Las barreras legales para lanzar satélites miniatura

Las barreras legales para lanzar satélites miniatura
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Hasta hace poco, la idea de lanzar un satélite al espacio era un negocio costoso y estaba reservada a los gobiernos, las organizaciones espaciales internacionales y las empresas multimillonarias.

Pero ahora, gracias a los avances en microelectrónica y miniaturización, se están construyendo satélites diminutos llamados nanosatélites o CubeSats —algunos del tamaño de un cubo de 10 cm— a un coste mucho menor, y los lanzan investigadores universitarios y empresas emergentes.

Australia es uno de los países más activos en esta nueva y apasionante iniciativa tecnológica. Por ejemplo, UNSW, la Universidad de Sídney, la Universidad de Australia Meridional y la Universidad de Adelaida participan en el proyecto europeo de CubeSats QB50 . La empresa con sede en Sídney, Launchbox , utiliza CubeSats lanzados mediante globos con fines educativos.

La aparición de los nanosatélites y de las diminutas cámaras y otros instrumentos que pueden llevar al espacio abre un sinfín de posibilidades, muchas de las cuales sencillamente no estamos en condiciones de comprender ni siquiera de imaginar en este momento.

Antes de 2014 solo se habían realizado 75 lanzamientos de nanosatélites, pero se prevé que se efectúen otros 500 antes de que termine este año, según un informe de Deloitte.

Es posible comparar su potencial con la manera en que los teléfonos móviles han transformado las comunicaciones terrestres a lo largo de las décadas.

Por ejemplo, los nanosatélites podrían revolucionar nuestra capacidad para observar la Tierra desde el espacio. Si se salen con la suya empresas como Google, SpaceX y otras, los nanosatélites podrían ayudar a proporcionar servicios de internet a los dos tercios del mundo que aún carecen de cobertura.

Sin embargo, pese al enorme potencial que ofrecen los nanosatélites, es importante reconocer que el lanzamiento y la operación de cualquier satélite, por pequeño que sea, están sujetos a normas estrictas del derecho internacional, así como a requisitos reglamentarios de la legislación nacional.

Pero estas normas limitan la capacidad de los pequeños actores para poner en órbita nanosatélites, con independencia de la disponibilidad y el coste de los lanzamientos orbitales.

El derecho espacial

Los lanzamientos de satélites de propiedad australiana están sujetos a una ley de la Mancomunidad de Australia denominada Ley de Actividades Espaciales. Se promulgó en 1998, principalmente para establecer un conjunto de normas para las empresas privadas que se propusieran lanzar satélites desde distintos lugares de este país.

El régimen regulatorio también abarca los lanzamientos en el extranjero. La ley establece que, cuando un nacional australiano sea parte responsable de un lanzamiento en el extranjero, se requiere un certificado de lanzamiento en el extranjero.

La razón por la que el Gobierno australiano debe autorizar un lanzamiento en el extranjero es que Australia ha aceptado desde hace mucho obligaciones jurídicas para las actividades espaciales en virtud de los tratados espaciales internacionales. Australia ratificó el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre en 1967 y el Convenio sobre Responsabilidad en 1972.

Como Estado de lanzamiento, el Gobierno australiano responde por los daños causados por un objeto espacial del que sea responsable. Esto incluye un objeto espacial propiedad de un ciudadano australiano o de una empresa constituida en Australia, aunque se lance desde otro país.

Que los gobiernos respondan por los errores de entidades de propiedad privada es algo inusual en el derecho internacional y refleja la suposición de las superpotencias de la década de 1960 de que la actividad espacial sería principalmente gubernamental.

Al igual que las demás partes en los tratados espaciales, el Gobierno australiano responde por los daños causados en la Tierra o a aeronaves en vuelo, independientemente de la culpa, y por los daños a otros objetos espaciales cuando haya culpa por parte del propietario australiano de un objeto espacial.

Es hora de cambiar

Mucho ha cambiado en los años transcurridos, pero las normas internacionales siguen siendo las mismas.

