¿Es la tecnología la solución al uso excesivo del agua?

¿Es la tecnología la solución al uso excesivo del agua?
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A pesar de la disponibilidad limitada de agua dulce para uso humano (en la forma adecuada, en el lugar adecuado y en el momento adecuado; se estima que la disponibilidad total mundial es de 4.200 kilómetros cúbicos), las extracciones siguen aumentando en todo el mundo (no en Estados Unidos; volveré sobre esto en una publicación posterior) y probablemente alcanzarán una cifra estimada de 5.000 kilómetros cúbicos este año. En una situación de sobreexplotación crónica, la sequía se convierte en una crisis mucho más grave.

Para 2030, sin una mejora sustancial de la gestión del agua, esta cifra podría acercarse a los 7.000 kilómetros cúbicos: un aumento impulsado por el crecimiento de la población y la prosperidad. Si queremos evitar una crisis del agua mucho más grave en el futuro, tendremos que encontrar formas de reducir las extracciones de agua dulce en un 40% en comparación con esta extrapolación del statu quo.

Una reducción del 40% en los próximos 15 años parece mucho, pero no es imposible. Envarias publicaciones aquí en LinkedIn, en particular las relativas al Grupo de Recursos Hídricos 2030, que presido, señalé formas de contribuir de manera significativa y rentable a reducir la brecha entre las extracciones y el suministro sostenible de agua dulce.

Medir las extracciones: el primer paso

La medición sería un primer paso importante: si se quiere ahorrar agua, hay que medir su consumo en cada sector de uso. Si no se puede medir, no se puede gestionar.

En muchos países, si no en la mayoría, tenemos que empezar por la agricultura, que representa alrededor del 70% de todas las extracciones de agua dulce en el mundo, y más del 90% del consumo de agua (en California, según datos del Gobierno estadounidense, representa el 80% de todas las extracciones de agua dulce).

Pero en demasiados casos, las mediciones de las extracciones siguen siendo incompletas, a menudo sin medir prácticamente nada de lo que extraen los agricultores (y muchas veces tampoco se mide en otros ámbitos; por ejemplo, las extracciones de los sistemas municipales de abastecimiento de agua, para compararlas con el volumen entregado y estimar las fugas), y sin medir las necesidades reales: solo hay estimaciones globales aproximadas que indican que las extracciones de agua dulce para la agricultura superan en un 100-150% las necesidades fisiológicas reales de las plantas. Se inundan los campos, los aspersores funcionan al mediodía, las bombas siguen en marcha cuando la energía es gratuita y el trayecto hasta el campo es demasiado largo como para preocuparse por el uso excesivo del agua; todo ello son comportamientos totalmente racionales cuando no se asigna ningún valor al agua.

Existen tecnologías para supervisar y orientar el uso eficiente del agua, y funcionan

De hecho, existen tecnologías para supervisar, medir y orientar el uso eficiente del agua, y funcionan. Un buen ejemplo son los sensores de humedad del aire y del suelo en una red inalámbrica que controla el riego por goteo, que vi utilizar en Australia Meridional (sin duda, mis lectores conocen muchas otras experiencias comparables).

Lo primero que se mide es la humedad del aire, para adaptar el caudal de agua exactamente a las necesidades de evapotranspiración de la planta (o detener el riego si el aire permanece demasiado seco durante un tiempo y la mayor parte del agua no llegaría a penetrar en el suelo). Se pueden ver estas estaciones meteorológicas simplificadas por todos los campos y viñedos.

En segundo lugar, unos dispositivos en el suelo miden hasta dónde se filtra realmente el agua de riego: hasta la profundidad a la que llegan las raíces, pero no más. Esto optimiza el suministro de agua y protege las aguas subterráneas, ya que el agua de riego suele llevar fertilizantes añadidos.

En el centro de todo esto ya no hay una bonita casa de campo y un granero como los que conocemos de Europa y de los libros infantiles, sino un centro de control informatizado, basado en datos en tiempo real, que regula el riego y la aplicación de fertilizantes según las necesidades exactas en distintas partes de la explotación y en distintos momentos.

Establecer incentivos para soluciones integrales y rentables al uso excesivo del agua

Como incentivo para invertir en sistemas tan sofisticados y para que la medición y la gestión sean plenamente pertinentes, el agua necesita tener un valor. No es de extrañar que así sea en Australia Meridional. Su valor se fija en un mercado de derechos de uso del agua que los agricultores pueden intercambiar (es decir, asignarle un valor no significa imponer un impuesto sobre el uso del agua que se pague al Gobierno). Como resultado, el agua se gestiona con cuidado e inteligencia, a diferencia de muchos otros lugares donde se considera un bien gratuito, se sobreexplota y se usa abusivamente.

Asignar un valor al agua también será un fuerte incentivo para aumentar la eficiencia hídrica en la industria y la generación de energía y, por último, pero no menos importante, para reducir las pérdidas por fugas en los sistemas municipales de abastecimiento de agua.

Sé que hay numerosas innovaciones que van aún más lejos; esto es solo el comienzo de la gestión inteligente del agua. Cada vez más empresas ofrecen tecnologías y conceptos muy innovadores: empresas del sector del agua (riego, tratamiento, abastecimiento, etc.), pero también de otros sectores (como IBM, Dow y Ecolab, por ejemplo).

Necesitamos soluciones integrales y rentables al uso excesivo del agua; no bastan los enfoques parciales ni las cazas de brujas. Una sensorización adecuada será el primer paso.

Serán bienvenidos sus comentarios, en particular si aportan más información sobre innovaciones en medición para mejorar la gestión del agua.

Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Peter Brabeck-Letmathe es presidente del Consejo de Administración de Nestlé S.A.

Imagen: El agua del grifo sale de una llave en Nueva York el 14 de junio de 2009. AGUA-BEBIDAS/ REUTERS/Eric Thayer.

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