¿Es la alfabetización la clave para alcanzar los ODS?

¿Es la alfabetización la clave para alcanzar los ODS?
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Pocas figuras públicas han captado la atención de Estados Unidos tanto como lo hizo el papa Francisco durante su visita al país en septiembre. Durante su gira de seis días, instó a los estadounidenses a reflexionar sobre las cuestiones de la pobreza, la justicia social y el cambio climático en el contexto de un planeta compartido, pero cada vez menos armonioso.

Al hablar en el Jardín Sur de la Casa Blanca, junto al presidente estadounidense Barack Obama, Francisco pidió «un reconocimiento serio y responsable no solo del tipo de mundo que podemos dejar a nuestros hijos, sino también de los millones de personas que viven bajo un sistema que las ha pasado por alto».

Las palabras de Francisco ponen de relieve que ya no basta con pensar en el desarrollo global como un conjunto discreto de conceptos, como el crecimiento de la renta per cápita o el número de graduados universitarios. En cambio, el desarrollo debe considerarse de forma amplia y en relación con los costes de la inacción, especialmente para quienes más lo necesitan.

Esto es importante en el contexto de otro acontecimiento histórico que tuvo lugar durante la visita del papa: la adopción en las Naciones Unidas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que marcarán la agenda de desarrollo durante los próximos 15 años. Alcanzar los ODS —y atender el llamamiento de Francisco— exigirá que la comunidad internacional luche contra la pobreza, impulse la seguridad alimentaria, preserve el medio ambiente y promueva la igualdad de género. Y, en el centro de estos esfuerzos, estará la educación, en particular un objetivo en el que todavía nos quedamos cortos: la alfabetización.

En muchos lugares, la alfabetización sigue siendo una rareza. En Zambia y Malí, por ejemplo, solo dos de cada diez niños saben leer tras dos años de escolarización; en Afganistán y Sudán del Sur, solo tres de cada diez mujeres adultas saben leer.

Las consecuencias inmediatas de este déficit son enormemente dolorosas, y también lo son los resultados a largo plazo. La alfabetización es un requisito previo necesario para la educación avanzada y el pensamiento crítico, que son el núcleo de nuestra capacidad para responder a las convulsiones económicas, sociales y ambientales que atraviesan muchas regiones.

La forma en que las personas de todo el mundo, especialmente las generaciones más jóvenes, piensan y actúan ante estos cambios será central para nuestro futuro colectivo. La ONU señala que la conciencia sobre el cambio climático en los países ricos y con alto nivel de alfabetización es casi el doble que en los países empobrecidos y con menor alfabetización. La concienciación no siempre conduce a la acción, pero la alfabetización es el factor limitante en la capacidad del mundo para abordar sus desafíos más urgentes.

La importancia de la alfabetización para el desarrollo sostenible no se aprecia en ningún ámbito con más claridad que en la agricultura y la salud. Las investigaciones realizadas en diversos países han demostrado que los agricultores rurales alfabetizados gestionan los sistemas y las tecnologías (incluidos la conservación del agua y la evaluación de riesgos) de forma más eficiente que sus homólogos analfabetos. Esto se traduce en aumentos significativos de la productividad agrícola y en mayores beneficios.

En el ámbito de la salud, una investigación realizada en la India ha concluido que la alfabetización conduce a resultados sanitarios significativamente mejores, independientemente de los ingresos del hogar. Estudios realizados en otros países han demostrado que las madres alfabetizadas tienen una mejor comprensión de los comportamientos relacionados con la salud, tanto para ellas como para sus hijos. En Estados Unidos, una revisión exhaustiva de más de 3.000 estudios constató que las bajas habilidades de lectura de los adultos estaban directamente relacionadas con tasas más altas de morbilidad y peor salud.

Afortunadamente, las nuevas tecnologías pueden lograr grandes mejoras en la alfabetización entre los más pobres. La provincia de Limpopo, en Sudáfrica, por ejemplo, presenta una de las puntuaciones más bajas en lectura y rendimiento escolar. El Instituto Internacional de Alfabetización, que yo dirijo, se ha asociado con el Instituto Molteno de Lenguaje y Alfabetización, una ONG local, para introducir en los laboratorios de informática de las escuelas un software que apoya la lectura de los niños mediante contenidos multilingües diseñados en torno a situaciones cotidianas relacionadas con la familia, la comunidad y la salud.

La educación —y sobre todo la alfabetización— será central para los retos que nos esperan. Al empezar a utilizar la educación como medio para alcanzar los ODS, tendremos que ir más allá de sensibilizar sobre la globalización, el cambio climático y la sostenibilidad. Nuestros esfuerzos educativos deben incluir la promoción de formas innovadoras de afrontar estos desafíos y superarlos.

Como dijo el papa Francisco en su encíclica sobre el medio ambiente, superar nuestros desafíos requerirá una «renovación de la humanidad». Pero no puede haber renovación si no cumplimos nuestra promesa de ofrecer educación para todos, empezando por avanzar hacia la alfabetización universal.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.

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Autor: Daniel A. Wagner es titular de la Cátedra UNESCO de Aprendizaje y Alfabetización, profesor de Educación en la Universidad de Pensilvania y director del Instituto Internacional de Alfabetización.

Imagen: Niños leen libros de texto editados por el Estado. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins.

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