¿Has oído hablar alguna vez de la mica? Si no, no eres el único. La mica es el mineral que da brillo a los cosméticos. También se utiliza ampliamente como componente de los teléfonos móviles. De hecho, es muy probable que tengas algo hecho de mica. Lo que quizá no sepas es que hay pruebas contundentes que vinculan la industria de la mica con la esclavitud infantil.
Quizá no conozcas la mica ni su vínculo con la esclavitud porque, ahora que las redes sociales se están convirtiendo en un peligroso amplificador de las «noticias falsas», el enfoque editorial de los medios tradicionales está cada vez más condicionado por lo que los consumidores quieren leer.
Hoy, la «conversación global» se parece a una cámara de eco ruidosa en la que solo destacan, sin que nadie las cuestione, nuestras propias opiniones y valores. A medida que se alteran los modelos tradicionales de los medios, los consumidores tienen la posibilidad de elegir las noticias que quieren y filtrar todos los demás puntos de vista. Pensemos en las redes sociales. Basta con dejar de seguir una fuente concreta o personalizar nuestro canal de noticias para quedar a salvo, aislados en nuestra propia «burbuja informativa».
Más allá de los grandes titulares
Como consecuencia, muchas historias que deberíamos conocer sencillamente nunca salen a la luz, en marcado contraste con el importante papel que el periodismo debe desempeñar en la sociedad: vigilar, arrojar luz sobre asuntos poco conocidos, dar voz a quienes no la tienen e iniciar una conversación.
Cuando el periodismo cumple esa misión, puede propiciar con éxito cambios drásticos, como ocurrió con nuestra investigación sobre la mica. La prensa de todo el mundo se hizo amplio eco de la historia, lo que llevó a los gobiernos regionales de dos provincias a realizar redadas, detenciones, campañas de sensibilización pública y estudios geológicos, así como a tomar medidas para regular la industria ilegal. El impacto no terminó ahí: Volkswagen también decidiósuspender sus vínculos con los proveedores implicados como resultado directo de la investigación. Esto demuestra que, si los medios actúan con integridad y prestan atención a lo que ocurre más allá de los grandes titulares, es posible lograr cambios positivos.
He visto de primera mano lo que puede lograrse al dar visibilidad a historias que reciben poca cobertura. Hace cinco años, cuando la Fundación Thomson Reuters empezó a arrojar luz sobre la esclavitud y la trata de personas en la primera conferencia Trust Women, pocos conocían la verdadera magnitud de este flagelo mundial. Cinco años después, los medios de comunicación de todo el mundo se han sumado al movimiento. The Guardian, The New York Times y muchos otros medios de todo el mundo han realizado una excelente labor informando sobre la esclavitud.

Como resultado, la esclavitud por fin ha entrado en el debate político. El Reino Unido aprobó con éxito la Ley contra la Esclavitud Moderna y nombró a un comisionado contra la esclavitud. En India —el país con el mayor número de personas atrapadas en la esclavitud—, el presidente se ha comprometido firmemente a combatir la explotación infantil.
Precisamente por el importante papel que desempeñan los medios, los consumidores están cada vez mejor informados y, como resultado, empiezan a presionar a las empresas para que erradiquen el trabajo forzoso de sus cadenas de suministro. Las empresas están respondiendo de forma proactiva, como demostró recientemente nuestro premio Stop Slavery Award.
Sabemos que concienciar sobre asuntos que reciben poca cobertura es sumamente poderoso y puede conducir a cambios positivos. Precisamente por eso, los medios de comunicación tienen la responsabilidad moral —ahora más que nunca— de ampliar su enfoque editorial para incluir noticias que, de algún modo, quedan fuera del foco de atención.
Es hora de que los medios recuperen el poder de definir qué es noticia y de marcar la agenda. Los cambios en las políticas y las leyes suelen producirse cuando una masa crítica de la población empieza a preocuparse. El interés por estos asuntos comienza con la sensibilización pública. Atrevámonos a contar las historias que la gente quiere escuchar, aunque todavía no lo sepa.

