El Banco de Inglaterra cree que las criptomonedas como Bitcoin podrían ser noticia de primera plana e incluso el ministro de Hacienda del Reino Unido, George Osborne, está tuiteando al respecto. Pero es importante prestar atención a los detalles de los comentarios del banco central. Habla de crear sus propias monedas digitales, en una tendencia que podría relegar a Bitcoin a un segundo plano en el futuro que contribuyó a crear.
En una reciente reunión del Foro de Liderazgo en Redes Sociales en Londres, dedicada a Bitcoin y las criptomonedas, vimos un cortometraje que presenta Bitcoin como una especie de alternativa moral a los bancos tradicionales. Bitcoin no solo es la nueva opción atractiva de la Generación Z, sino también una forma de volver irrelevante el lucro de terceros con las transacciones financieras. ¡Bitcoin es la respuesta! Bitcoin es el futuro. Bitcoin es la mejor manera de transferir valor digitalmente sin intermediarios. No hace falta ningún colega para pagar…
Se hizo una encuesta informal entre el público. ¿Quiénes de estos líderes de (principalmente) grandes empresas del Reino Unido tenían experiencia directa con Bitcoin? Se alzaron tres manos, las de tres jóvenes emprendedores de Bitcoin, vivaces como terriers, que hablaron con soltura y elocuencia de sus productos y presentaron la historia de Bitcoin como una enorme oportunidad de negocio imparable.
En aquella reunión surgieron dos perspectivas contrapuestas. Una ve Bitcoin como una especie de revolución moral que nos libera de la codicia corporativa, la injerencia y la vigilancia. La otra es más pragmática: considera Bitcoin un nuevo medio para ganar dinero de una forma más austera e inteligente. (También existe, por supuesto, una perspectiva secundaria: la de un garito de apuestas clandestino, una mesa clandestina de cambio de dinero para la web oscura).
Un drama moral
La encuesta informal realizada en aquella sala parecería respaldar los resultados de otros estudios. Una encuesta en línea reveló que solo el 8 % de los minoristas estadounidenses planeaba aceptar Bitcoin en los 12 meses siguientes. Ninguno lo aceptaba en ese momento. Otra encuesta reveló que el 65 % de las personas consultadas no conocía Bitcoin en absoluto. De quienes lo conocían aunque fuera un poco, el 80 % nunca lo había usado.
Se ha producido un descenso significativo del valor de los bitcoins, y se han planteado dudas sobre si 2015 será el año decisivo para Bitcoin. Por mucho que digan los agoreros, siguen ahí los jóvenes emprendedores optimistas, alentados por el anuncio reciente de que Dell será el primer gran minorista en aceptar Bitcoin, así como por una encuesta que sugiere que las poblaciones con ingresos más bajos podrían adoptarlo.
¿Primer borrador de algo mayor?
El Banco de Inglaterra es razonablemente cauto respecto a la viabilidad y las ventajas de crear su propia moneda digital, pero el simple hecho de que se debata el tema refuerza la impresión de que Bitcoin podría ser el «primer borrador» de algo de aplicación más amplia. El valor digital no tiene por qué significar solo dinero, y quizá la visión popular de Bitcoin haga demasiado hincapié en la «moneda».
En la reunión de Londres se habló mucho de la «cadena de bloques». Este registro público de todas las transacciones de Bitcoin crea, en la práctica, continuidad para quienes usan Bitcoin: un contexto en el que puede existir la moneda.
Según la escritora especializada en tecnología Nozomi Hayase:
Cuando digo Bitcoin, me refiero a la tecnología subyacente de la cadena de bloques (que es mucho más que una moneda), junto con su red descentralizada y, en general, a las criptomonedas basadas en la cadena de bloques. Puede que Bitcoin no sea la moneda definitiva que nos conduzca a un futuro descentralizado, pero ha abierto la puerta.
