La tecnología espacial está transformando rápidamente nuestra forma de hacer las cosas en la Tierra, pero las aplicaciones satelitales podrían beneficiar especialmente a la agricultura.
El uso de tecnología satelital podría permitir detectar antes la amenaza de las plagas, reducir la necesidad de insumos como los fertilizantes y aumentar el rendimiento general de los cultivos.
Todos los actores de la agricultura pueden beneficiarse, pero se necesitarán esfuerzos coordinados de todas las partes interesadas, especialmente en ámbitos como el intercambio de datos.
La tecnología espacial está transformando nuestra forma de hacer las cosas en la Tierra. Sin embargo, quizá sea en la agricultura donde su impacto se siente con especial fuerza y donde tiene el potencial de transformar el funcionamiento del sector de aquí a 2030.
Tradicionalmente, las imágenes espaciales gratuitas o asequibles no han tenido calidad suficiente para resultar útiles sobre el terreno, y las de mayor resolución han sido demasiado caras.
Pero esto está cambiando y, en los próximos años, el coste y la calidad de las imágenes podrían alcanzar un nivel que permita utilizarlas de forma sistemática para generar ahorros importantes a los agricultores y facilitar una mejor planificación al resto de quienes trabajan en el sector: desde proveedores de servicios logísticos hasta aseguradoras, gobiernos y comerciantes.
Cómo pueden beneficiar a la agricultura las aplicaciones espaciales
Como señala el informe Aplicaciones espaciales en la agricultura: mejorar la seguridad alimentaria e hídrica e impulsar la acción climática publicado por el Foro Económico Mundial en colaboración con McKinsey & Company, las aplicaciones espaciales pueden tener un impacto general significativo en la agricultura en los próximos años, pero solo si se llevan a cabo determinadas acciones.
El informe destaca varias cifras importantes. Por ejemplo, la identificación de plagas en sus primeras fases mediante imágenes satelitales hiperespectrales y ópticas, si se aplica a gran escala, podría ayudar a salvar hasta 0,8 mil millones de toneladas de cultivos al año.
Del mismo modo, reducir el uso de insumos —como pesticidas y fertilizantes— podría ahorrar hasta 50 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono al año, mientras que el consumo de agua podría reducirse entre un 5 y un 10 % —hasta 2,8 mil millones de litros de agua dulce— gracias a la mejora del riego basada en información satelital.
Estas cifras son importantes si se tiene en cuenta que el sector agrícola es una fuente clave de emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y consume cerca de dos tercios de las extracciones mundiales de agua dulce.
Estos beneficios sociales también generan rentabilidad económica. Según el análisis de datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la reducción del desperdicio de alimentos podría aportar a los productores entre 150.000 y 175.000 millones de dólares adicionales en valor económico, y una reducción de costes del 5 % representa entre 7.000 y 8.000 millones de dólares para los agricultores solo en ahorros de insumos.

¿Cómo funciona todo esto en la práctica? Los sensores remotos espaciales recopilan y facilitan el intercambio de multitud de datos, incluida información meteorológica e imágenes ópticas, hiperespectrales y multiespectrales, que pueden alimentar métodos analíticos avanzados para obtener información útil sobre el terreno y a lo largo de las distintas temporadas.
Prevemos que estas tecnologías en mejora, junto con una oferta creciente, impulsarán una mayor adopción durante la próxima década en cinco casos de uso:
Estimación del rendimiento: utilizar datos satelitales y análisis para generar estimaciones precisas y específicas de cada región de la producción agrícola prevista por tipo de cultivo, a fin de cuantificar y abordar las brechas entre la oferta y la demanda de alimentos, predecir los precios de los cultivos o ajustar la logística a las zonas de cosecha.
Optimización del rendimiento: utilizar datos satelitales para impulsar análisis avanzados que identifiquen defectos en los cultivos dentro de cada parcela y orienten medidas y operaciones para maximizar la producción por acre mediante un uso más eficiente de los recursos.
Impulso de prácticas sostenibles: aplicar información satelital para ayudar a reducir las emisiones, consumir menos agua y fomentar prácticas regenerativas.