En respuesta a esta responsabilidad internacional de pagar indemnizaciones, el Gobierno australiano, al igual que muchos otros gobiernos, exige a los propietarios de satélites que demuestren que cuentan con un seguro o con medios financieros para reembolsar al gobierno el coste de las reclamaciones internacionales por daños, hasta un límite especificado.

También se exige demostrar que existe un bajo riesgo de perjuicio para la salud pública y la seguridad pública.

La exigencia de que los propietarios de nanosatélites superen los mismos obstáculos reglamentarios que se aplican a los actores establecidos ha dado lugar a considerables debates y propuestas de reforma. El coste del seguro para cubrir los posibles daños por responsabilidad civil frente a terceros constituye una importante barrera de entrada para muchos fabricantes de nanosatélites.

Aunque los nanosatélites son mucho más pequeños que el satélite medio en órbita terrestre baja, con el tiempo habrá muchos. Siguen siendo lo bastante grandes como para causar daños graves a otras naves espaciales que prestan servicios importantes, como la observación de la Tierra y la meteorología. Es importante establecer normas claras que aporten certeza y estándares adecuados.

Esto no ha pasado inadvertido para las autoridades, tanto a nivel internacional (Naciones Unidas) como nacional. También existe el riesgo de una reacción adversa por parte de los operadores establecidos de satélites «grandes», preocupados por el posible aumento del riesgo de colisión debido al mayor número de objetos pequeños en la órbita terrestre baja.

Los partidarios de los nanosatélites responden señalando que estos están diseñados para salir de órbita de forma segura —desintegrándose sin causar daños en la atmósfera— al final de su vida útil relativamente breve. Sostienen que suponen un aumento relativamente pequeño del número total de objetos en la órbita terrestre baja.

El debate continúa y aún no se han elaborado las soluciones. Muchos gobiernos se enfrentan ahora al reto de regular las dificultades y oportunidades que presentan los satélites pequeños.

Países como Estados Unidos y los Países Bajos han modificado recientemente su legislación espacial nacional en un intento por encontrar el equilibrio adecuado. La Ley Espacial aprobada recientemente en Austria estuvo motivada principalmente por las actividades de satélites pequeños de sus universidades.

En Australia, las consideraciones de seguridad pública están siendo sustituidas por preocupaciones internacionales sobre los desechos espaciales y la necesidad de proteger los servicios satelitales establecidos.

No hay perspectivas inmediatas de cambiar las normas del derecho internacional. Sin embargo, la historia de los vuelos espaciales desde la introducción de los tratados espaciales sugiere que la posibilidad de una reclamación monetaria contra el Gobierno australiano es muy pequeña. Nunca se ha presentado una reclamación oficial contra ningún gobierno en virtud del Convenio sobre Responsabilidad.

El reto para quienes diseñan nuestras políticas es liderar la reforma de las normas nacionales para alcanzar un equilibrio justo entre proteger las arcas públicas y controlar el riesgo de colisiones en el espacio.

Una posibilidad que promueven los emprendedores es eximir a los operadores de satélites pequeños de algunas de las obligaciones de seguro y responsabilidad financiera que actualmente se aplican en virtud de la legislación australiana.

Esto permitiría que floreciera en Australia una nueva industria de alta tecnología sin una carga reglamentaria o financiera que algunos podrían considerar desproporcionada.

Sin embargo, cualesquiera que sean los cambios que se introduzcan finalmente, no deben eximir a nadie que participe en actividades espaciales de la obligación de seguir las mejores prácticas y adoptar todas las medidas que estén a su alcance para proteger a la comunidad en general.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Steven Freeland es profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Western Sydney.

Imagen: El sol está a punto de salir sobre el océano Pacífico Sur en esta colorida escena fotografiada por un miembro de la tripulación de la Expedición 35 a bordo de la Estación Espacial Internacional, en órbita alrededor de la Tierra, entre las 4 y las 5 a. m. NASA/Handout vía Reuters.

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