El número de hijos que tiene una mujer influye en su decisión de trabajar. Comprender las razones que subyacen a las decisiones sobre fecundidad permite entender uno de los factores determinantes de la participación femenina en el mercado laboral. Esto es especialmente relevante en los países de bajos ingresos, que se caracterizan, en promedio, por una fecundidad elevada y un bajo empleo femenino.
En el sudeste asiático, se ha observado que las preferencias de los padres respecto al género influyen en los niveles de fecundidad. Si los padres, por ejemplo, quieren tener cierto número de hijos varones, solo dejarán de tener hijos cuando alcancen su número ideal de hijos. En India, estas preferencias por los hijos varones son particularmente pronunciadas. Al preguntarles cuántos hijos querrían tener idealmente (figura 1), muchas madres indias afirman que les gustaría tener 2,8 hijos: 1,4 varones, 1,0 niñas y 0,4 de cualquiera de los dos géneros.

Estas actitudes también se reflejan en las decisiones reproductivas: el 54 % de las familias de la muestra dejan de tener hijos después de haber tenido un niño, y solo el 46 % lo hace después de una niña. Si bien sabemos que este comportamiento reproductivo aumenta la fecundidad, se han explorado menos los mecanismos que dan lugar a estas reglas para dejar de tener hijos. La explicación más común es que, por razones culturales, se considera que los niños varones tienen más valor que las niñas. Esta publicación sostiene que las decisiones sobre fecundidad observadas en India pueden explicarse porque criar a las hijas es más caro que criar a los hijos varones.
Aquí nos centramos en una antigua costumbre india que eleva el costo de las hijas: en muchas bodas, los padres de la novia pagan una dote al novio o a su familia. Estas transferencias son muy comunes en India; una encuesta realizada en las décadas de 1970 y 1980 indica que 4 de cada 5 hogares pagaron o recibieron dotes. Además, las cantidades transferidas son muy elevadas: las investigaciones estiman que las dotes pueden llegar a representar hasta dos tercios de los activos de la familia de la novia.
Desde la perspectiva de los padres, las dotes crean una brecha entre los costos de criar a un hijo varón y a una hija. Por cada niña que nace, los padres prevén realizar un pago considerable en el futuro. En cambio, el nacimiento de un niño varón se asocia con la recepción de pagos cuantiosos. Dadas estas corrientes de ingresos, no sorprende que los padres valoren más a los niños varones que a las niñas y que muchos ajusten su comportamiento reproductivo para acabar teniendo más hijos varones que hijas.
Las dotes que los padres esperan pagar por sus hijos dependen del marco legal vigente en cada momento. En 1985, el Gobierno de India endureció las leyes relativas a las dotes al aumentar tanto la supervisión de estas transferencias como las sanciones para quienes las incumplían. Este cambio de política ofrece un interesante experimento natural que ayuda a entender cómo ajustan los padres su comportamiento ante un cambio repentino en las dotes que esperan pagar.
Al endurecer las leyes sobre las dotes, la nueva política redujo la dote que los padres esperaban pagar en la boda de sus hijas, lo que, en esencia, abarató el nacimiento de niñas. Esto tuvo un efecto significativo en las decisiones sobre fecundidad. Como se ha mencionado, antes de la política, la probabilidad de tener otro hijo depende de si los padres tienen más hijos varones que niñas, o viceversa. Después de la ley, en cambio, los padres se vuelven más indiferentes al género de sus hijos (la probabilidad de otro nacimiento no varía significativamente según si tienen más hijos varones o más hijas).
Al volverse más indiferentes al género de sus hijos, los padres se centran en el número total de hijos en lugar de en los hijos varones. Esto reduce sus tasas de fecundidad. De hecho, se estima que las leyes contra las dotes de 1985 redujeron la fecundidad a lo largo de la vida en casi 0,1 hijos. Incluso cambios relativamente pequeños en el tamaño de las familias pueden tener un impacto notable en el conjunto de la economía, por dos razones. Primero, la población femenina india en edad de trabajar es muy numerosa: alrededor de 250 millones, según el censo de 1991. Segundo, por aquella época, la participación femenina en la fuerza laboral del continente era muy baja, de alrededor del 35 %, y la mayoría trabajaba en la agricultura. Así pues, al cambiar los costos de los hijos, las leyes contra las dotes pueden tener consecuencias imprevistas importantes para el empleo femenino.
La versión del documento de trabajo de esta publicación está disponible aquí.
Esta publicación apareció primero en el blog Jobs & Development del Banco Mundial. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Marco Alfano es investigador posdoctoral de la British Academy en el Departamento de Economía de University College London.
Imagen: Una pareja pronuncia sus votos matrimoniales durante la ceremonia de su boda en la ciudad india occidental de Ahmedabad. INDIA-WEDDING REUTERS/Amit Dave