Predicción, verificación y mitigación de los daños causados por desastres naturalesgracias a la capacidad única de los satélites para vigilar a distancia las condiciones antes y después de sequías, incendios e inundaciones.
Facilitar la autonomía y la vigilancia continuamediante conectividad satelital en zonas remotas con escasa cobertura de banda ancha móvil.
Cómo podrían utilizarse los satélites en la agricultura
En muchos de estos casos de uso, los satélites compiten con aeronaves no tripuladas, conocidas comúnmente como UAV o drones; aeronaves de ala fija, o plataformas de gran altitud, como los globos. Sin embargo, los satélites ofrecen ventajas a gran escala y eliminan la necesidad de operaciones terrestres extensas.
En algunos casos concretos en los que se necesita una resolución extremadamente alta (3 cm por 3 cm) o hay una cubierta nubosa persistente, los drones podrían seguir desempeñando un papel en el futuro. Pero, a medida que mejore la resolución satelital y bajen los costes, estas herramientas espaciales podrían convertirse en parte integral del sector.
Otro escenario probable es la aparición de un modelo híbrido que combine distintas plataformas: los drones podrían utilizarse para verificar los datos satelitales o aportar conjuntos de datos que, con ayuda de la inteligencia artificial, se extrapolarían a zonas enteras mediante datos satelitales.
Prevemos que el coste combinado de las imágenes satelitales de alta y muy alta resolución disminuirá entre un 25 y un 50 % de aquí a 2030, lo que hará que su coste sea competitivo con el de las aeronaves de ala fija y las aeronaves no tripuladas de calidad equivalente, cuyos costes probablemente se mantendrán estables.
También es probable que nuevos grupos de clientes, como comerciantes de créditos de carbono y aseguradoras, se interesen por lo que pueden ofrecer los datos satelitales, gracias a la mejora de los costes y los modelos operativos. Al ampliar al mismo tiempo su alcance entre clientes actuales, como los gobiernos y el sector agrícola, proyectamos que la adopción hará crecer el mercado alrededor de un 10 % al año y que este alcanzará hasta 1.000 millones de dólares en 2030.
En la encuesta de 2022 de McKinsey & Company sobre la adopción digital por parte de los agricultores, el 29 % de los productores de cultivos en hileras y el 45 % de los productores de cultivos especializados de Estados Unidos afirmaron que ya utilizan la teledetección o que prevén hacerlo en los próximos dos años; las cifras son aún más altas en Sudamérica y Europa. A medida que más operadores jóvenes asuman puestos directivos, aumentará la adopción: ya el 60 % de los usuarios tiene menos de 44 años.
Se necesitan esfuerzos coordinados para aumentar la adopción
Sin embargo, para que la adopción aumente de verdad, será necesario coordinar los esfuerzos de las distintas partes interesadas. La participación de los usuarios en las hojas de ruta para el desarrollo tecnológico puede generar mayor confianza y garantizar una estrecha conexión entre sus necesidades y la información que se les proporciona.
También es fundamental explicar con transparencia cómo se obtiene la información y señalar en qué aspectos es más precisa o presenta limitaciones, a fin de generar confianza. En última instancia, los testimonios y la creación de valor demostrada serán la verdadera prueba.
Para que la precisión de los modelos alcance niveles fiables se requiere una gran inversión de mano de obra, y hacen falta datos recopilados sobre el terreno para entrenar los modelos analíticos y validar lo que predicen las imágenes. Estos datos son costosos y exigirán una colaboración considerable entre distintos sectores.
Las empresas satelitales necesitarán imágenes de archivo y en tiempo real para ayudar a quienes desarrollan herramientas de análisis a entrenar sus algoritmos, mientras que los agricultores deberían garantizar la disponibilidad de datos de referencia sobre el terreno mediante el uso de cooperativas, juntas de productos básicos y otras redes.
Los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y las empresas de análisis pueden facilitar el intercambio de datos y hacerlo anónimo y beneficioso para el crecimiento de los agricultores que participen.
Por tanto, las aplicaciones satelitales comerciales tienen la oportunidad de convertirse en una parte mucho más importante del sector agrícola en los próximos años, y todos pueden salir beneficiados.


