En la cima del monte Olimpo, Hefesto —el dios griego del fuego y herrero— construyó un palacio para sus compañeros dioses. En su interior, creó estatuas doradas robóticas para que los sirvieran.
La mitología griega nos cuenta que la fascinación por lo robótico es tan antigua como la civilización occidental.
En los siglos transcurridos desde entonces, la IA, la robótica y las tecnologías digitales han avanzado tanto que a veces es fácil pensar que la innovación nos está superando. Incluso el 67 % de los directores ejecutivos cree que la tecnología —y no la humanidad— tiene la clave del futuro de sus empresas.
Sin embargo, esconderse por miedo a un apocalipsis sin empleo y a la sombría perspectiva de que los robots gobiernen es centrarse solo en un lado de un argumento complejo. Si damos la vuelta a esta visión negativa, vemos que, lejos de dominar la vida, la tecnología podría ayudar a definir y complementar la humanidad que todos llevamos dentro.
Sin embargo, para aprovechar esta oportunidad, debemos cambiar de perspectiva. Tenemos que entender por qué este mundo parece estar patas arriba, qué podemos hacer al respecto y cómo, como líderes, podemos ayudar a los demás a prosperar en un mundo donde el cambio constante es la nueva norma. Debemos recuperar el control, replantear el debate y empezar a poner a las personas —y no a la tecnología— en primer lugar. Tenemos que ser más humanos.

Como profesional de recursos humanos, es mi responsabilidad conectar con las personas, comprender sus necesidades e ideas y actuar en consecuencia. He aprendido que, como seres humanos, tenemos el ingenio, el talento, la inteligencia y los conocimientos necesarios para convertir todo este cambio en una oportunidad.
Podemos cambiar tan rápido como el mundo, pero para hacerlo debemos cuestionarnos. ¿Qué significa realmente ser humano? ¿Qué necesitamos para prosperar en este mundo cambiante? ¿Y cómo podemos usar la tecnología para potenciar —y no eclipsar— nuestros rasgos exclusivamente humanos?
El poder del propósito
Algo que he observado sobre el cambio es que hace que las personas se sientan a la deriva: pierden de vista quiénes son, qué defienden y hacia dónde se dirigen en la vida. Sin embargo, cuando encuentran su propósito, sienten que tienen un ancla.
El propósito actúa como una brújula tranquilizadora que nos ayuda a prosperar en medio de la tormenta del cambio. Nos conecta con algo más grande que nosotros mismos: un conjunto esencial de valores que define quiénes somos. También fomenta el sentido de comunidad y la colaboración entre personas. Las investigaciones muestran que tener un propósito incluso nos ayuda a vivir más tiempo.
Imaginemos lo que podemos lograr juntos si ampliamos este efecto. Sabemos que las personas con propósito trabajan para marcas con propósito. También sabemos que los consumidores se sienten cada vez más atraídos por marcas y productos que muestran claramente un propósito social o medioambiental. Y sabemos que las empresas impulsadas por un propósito cotizan a un valor más alto en bolsa. Así pues, el propósito no solo nos impulsa como seres humanos, sino que también impulsa los negocios. Las empresas con propósito perduran, las marcas con propósito crecen y las personas con propósito prosperan.
Aprendizaje permanente
Hace unos años, mi padre, de 75 años, se unió a una clase de jóvenes de 20 años para aprender informática. Después bromeé con él diciéndole que, de verdad, ¡se puede enseñar trucos nuevos a un perro viejo!
Sin embargo, ¿con qué frecuencia oímos que hoy la vida media de una habilidad es de dos años y medio? ¿Que los niños que hoy cursan primaria trabajarán en empleos que aún no existen? ¿Y que pronto los robots nos quitarán el trabajo?
Tras pasar un tiempo con neurocientíficos, sé que una parte esencial de ser humano es tener una predisposición innata a aprender. Al igual que mi padre, todos tenemos una curiosidad innata que, cuando la despierta una nueva habilidad o interés, nos ayuda a desarrollar la concentración y un sentido de propósito.

Así pues, una vez más, al ser más humanos e invertir en el aprendizaje permanente, las empresas pueden ayudar a todos a adquirir nuevas habilidades y prepararse para el futuro. En todo el mundo, las plataformas de aprendizaje en línea adaptadas a los intereses de cada persona ya están demostrando su eficacia, lo que muestra que, en estos tiempos patas arriba, la tecnología no es una amenaza, sino un facilitador. Con la mentalidad adecuada, podemos usar la tecnología para potenciar nuestra curiosidad natural y prosperar en estas condiciones cambiantes.
Más humanos
La última pieza del rompecabezas cuando hablamos de ser más humanos es nuestra necesidad de sentir que se nos comprende y valora como individuos. En un mundo digital, un enfoque único para todos no funcionaría para distintas marcas, como tampoco atraería a distintos clientes.
Sin embargo, rara vez los líderes piensan en sus propios equipos de esta misma manera personalizada.
Lejos de uniformar a las personas, la tecnología puede ayudarnos precisamente a eso. En algunas empresas, los empleados ya tienen acceso en línea a herramientas de salud y bienestar que ayudan a aliviar el estrés y reducir el absentismo. También se puede usar la tecnología para que las personas lleven las riendas, dándoles más opciones sobre cómo y dónde trabajan, y cómo se les recompensa por ello. Incluso puede eliminar los sesgos inconscientes durante el proceso de selección, lo que contribuye a una cultura laboral más diversa, personalizada y justa.
La era de la STEMpatía
En esencia, ser humano significa poder establecer relaciones con los demás.
De hecho, los movimientos colectivos y el pensamiento colaborativo nos han ayudado a sobrevivir tantos siglos de cambio. La era de las manos, con la revolución industrial; la era de la mente, cuando despuntó la revolución digital; y ahora, la era del corazón, a medida que avanza la Cuarta Revolución Industrial.
Esta es una era en la que la empatía humana, junto con las competencias STEM, será primordial. Una era en la que la suma de los talentos de un grupo —y no solo el dinero o la tecnología— será la medida del éxito empresarial y de la sociedad en su conjunto.

En épocas anteriores de cambio, hemos afrontado desafíos y luchado con nuestro sentido de identidad; aun así, hemos encontrado un lugar en el mundo para nosotros y para todo lo que significa ser exclusivamente humanos.
Así que, ahora que nos encontramos en una encrucijada, no podemos detener —ni siquiera ralentizar— el ritmo del cambio. Pero podemos prepararnos. Para ello, tenemos que cambiar de mentalidad y empezar a pensar de otra manera.
Hasta ahora, los seres humanos lo han conquistado todo, y creo que seguirán haciéndolo. Así que seamos más humanos y empecemos a prosperar juntos en este mundo patas arriba. Dejemos de esperar a que pase la tormenta y empecemos a bailar bajo la lluvia.