Más allá de Bitcoin
Así que digamos que Bitcoin es un buen ejemplo de descentralización y del poder de las personas, pero es solo un primer ejemplo: pasaremos a usar e innovar sobre la tecnología subyacente. En realidad, ya no se trata de criptomonedas, sino del potencial de transferir sin intermediarios. Eso puede dar lugar a interacciones culturales totalmente distintas de la mera idea de que valor significa dinero. Por ejemplo, podríamos votar y tomar decisiones colectivas sin control de terceros. El futuro puede incluir todo tipo de intercambios creativos entre seres humanos (e incluso digitales), directos, privados cuando se desee y totalmente en manos de quien envía y quien recibe.
Podría ejecutar su testamento sin abogados. Incluso podría asegurarse de que Google no medie en su coche autónomo y de que exista una relación directa entre usted y el sistema operativo del vehículo. Transferiremos todo tipo de valor y activos digitales sin control de terceros. Nuestras creaciones artísticas: nuestra música, nuestro arte digital. Con la llegada de los drones, también cosas físicas.
Uno de los problemas de Bitcoin es su doble personalidad. Se presenta como una herramienta de empoderamiento personal y de transacciones directas y honestas, privadas y, sin embargo, potencialmente turbias y delictivas. Se anuncia como una reacción moral contra los bancos codiciosos y, al mismo tiempo, ofrece formas de apostar en un mercado monetario cuya ética subyacente no es muy distinta. Promete libertad frente a la gobernanza, aunque esa misma falta de gobernanza pueda generar toda clase de problemas sociales.
Eso nos sitúa ante una elección de futuro en una encrucijada. Porque, aunque abramos un canal directo entre quien envía y quien recibe, entre quienes comparten distintos tipos de significado y valor, también podemos eliminar la fuerza moral que los terceros han ejercido de forma útil. A la mayoría de los usuarios de Bitcoin les sorprende descubrir que, si los engañan para que envíen bitcoins a un sitio web falso, pierden el dinero para siempre y no hay manera de recuperarlo.
Actualmente, el sistema bancario convencional ofrece recursos para reclamar. Si empiezan a surgir aseguradoras en el ámbito de Bitcoin con franquicias de cien dólares, ¿no estaremos volviendo, de todos modos, a la intervención de terceros? ¿Y si los bancos centrales empiezan a emitir sus propias monedas digitales?
Bitcoin en 2020
Sin embargo, existe la oportunidad de apartar Bitcoin de la colusión de la mediocridad en torno a las metáforas del dinero y evolucionar hacia formas genuinamente nuevas y emocionantes de compartir valor que empoderen a las personas, independientemente de sus ingresos. Como también señala Hayase: «Bitcoin hace posible la gobernanza de código abierto. El poder de decidir el rumbo del propio destino está ahora en manos de la gente corriente».
Esta afirmación tan contundente implica que la manera de concebir y utilizar el intercambio de criptoactivos va a cambiar significativamente. Sin gobernanza de terceros, tendremos que incorporar la conciencia y la conducta éticas a las nuevas versiones de la plataforma, además de investigar y formarnos sobre los nuevos desafíos y riesgos morales asociados.
La tecnología promete mucho, pero todo podría acabar limitándose a transferir dinero y comprar y vender más cosas en línea. Sin embargo, podría ofrecer mucho más. La tecnología de cadena de bloques podría sustentar el internet de las cosas, proteger nuestra privacidad, reducir los costes y garantizar que la próxima ola de cambios en el ámbito digital ponga el control real en manos de las personas, no de las empresas. Que lo consiga dependerá no de los entusiastas emprendedores de Bitcoin ni de empresas oportunistas como Dell, sino de los usuarios. De usted y de mí. Y quizá de algún que otro banco central.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lea el artículo original.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Paul Levy es investigador sénior en Gestión de la Innovación en la Universidad de Brighton.
Imagen: Monedas de Bitcoin (moneda virtual) en una ilustración tomada en La Maison du Bitcoin, en París. REUTERS/Benoit Tessier


