¿Cómo cambiará el transporte público sin conductor nuestras ciudades?

¿Cómo cambiará el transporte público sin conductor nuestras ciudades?
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Hace apenas un par de años, los coches sin conductor se consideraban poco más que una fantasía tecnológica para frikis. Pero la entrada del gigante tecnológico Google ha dado lugar a un coche autónomo que está ahora muy cerca de llegar al mercado.

Hace tiempo que se realizan pruebas en las calles de Estados Unidos y, desde principios de 2015, serán legales en las calles del Reino Unido . Para poner en marcha este proceso, se ha anunciado recientemente una serie de pruebas a pequeña escala en ciudades del Reino Unido .

Greenwich, en Londres, contará con un vehículo autónomo para transportar turistas y con aparcamiento con servicio de aparcacoches autónomo para coches especialmente adaptados. Milton Keynes y Coventry acogerán el programa UK Autodrive, y el consorcio Venturer de Bristol examinará los efectos de los coches autónomos en la congestión y la seguridad vial.

En Milton Keynes, en primavera empezarán a circular pequeños vehículos eléctricos autónomos, conocidos como LUTZ Pathfinder . Como taxis autónomos biplaza, ofrecerán conexiones de corta distancia entre la estación y destinos del centro de la ciudad, circulando por carriles bici y senderos peatonales y compartiendo el espacio con peatones y ciclistas. El proyecto está vinculado al programa más amplio Future Cities de Milton Keynes y al proyecto MK:Smart , dirigido por la Open University.

MK:Smart, financiado conjuntamente por 12 socios y el Higher Education Funding Council for England, estudia el uso de sistemas de macrodatos para desarrollar formas innovadoras de gestionar el agua, la energía y el transporte. Una parte de MK:Smart consiste en adoptar una perspectiva estratégica sobre dónde podrían incorporarse a la economía local las innovaciones basadas en datos, ayudando a las personas y al desarrollo de la ciudad en su conjunto.

Redibujar el mapa del transporte

La adopción de vehículos autónomos podría tener un gran impacto en la forma en que se diseña y planifica el transporte en pueblos y ciudades. El proyecto de Bristol acierta al examinar cómo repercutirá en la seguridad y la sostenibilidad, pero sostengo que los efectos de los vehículos sin conductor en la planificación del transporte serán fundamentales.

Si una ciudad cuenta con un sistema de vehículos autónomos que se reservan mediante aplicaciones y llevan a las personas de puerta a puerta las 24 horas del día, ¿qué lugar les queda a los taxis y los minicabs? Sin conductor, los costes de funcionamiento serían bajos, lo que haría bajar las tarifas hasta acercarlas a las de un autobús. Si el mero uso de la aplicación Uber está provocando protestas multitudinarias y desafíos legales, ¡esperemos a que llegue una tecnología capaz de competir con los taxis y desplazarlos por completo!

Del mismo modo, ¿qué lugar les queda al transporte colectivo, como los autobuses, los tranvías o el metro? La arquitectura del servicio de autobús —vehículos grandes que siguen un horario en rutas de recorrido fijo, donde los pasajeros pueden subir en paradas determinadas— no ha cambiado desde los tiempos en que los tiraban caballos.

En cambio, los taxis autónomos tienen una arquitectura de sistema completamente distinta. Los vehículos son pequeños y es el pasajero quien elige el destino, en lugar de estar sujetos a rutas específicas. Se trata de un diseño del transporte público totalmente diferente. Los vehículos eléctricos de batería esperan a los clientes en paradas locales (donde se recargan) y, cuando se llama a uno para que acuda a una dirección, otro lo sustituye automáticamente para esperar al siguiente cliente.

Ya hay algunas pruebas a pequeña escala en marcha: por ejemplo, vehículos autónomos circulan por vías segregadas entre la Terminal 5 de Heathrow y sus aparcamientos. Pero, como los rápidos avances en los programas informáticos permiten que los vehículos circulen por el tráfico ordinario, existe la posibilidad de adoptar un enfoque más integrado que ofrezca una alternativa viable al coche privado en las zonas suburbanas. En cuanto a la sostenibilidad y la reducción de contaminantes en las ciudades, este impacto a nivel de sistema quizá sea el aspecto más importante.

Transporte diseñado para los pasajeros

La política de transporte ha tendido a considerar inamovible para siempre el modelo actual de transporte público, y este criterio sigue arraigado en el enfoque aplicado a la mejora del transporte público del futuro. Esto implica exigir a las personas que organicen su vida en torno al diseño del servicio de un sistema de transporte, en vez de diseñar el sistema para que se adapte a las necesidades de las personas.

Esta diferencia en el diseño del sistema constituye el impacto potencialmente transformador del transporte público autónomo con vehículos pequeños: los pasajeros pueden desplazarse directamente, cuando quieran, las 24 horas del día, los 7 días de la semana, exactamente adonde quieran ir, incluso a muchos lugares y en horarios a los que no llegan los servicios actuales de transporte público.

Hacer realidad la posibilidad de este cambio fundamental podría poner patas arriba el transporte y la planificación urbana. Es probable que los vehículos autónomos se utilicen de forma muy distinta a los de hoy: reemplazarán a empresas de transporte existentes y darán lugar a otras nuevas. Es un diseño que podría generar importantes beneficios ambientales y sociales. Pero los detalles concretos y la inevitable política apenas empiezan a tomar forma, y todavía está todo por decidir en la configuración del transporte del futuro.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Stephen Potter es profesor emérito de Estrategia del Transporte e investiga los procesos de diseño implicados en la difusión de tecnologías de transporte más limpias y prácticas de movilidad sostenible.

Imagen: Se ve un sensor girando en la parte superior de un vehículo autónomo de Google antes de una presentación en el Computer History Museum de Mountain View, California, el 13 de mayo de 2014. REUTERS/Stephen Lam.

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