Si alguna vez te ha resultado difícil concentrarte en una sola cosa sin parar para revisar tus correos electrónicos o publicar en redes sociales, no eres la única persona. Hace poco, Microsoft informó de que la capacidad de atención promedio de las personas —el tiempo que podemos concentrarnos eficazmente en una sola tarea— había caído por debajo del nivel atribuido a los peces de colores.
Esto sin duda alimenta nuestros temores sobre lo que la avalancha diaria de redes sociales y correos electrónicos nos está haciendo, y en particular a las generaciones más jóvenes. Sin embargo, estas cifras pueden ser engañosas. Para empezar, el informe no ofrece detalles reales sobre la capacidad de atención de los peces de colores ni de las personas, más allá de las cifras de la página web de la que Microsoft las extrajo.
Más importante aún, nuestra mente es un sistema adaptable que reorganiza y reorienta constantemente nuestras facultades mentales para ajustarse al entorno. Por eso, la idea de que nuestra capacidad de prestar atención pueda estar cambiando como respuesta al mundo moderno en línea no es sorprendente ni necesariamente motivo de preocupación. Sin embargo, cabe sostener que debemos procurar mantener el control de nuestra atención en un mundo cada vez más lleno de distracciones.
La atención es un fenómeno extraordinariamente difícil de estudiar, y la manera de evaluarla influye enormemente en los resultados. Esta es una de las razones por las que la atención sigue siendo una de las áreas de investigación más activas y persistentes de la psicología: solo en los últimos diez años se han publicado más de 1.200 artículos sobre el tema.
Pero, suponiendo que las cifras del informe reflejen alguna investigación —sea cual sea el método empleado para obtener los datos—, no es razonable aplicarlas a ninguna situación distinta de aquella en la que se generaron. Extrapolarlas a todos los aspectos de nuestra vida, como el informe da a entender que deberíamos hacer, es ir demasiado lejos.
Las investigaciones científicas publicadas que examinan el efecto de la tecnología moderna en nuestras capacidades cognitivas sí muestran un efecto sobre la atención. Pero, en contra de la opinión popular, indican que la capacidad de atención en realidad ha mejorado. Por ejemplo, quienes juegan habitualmente a videojuegos han demostrado tener mejores capacidades de atención que quienes no juegan; y quienes no jugaban y empezaron a jugar a videojuegos comenzaron a mostrar las mismas mejoras.
No hay razón para que el mundo moderno tenga necesariamente que mermar nuestras facultades mentales, ni motivo para temer que cambien. Nuestras capacidades cognitivas cambian constantemente y, además, varían de forma natural a lo largo del día.
Uno de nuestros proyectos en la Open University está recopilando actualmente datos sobre estos ciclos diarios. Hemos desarrollado una aplicación para teléfonos inteligentes que incluye una medida de la atención junto con otras cuatro tareas cognitivas. Al utilizar la aplicación a lo largo del día, puedes participar en esta investigación y registrar estos cambios naturales en tu propio rendimiento. Esto puede ayudarte a planificar mejor el día y, por fin, a entender si realmente eres una persona madrugadora o nocturna.
Sin embargo, por interesantes que sean las posibles variaciones de las capacidades cognitivas, una pregunta más pertinente quizá sea qué o quién impulsa los cambios de nuestro entorno. Por suerte, esta pregunta es mucho más fácil de responder. El estudio de Microsoft está dirigido a los anunciantes, no al público general, y exhorta a las empresas a utilizar «formas más creativas y cada vez más inmersivas de promocionarse».
El creciente número de distracciones en nuestro mundo se debe en parte a las formas nuevas y cambiantes en que los anunciantes pueden ponernos su mensaje delante, y a las técnicas «cada vez más inmersivas» que utilizarán una vez que el mensaje esté ahí. Darnos cuenta de esto nos ayuda a entender que los anunciantes se disputan nuestra atención como si fuera un recurso.
El mundo en línea está compuesto cada vez más por espacios donde los anunciantes intentan tentarnos con sus productos. Del mismo modo, los espacios públicos están cada vez más llenos de anuncios que pueden reproducir sonido y video para captar aún más nuestra atención. Escapar de este campo de batalla publicitario se está convirtiendo en uno de los lujos del mundo moderno. Por eso, las salas ejecutivas de pago en los aeropuertos no tienen anuncios ruidosos y estridentes, y eliminar la publicidad es un argumento de venta clave de las aplicaciones de pago.
Nuestras capacidades mentales están cambiando, como siempre lo han hecho, para contribuir al máximo a nuestro éxito en entornos cambiantes. Pero ahora, más que nunca, nuestro entorno está configurado por quienes quieren captar nuestra atención o vender acceso a ella. Sin duda será interesante ver cómo se adaptan nuestras capacidades cognitivas para afrontar este nuevo desafío. Sin embargo, como individuos también debemos empezar a valorar nuestra atención tanto como lo hacen los anunciantes.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lee el artículo original. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Martin Thirkettle es profesor de psicología en The Open University. Graham Pike es catedrático de cognición forense en The Open University.
Imagen: Un investigador del gigante japonés de telefonía móvil NTT DoCoMo Inc. muestra el prototipo de teléfono móvil ponible de la empresa, llamado «Finger Whisper», en el centro de investigación de la compañía en Yokosuka, al sur de Tokio. REUTERS

