Robots asesinos, libre albedrío y la ilusión del control

A Royal Marine poses for photographers with the Unmanned Vehicle Robot, Testudo, at the launch of the Defence Technology Plan in London February 26, 2009. The media were invited to the launch of the Defence Technology Plan. This is the first time the Ministry of Defence has publicly revealed its research needs. REUTERS/Luke MacGregor (BRITAIN)
As artificial intelligence develops, the questions around ethics will change and we need to prepare.Image: REUTERS/Luke MacGregor
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Control. A todos nos gusta pensar que lo tenemos, pero ¿es todo una ilusión? Puede parecer una pregunta muy existencial, pero desempeña un papel importante en nuestra aceptación de las nuevas tecnologías, especialmente cuando se trata de robots.

Aunque personalmente no tengamos el control de algo, a menudo nos gusta consolarnos pensando que otra persona sí lo tiene. Los seres humanos tenemos libre albedrío y empatía, y confiamos en que tomaremos la decisión «correcta» si ocurre algo malo.

El problema es que los seres humanos somos impredecibles. Hay 7.600 millones de personas en el planeta. Cada persona tiene su propio código moral y ético y toda una vida de experiencias distintas que moldean sus acciones; además, cada una posee una configuración psicológica única que determinará cómo reaccionará ante una situación estresante.

Image: Foro Económico Mundial

Cuando haces el examen teórico de conducir, no te preguntan por el dilema del tranvía. Este famoso experimento mental puede plantearse así: conduces un coche y un niño aparece de pronto delante de ti, demasiado cerca para que puedas detenerte antes de atropellarlo. Si giras a la izquierda para evitarlo, atropellarás a unos peatones; si giras a la derecha, chocarás contra el tráfico que viene de frente y matarás tanto al conductor del otro coche como a ti. ¿Qué haces?

El primer paso es frenar con toda la fuerza posible. Después tienes que elegir cuál de las tres opciones tomar. No hay una respuesta correcta, pero decidirás de forma subconsciente cuál escoger. Quizá tengas en cuenta toda una serie de circunstancias para justificar tu decisión. Por supuesto, es poco probable que llegues a reconocer plenamente qué factores tuviste en cuenta. Todo el mundo estará de acuerdo en que te encontrabas en una situación imposible.

Decisiones imposibles y rendición de cuentas

Pero ahora cambia un poco la situación. Vas en un coche autónomo y ocurre el mismo incidente. El coche frena con toda la fuerza posible, pero ¿quién ha decidido cuál de las tres opciones tomará? A diferencia de lo que ocurre contigo, es posible rastrear esa decisión y los datos sensoriales utilizados para tomarla. El nivel de rendición de cuentas podría ser mucho mayor. Este tipo de situaciones podría simularse miles de veces, y sus resultados, predecirse y verificarse. Una persona habrá programado los resultados. Pero no será una sola persona quien lo haga: se habrá alcanzado un consenso entre los ámbitos científico, político y social.

La historia ha demostrado que, cuando el control humano se sustituye por el control automatizado, aumenta la seguridad y disminuye el número de accidentes; ya sea en el caso de los ascensores a principios del siglo XX o de los aviones a finales del siglo XX. Es probable que el transporte automatizado aporte los mismos beneficios.

Robots asesinos

Pero hay un ámbito en el que el temor a ceder el control podría tener consecuencias profundas, tan graves que la ONU ha empezado a debatir el tema de los robots asesinos. Aunque la automatización ha tenido detractores en casi todos los demás ámbitos de la vida, al final se han celebrado debates razonados en foros públicos para destacar sus posibles beneficios. Sin embargo, desde la época de los luditas de la Revolución Industrial, ningún tema había suscitado tanta emoción y sensacionalismo.

Algunos incluso sostienen que, si restringimos la investigación en IA en este ámbito, podremos evitar un futuro distópico como el que predice el sensacionalista vídeo «Slaughterbots». La guerra y la violencia son temas que despiertan emociones, pero es ingenuo pensar que la humanidad llegará a librarse de ellas. Los argumentos de ambos bandos son muy complejos cuando se trata del uso de robots en la guerra, pero, en última instancia, todo se reduce al control.

El mayor temor respecto a las armas autónomas es que cualquiera podría fabricarlas. Bastaría con un robot de bajo coste (quizá incluso un dron de juguete), una cámara y algo de código de Internet para crear un robot asesino autónomo. Ni siquiera tendría que llevar un arma: un cuadricóptero con una piedra sujeta a él, que cayera del cielo sobre tu cabeza, podría matarte tan fácilmente como un explosivo. Si le sujetas una barra de metal y lo haces volar contra el motor de un avión, podrías derribar el aparato.

Un robot asesino necesitará capacidades de procesamiento de imágenes, reconocimiento facial y geolocalización. Estas ya están integradas en casi todos los aspectos de nuestra vida. Puedes usar el reconocimiento facial para desbloquear tu portátil y todo el mundo tiene navegación por satélite en el móvil, así que detener la investigación en este campo simplemente no es viable. El uso de robots móviles es cada vez más habitual en la vida cotidiana, por lo que es poco probable que se frene su avance.

A algunas personas incluso les preocupa que, con el tiempo, estos robots decidan por sí mismos a quién matar. Pero la sociedad está muy lejos de esa realidad. Sí, podrían facilitar el asesinato de alguien más que contratar a un asesino profesional, pero no se necesita tecnología avanzada para matar a alguien. Nadie ha pedido que se prohíban los coches después de que se hayan usado como armas de terror durante el último año, porque sus beneficios superan con creces los riesgos.

Así que, mientras caminas por la calle, pregúntate: ¿de verdad tienes el control de tu vida? ¿No hemos renunciado ya al control? ¿Acaso no lo hacemos cada vez que nos subimos a un taxi, un avión o un autobús? La ilusión del control está presente en todos los ámbitos del mundo. Pero, si parece que otra persona tiene el control, la gente suele estar dispuesta a concederle el beneficio de la duda.

La realidad es que las máquinas son mucho más fiables y rinden más cuentas que los seres humanos. Quizá haya llegado el momento de que la sociedad vea más allá de la ilusión y tome la decisión práctica: renunciar al control y dejar que las máquinas y los robots hagan aquello para lo que fueron diseñados.

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