotipo de Allison que tiene su grupo cultural.
La profecía autocumplida ya está ampliamente documentada en lo que respecta a la personalidad. Por ejemplo, dado el estereotipo de que las personas chinas suelen destacar en matemáticas, una mujer china a quien se le recuerda que es china tiende a considerarse mejor en esa materia que una mujer china a quien se le recuerda que es mujer. Lo novedoso de nuestra investigación es que muestra que nuestra tendencia a ajustarnos a los estereotipos sociales acaba manifestándose en el rostro, al menos a través de las señales sociales que representa nuestro nombre de pila. Esto puede suceder directamente (p. ej., Allison lleva el pelo suelto; Angelina se lo recoge) o mediante el efecto del nombre de pila en la personalidad (p. ej., un nombre puede asociarse con una persona de mentalidad abierta, lo que luego se traduciría en un rostro de aspecto más abierto).
Por eso identificamos un tipo de efecto Dorian Gray, por el protagonista de la novela de Oscar Wilde, cuyo retrato evoluciona a medida que comete actos oscuros. El hecho de que nuestro nombre de pila, elegido por otras personas, moldee nuestro aspecto en la edad adulta sugiere una poderosa estructuración social que nos afecta desde una etapa temprana de la vida.
Estructuración social
El efecto rostro-nombre —el hecho de que reconozcamos el nombre de pila de alguien a quien no conocemos con una frecuencia superior a la esperable por azar— tiene sus límites. Estos límites ilustran aún más el mecanismo de la profecía autocumplida que subyace al efecto.
En primer lugar, descubrimos que las personas de una cultura determinada muestran el efecto rostro-nombre al mirar fotos de personas de su propia cultura, pero dejan de reconocer el nombre cuando las fotos son de personas de otra cultura. En uno de nuestros estudios, pedimos a participantes franceses e israelíes que reconocieran el verdadero nombre de franceses e israelíes a quienes no conocían. El efecto rostro-nombre se produjo entre los franceses al ver rostros franceses, así como entre los israelíes al ver rostros israelíes. No se produjo entre los franceses al ver rostros israelíes ni entre los israelíes al ver rostros franceses. En otras palabras, los observadores dejaron de reconocer el verdadero nombre de pila de las personas retratadas con una frecuencia superior a la esperable por azar cuando estas no pertenecían a su cultura.
En otro estudio descubrimos que, si las personas retratadas no usan socialmente su nombre de pila, sino que usan exclusivamente un apodo (p. ej., Charlotte no se hace llamar Charlotte, sino «Chachou»), el efecto rostro-nombre desaparece y la gente deja de reconocer a Charlotte como una Charlotte. De nuevo, esto concuerda con la idea de que quien lleva el nombre está sometido a una presión social cuando modifica su rostro para acercarlo al estereotipo social de su nombre de pila. Cuando usa exclusivamente un apodo, que no tiene un estereotipo compartido, esa presión desaparece.
Por último, el efecto rostro-nombre se produce incluso si solo podemos ver el pelo de una persona. Es posible que el pelo sea la parte de nuestro rostro que controlamos con mayor facilidad. El hecho de que eso por sí solo pueda producir el efecto rostro-nombre ilustra aún más el mecanismo de profecía autocumplida que se sospecha que lo sustenta.
En conjunto, los ocho estudios sugieren que llevamos nuestra pertenencia social en el rostro y que moldeamos activamente nuestros rasgos para que nuestro grupo de referencia nos reconozca. Elegir nombres para bebés sigue siendo emocionante. Sea cual sea el nombre de pila que le pongas a tu hijo, acabará llevándolo.


