Los tres «enemigos internos» que destruirán tu empresa

Los tres «enemigos internos» que destruirán tu empresa
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La mayoría de las empresas tienen un comienzo accidentado.

Sé que la mía lo tuvo.

Fundé mi empresa —una escuela de negocios a la que más tarde añadí una firma de capital riesgo— en 1992. Nuestro capital inicial era de apenas 8.000 dólares. Durante los primeros años operamos con un presupuesto muy ajustado; incluso alquilábamos por horas las aulas que necesitábamos para reducir los costes. La crisis financiera asiática de 1997 fue una experiencia en la que estuvimos a punto de desaparecer. No fue hasta alrededor de 1999, tras ocho largos años, cuando la empresa se estabilizó y empezó a generar beneficios constantes.

No podía estar más feliz. Por fin, liberarme del estrés era la mejor sensación. Nuestras ventas crecían entre un 20 % y un 30 % al año. Gracias a un posicionamiento diferente al de la competencia, la escuela de negocios llegó a ser la número 1 de Japón por tamaño, y la división de capital riesgo también era la mayor firma independiente de capital riesgo de Japón en términos del tamaño de sus fondos.

Habíamos conseguido vencer a todos nuestros «enemigos externos»: nuestros competidores, el duro entorno económico, el escaso flujo de caja, etc. Pero me di cuenta de que una nueva pandilla de enemigos —esta vez internos y psicológicos— nos esperaba a la vuelta de la esquina. Estos «enemigos internos» quizá sean los más peligrosos de todos.

Mi equipo directivo y yo teníamos que extremar las precauciones. Al haber desaparecido muchas de las presiones externas, existía un riesgo muy real de que nos relajáramos demasiado.

He conocido a muchos emprendedores cuyas empresas se vinieron abajo justo después de alcanzar el éxito por el que tanto habían trabajado.

Si quieres evitar que tu empresa se venga abajo y mantener el rumbo hacia el éxito a largo plazo, debes estar alerta y tener cuidado con estos tres enemigos internos.

1. ARROGANCIA: «Soy mejor que tú»

El peligro más evidente del éxito es volverse autocomplaciente o incluso arrogante. Te crees tus propias alabanzas y dejas de escuchar a los demás. Los talentosos codirectivos a quienes no les gusta que los ignoren se marchan, y tu equipo directivo se debilita. Como estás convencido de que sabes más que nadie, también te vuelves insensible a los cambios del mercado.

Tengas éxito o no, siempre debes ser modesto, atento y cortés. Nunca cometas el error de pensar que eres demasiado bueno como para escuchar los consejos y las críticas de los demás.

2. EXTRAVAGANCIA: «Que vean el dinero»

La vida no fue fácil mientras construía mi empresa. Todavía recuerdo con dolor que no pude pagar la factura del hospital cuando nació mi segundo hijo. No es de extrañar que muchos emprendedores se descontrolen un poco cuando sus empresas por fin empiezan a salir adelante. De repente, con dinero para gastar a manos llenas, empiezan a comprarse Rolls-Royce y aviones privados. Al mismo tiempo, pierden el sentido de la proporción en los negocios. Consideran ridículas las inversiones de tamaño modesto. Deseosos de que todas sus acciones sean heroicas, empiezan a especular con sumas enormes.

Esto es sumamente peligroso. Por muy bien que te vaya, debes conservar tu mentalidad austera original. No empieces a malgastar el dinero en caprichos lujosos para ti ni en oficinas ostentosas y lujosas para tu empresa. Sigue tratando cada dólar con tanto respeto como cuando escaseaban.

3. TIMIDEZ: «Pecar de prudente»

El éxito te aporta dinero y estatus. Eso significa que, a diferencia de cuando ibas camino de triunfar, de repente tienes algo que perder. Existe una tentación enorme de permanecer a salvo dentro de tu zona de confort, eludir los desafíos difíciles y volverte crónicamente reacio al riesgo. Eso es buscarse el desastre. Antes de que te des cuenta, tu tecnología estará obsoleta y tus competidores te habrán adelantado porque ellos todavía están dispuestos a correr riesgos, a diferencia de ti. Aburridos por la falta de innovación y entusiasmo que ofrece tu empresa, los empleados con talento se marcharán en masa.

Las empresas tienen que evolucionar y seguir avanzando para sobrevivir y prosperar. Evitar los riesgos es el mayor riesgo de todos. La única alternativa a la innovación continua es una muerte lenta. En mi escuela de negocios hemos innovado ampliándonos a la educación en línea, los MBA a tiempo completo en inglés y una línea de aplicaciones para estudiantes de negocios.

Cuanto más antigua y grande es una empresa, más difícil resulta controlar los tres «enemigos internos»: la arrogancia, la extravagancia y la timidez. Por eso, en nuestros retiros corporativos siempre reservamos bastante tiempo para asegurarnos de mantener a raya estas actitudes y conductas autodestructivas.

Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Yoshito Hori es fundador y presidente de GLOBIS.

Imagen: Peatones cruzan una calle en el distrito financiero de Tokio. REUTERS/Yuya Shino.

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