Al igual que los humanos, las abejas aún no están listas para ser reemplazadas por robots

A drone flies as Belgian police officers showcase the use of drones deployed over traffic accidents occurring on highways, in Ranst near Antwerp, Belgium, January 18, 2017. REUTERS/Francois Lenoir - RTSW2DH
Researchers in Japan are looking into the development of a drone which counters the decline in pollination of bees.Image: REUTERS/Francois Lenoir
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El último servicio que podrían revolucionar los drones quizá no sea la entrega de paquetes ni las conexiones a internet sino el servicio mucho más valioso de la polinización. Investigadores de Japón han explorado el potencial de usar drones en miniatura cubiertos de pelos pegajosos que actúen como abejas robóticas para contrarrestar el declive de lospolinizadores naturales.

En un artículo publicado en la revista Chem, el equipo presentó su dron sobre una flor abierta de lirio de bambú (Lilium japonicum). Con algo de práctica, el dispositivo pudo recoger el 41 % del polen disponible en tres aterrizajes y polinizó con éxito la flor en 53 de 100 intentos. Usaba un parche de pelos reforzado con un gel líquido iónico no tóxico que aprovechaba la electricidad estática y la adherencia para «levantar y pegar» el polen. Aunque en este estudio el dron se manejó manualmente, el equipo afirmó que, al añadir inteligencia artificial y GPS, podría aprender a buscar alimento y polinizar plantas por sí solo.

Pero para ser un buen polinizador hace falta algo más que pelos pegajosos. Como persona que estudia los insectos polinizadores, creo que a estos drones aún les queda mucho camino por recorrer para igualar a los polinizadores que ya tenemos, entre ellos las abejas, las mariposas y incluso algunos animales de mayor tamaño, con toda su diversidad. Siempre es bueno ver que la ciencia aprende de la naturaleza, y estos estudios también nos ayudan a apreciar las maravillas que la naturaleza ya nos ha brindado.

La polinización es una tarea compleja que no debe subestimarse. Implica encontrar flores y decidir si son adecuadas y si nadie las ha visitado ya. Después, el polinizador debe manipular la flor con destreza, recoger el polen y depositarlo en otra planta, al tiempo que se coordina con su equipo y optimiza su recorrido entre las flores. En todas estas tareas, los polinizadores que ya existen destacan gracias a habilidades perfeccionadas durante millones de años de evolución. En algunos casos, nuestra tecnología puede igualarlos; en otros, todavía le queda mucho por avanzar.

Los tres factores principales que hacen que los insectos polinizadores como las abejas sean tan buenos en lo que hacen son la toma de decisiones autónoma, el aprendizaje y el trabajo en equipo. Cada abeja puede decidir qué flores son adecuadas, gestionar su consumo de energía y mantenerse libre de polen viejo.

Image: The Conversation

Los drones modernos ya pueden alcanzar este nivel de gestión individual. Como cuentan con tecnología para rastrear rostros, también podrían rastrear flores. También podrían trazar rutas mediante GPS y regresar a la base para recargarse cuando detectaran que la batería está baja. A largo plazo, incluso podrían tener una ventaja potencial sobre los polinizadores naturales, ya que su única función sería polinizar. Las abejas, en cambio, buscan alimentarse a sí mismas y a sus crías, y la polinización ocurre como efecto secundario.

Sin embargo, los ámbitos en los que los drones necesitan desarrollarse son el aprendizaje y el trabajo en equipo. Además, las flores no siempre son tan abiertas y sencillas como las del lirio de bambú, y bastantes de nuestros cultivos alimentarios polinizados comercialmente tienen flores mucho más difíciles (como las judías) o necesitan visitas repetidas (como las flores de fresa) para dar buenos frutos.

Para resolverlo, las abejas aprenden y se especializan en una flor específica, para poder trabajar con ella de forma rápida y eficiente. También aprenden dónde se encuentran las recompensas para descubrir las mejores rutas. Cuando todos los miembros del equipo hacen esto, se reparten el trabajo y logran mucho más. Para reproducir este comportamiento en los drones haría falta una programación compleja y que pudieran cambiar su conducta o su forma para adaptarse a las flores, o bien contar con distintos drones para distintas tareas, como existen distintas especies de polinizadores.

Contar con más de un dron requiere coordinación y, preferiblemente, un control descentralizado que permita a cada dron tomar sus propias decisiones basándose en la información de sus compañeros y en un conjunto de reglas sencillas. Las abejas melíferas pueden reclutar a otras para que acudan a abundantes fuentes florales mediante movimientos conocidos como la danza del meneo. Los abejorros pueden detectar si una flor ya ha sido visitada por el olor de las huellas que dejaron quienes acudieron antes. Todas estas adaptaciones hacen que nuestros polinizadores sean muy eficientes en lo que hacen. Para que un equipo de drones polinizadores funcione con la misma eficiencia, habría que dotarlo de habilidades similares.

Aunque creo que falta mucho para que estos robots se conviertan en los polinizadores óptimos, bien podrían tener un lugar en nuestro futuro. Imagino estos drones en entornos inadecuados para los polinizadores naturales, como un laboratorio de investigación donde se necesita precisión para cruzar variedades de plantas. O incluso en un biodomo en Marte, donde un enjambre de abejas melíferas quizá no sea la solución más segura. Será interesante ver qué más puede aprender la robótica de nuestros insectos polinizadores y qué aspectos puede mejorar.

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