Desde que surgimos como especie, hemos visto el mundo solo con ojos humanos. En las últimas décadas, hemos sumado las imágenes satelitales a esa perspectiva terrestre. Ahora, gracias a los recientes avances en inteligencia artificial (IA), no solo podemos ver más desde el espacio, sino también ver el mundo de maneras nuevas.
Un ejemplo es «Penny», una nueva plataforma de IA que puede predecir desde el espacio el ingreso mediano de una zona de la Tierra. Incluso podría ayudarnos a crear ciudades más inteligentes de lo que es humanamente posible. Ya usamos máquinas para comprender el mundo tal como es; la posibilidad que tenemos ante nosotros es que nos ayuden a crear un mundo tal como debería ser y a cuestionarnos la naturaleza del pensamiento que hay detrás de su diseño.
Penny es una herramienta gratuita creada con imágenes de alta resolución de DigitalGlobe, datos de ingresos del censo de Estados Unidos, conocimientos sobre redes neuronales de Carnegie Mellon y visualizaciones intuitivas de Stamen Design. Es un paisaje urbano virtual (por ahora, de Nueva York y San Luis), en el que se ha entrenado a la IA para reconocer, con una precisión asombrosa, patrones de riqueza de los barrios (árboles, aparcamientos, casas de piedra rojiza y autopistas) al correlacionar datos censales con imágenes satelitales.

Pero hace más que eso. Con esta herramienta no solo se extrae información, sino que también se interactúa con ella mediante una interfaz atractiva y centrada en las personas. Añade un grupo de árboles en el centro de Harlem para ver cómo sube o baja el nivel de ingresos virtual del barrio. Observa qué ocurre cuando el Arco Gateway se traslada a los suburbios de San Luis. Puedes probarlo tú.
Las evaluaciones básicas son lógicas. Más parques suelen indicar ingresos más altos; más aparcamientos, ingresos más bajos. Pero los resultados no siempre son intuitivos: si añades dos árboles a un barrio, quizá no notes ninguna diferencia, pero el tercero podría ser el punto de inflexión. No se trata solo de las características urbanas que añades, sino también de cuáles son y del contexto en el que se sitúan.
La singular colaboración que creó Penny reúne no solo a especialistas en informática, sino también a artistas y diseñadores, y aprovecha su visión creativa para dar sentido a los resultados que produce la IA. Aquí están los detalles técnicos; pero la interfaz no tiene nada de técnica. Es a la vez lúdica e intelectualmente provocadora.
La creación de Penny se inspiró en una sola pregunta: «Si una máquina pudiera crear la ciudad perfecta, ¿cómo se vería desde el espacio?». Aunque se mejora continuamente, Penny aún no es lo bastante robusta como para responder a esa pregunta con confianza. Diseñar mejores ciudades solo con IA sigue siendo algo propio del futuro.
Pero más intrigantes que esa pregunta son las muchas otras que surgen al trabajar con Penny:
¿Qué tipos de problemas, incluso estéticos, podemos resolver asociándonos con nuevas formas de inteligencia, y qué hará falta para lograrlo?
¿Nos irritarán las verdades que nos comunican las máquinas cuando contradigan nuestras ideas preconcebidas sobre el valor o el estilo de vida?
¿La emoción humana dificulta o favorece nuestra toma de decisiones?
¿Qué pasa si el arte y el diseño que creamos con IA no imitan ningún enfoque humano reconocible o siquiera comprensible? ¿Sigue siendo arte si escapa a nuestra capacidad de apreciarlo?
Y, en definitiva, ¿qué significará ser humanos en un mundo cada vez más dominado por la IA?
Estas preguntas pueden inquietar, pues las respuestas de la IA transitan por el valle inquietante entre lo puramente mecánico y lo absolutamente familiar. La IA no se limita a pensar fuera de la caja: la desmonta y reconstruye algo que ya no es una caja mediante métodos inescrutables. Es un pensamiento ajeno a nuestra especie.
Actualmente, la IA nos permite hacer lo que ya podíamos hacer, pero a escala planetaria. Las herramientas automatizadas pueden contar los barcos de un puerto, los coches de un aparcamiento o las piscinas de un país. Vemos árboles, ballenas o glaciares individuales. Medimos los cambios en las costas, los desiertos y las capas de hielo. Con la IA actual hacemos lo mismo que siempre hemos hecho, pero más rápido. Lo mismo, mejor. Lo mismo, a todas horas y en todo el mundo.
Pero Penny representa, en principio, un uso nuevo. No es más de lo mismo. Por eso también son nuevos los desafíos a nuestras formas tradicionales de ver el mundo, como el que plantea preguntarse cómo lo ve una máquina. ¿Puede reconocer y respetar los límites y símbolos que tanto significan para nosotros? ¿O podría, como Penny, observar lo que siempre hemos observado y revelarnos una verdad que no podemos ver? ¿Y si su verdad no se puede explicar? ¿Eso la hace menos verdadera o nos hace menos importantes?
La lente de la IA no solo representa cómo ve el mundo un conjunto de algoritmos, sino también cómo lo vemos nosotros. Las preguntas más estimulantes no surgen cuando esa lente apunta hacia fuera, hacia nuestras ciudades, sino cuando se dirige directamente a nosotros.
Este blog forma parte de una serie de publicaciones del Consejo Global del Futuro sobre Tecnologías Espaciales. La serie se centrará en el futuro y la importancia del espacio para los gobiernos, las empresas, la sociedad y las personas.


