¿Es la tecnología nuclear la clave para alcanzar los ODS?

¿Es la tecnología nuclear la clave para alcanzar los ODS?
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Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate.

Los recién adoptados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que persiguen poner fin a la pobreza, proteger el planeta y fomentar la prosperidad para todos de aquí a 2030, son sin duda ambiciosos. Para hacerlos realidad, los países más pobres del mundo deben tener acceso a lo mejor que la ciencia y la tecnología pueden ofrecer. Afortunadamente, el mundo cuenta con un modelo sólido que puede emular en su búsqueda de los ODS: el despliegue de la tecnología nuclear con fines pacíficos.

Desde hace décadas, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) trabaja con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura para ayudar a los países a aprovechar la tecnología nuclear y las tecnologías conexas para mejorar la seguridad alimentaria y promover el desarrollo agrícola. En algunas zonas de China, India y Pakistán, por ejemplo, las tecnologías nucleares han permitido reducir de manera notable la erosión del suelo. Y el profesor peruano Marino Romero, mediante la mutación inducida por radiación y otras técnicas, desarrolló variedades de cebada de mayor rendimiento que hoy representan más del 90 % de la cebada cultivada en su país.

Pero las aplicaciones de la ciencia nuclear van mucho más allá de la agricultura. El Salvador utiliza ahora la tecnología nuclear para vigilar sus aguas costeras en busca de toxinas marinas que podrían amenazar su vital industria pesquera.

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Estas tecnologías también tienen usos médicos fundamentales. Kits sencillos de origen nuclear aceleraron la detección del virus del Ébola durante el reciente brote en África Occidental. A escala industrial, el uso de radiación gamma para esterilizar equipos médicos y proteger los alimentos de la contaminación es cada vez más común en los países en desarrollo. Mauritania, con la asistencia del OIEA, inauguró recientemente su primer centro de medicina nuclear, que le permitirá prestar servicios integrales de diagnóstico, tratamiento y gestión del cáncer y de otras enfermedades.

Y, por supuesto, está la energía nuclear. Unos 25 países en desarrollo estudian actualmente la construcción de centrales nucleares para afrontar el doble desafío de garantizar un suministro energético fiable y frenar las emisiones de gases de efecto invernadero.

Es evidente que el despliegue de la ciencia nuclear ha aportado enormes beneficios al mundo en desarrollo. Pero los países en desarrollo no son simples receptores pasivos de tecnologías creadas y compartidas por sus socios desarrollados. Por el contrario, muchos han adquirido altos niveles de experiencia, que utilizan para innovar en beneficio propio y que comparten con otros países en desarrollo.

Por ejemplo, la India, país con amplia experiencia en el uso de la energía nuclear, está a la vanguardia del desarrollo tecnológico en ámbitos como los reactores rápidos. Malasia comparte con Sudán su considerable experiencia en ensayos no destructivos (en los que se utiliza radiación ionizante para comprobar la calidad de una gran variedad de productos manufacturados, desde tuberías de petróleo y gas hasta componentes de aeronaves). Vietnam ha transferido a Angola la tecnología de radiotrazadores, utilizada en las industrias petroquímica y minera.

Las lecciones para alcanzar los ODS son claras. Para empezar, la experiencia en el ámbito nuclear pone de relieve la amplitud de oportunidades que la ciencia y la tecnología ofrecen para generar valor a nivel microeconómico y, por tanto, para respaldar el desarrollo en sentido amplio.

Además, hay que permitir que los países en desarrollo determinen sus propias prioridades y lideren su consecución. Los países desarrollados deberían apoyar estos esfuerzos transfiriendo experiencia y conocimientos técnicos, y no limitarse a suministrar equipos.

Esto exige un cambio de mentalidad. Los países desarrollados deben dejar de percibir el mundo en desarrollo como una fuente de mano de obra barata o un lugar para la producción de bajo costo. Por el contrario, deberían tratar a los países en desarrollo como socios de pleno derecho, capaces no solo de llevar a cabo investigación y desarrollo de alta tecnología, sino también de contribuir en igualdad de condiciones a las empresas conjuntas.

Por último, la formación técnica de alta calidad es esencial. Una innovadora herramienta de aprendizaje electrónico del OIEA, la Universidad Virtual para el Control del Cáncer (VUCCnet), se está desarrollando en África para ofrecer formación especializada en línea a los profesionales de la salud, de modo que no tengan que realizar costosos viajes al extranjero. Se trata de un valioso complemento a la educación disponible a nivel local, y puede replicarse en otras áreas.

El noveno ODS subraya la importancia fundamental de la ciencia y la tecnología, ya que insta al mundo –y en especial a los países en desarrollo– a apoyar el crecimiento industrial y la modernización tecnológica, fomentar la innovación e incrementar la inversión en investigación y desarrollo. Alcanzar este objetivo exigirá que los gobiernos demuestren un compromiso político sostenido, no solo para adoptar las políticas e incentivos adecuados, sino también para asegurar recursos suficientes. Y exigirá que las empresas de alta tecnología busquen alianzas con países en desarrollo, como parte de su responsabilidad social corporativa.

Pero la realidad es que los 17 ODS –desde poner fin al hambre y garantizar agua limpia y saneamiento hasta conservar los ecosistemas– dependen, en distintos grados, de la eficacia con que aprovechemos la ciencia y la tecnología. Mientras el mundo emprende este viaje de 15 años, reconocer este imperativo no podría ser más importante.

La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Yukiya Amano es director general del Organismo Internacional de Energía Atómica.

Imagen: Personas observan las torres de refrigeración de una central nuclear. REUTERS/Francois Lenoir.

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