Estamos viendo un cambio en la forma en que se consumen los bienes y servicios. Impulsadas por el giro global hacia la sostenibilidad, cada vez menos empresas y consumidores sienten la necesidad de comprar, poseer y mantener individualmente diversos activos materiales. Desde Netjets hasta AirBnB y desde Zipcar hasta Buzzcar, los consumidores de Estados Unidos y Europa se han volcado a la «economía colaborativa».
Con la llegada de la fabricación 3D —impresoras sofisticadas que añaden capa tras capa de distintos tipos de material de impresión para construir desde patitos de goma hasta automóviles—, también cambiará la oferta: los bienes ya no se diseñarán, fabricarán y distribuirán de arriba abajo. En los próximos 20 años veremos la adopción generalizada de la fabricación 3D.
Las implicaciones para las cadenas de suministro y la fabricación son de gran alcance: si se lleva a cabo correctamente, la fabricación 3D tiene el potencial de generar mayor paridad entre las economías y aliviar los desequilibrios estructurales.
En la actualidad, la ubicación de la fabricación masiva global suele estar determinada por el costo de la fuerza laboral de un país. Esto puede convertirse en una rivalidad de suma cero entre ganadores y perdedores. Los países que salen ganando en mano de obra y aumentan su participación en el empleo manufacturero, como China, han desarrollado economías con bajos costos laborales y capacidad para producir a gran escala. En cambio, la mano de obra manufacturera en los países industrializados suele ser más cara y se reduce, lo que también dificulta seguir mejorando la competitividad manufacturera. Luego, en los países ganadores, los salarios suben y los fabricantes a gran escala suelen trasladarse al siguiente mercado de bajo costo.
La fabricación 3D tiene el potencial de atenuar en cierta medida esta tensión. La impresión 3D local, o fabricación aditiva, reduce algunos de los demás costos de las cadenas de valor manufactureras, como la logística y el transporte de productos terminados, porque la producción puede volverse más local e inmediata. Las redes sociales y el análisis de datos basado en SAAS también podrían ayudar a reducir la dependencia exclusiva de grandes corporaciones para proporcionar infraestructura de trabajo colaborativo y mecanismos de confianza, que conllevan una gran carga administrativa.
El costo de las impresoras también sigue bajando, lo que hace asequibles las unidades únicas y las tiradas pequeñas y permite que más consumidores accedan a un proceso de fabricación descentralizado y distribuido, con control y gratificación instantánea.[1] Además, no será necesario ser experto para hacerlo: se contará con la ayuda de desarrolladores, aficionados, hackers y otros consumidores para crear diseños de nuevos productos. Estas comunidades de fabricación poseerán la mayoría de los activos esenciales para la experimentación y la producción.
Este tipo de cooperación ágil y de estructura flexible dará lugar a nuevas iniciativas, con nuevos comportamientos de producción y nuevas formas de minimizar los costos de transacción: un fenómeno que hemos denominado «economía de enjambre». Conjuntos diversos y dispersos de productores-consumidores se reunirán en foros en línea, responderán a las necesidades de los demás y se ofrecerán mutuamente ideas, diseños, materiales y servicios recíprocos. Se constituirán en grupos pequeños o grandes, de forma puntual e irregular, según las necesidades en cuestión. Pagarán, intercambiarán y comerciarán con moneda, conocimientos prácticos, activos y canales.
La fabricación 3D está en el centro de estos grupos y de la economía de enjambre. Con ella, los emprendedores tienen la oportunidad de desarrollar nuevas aplicaciones y modelos de negocio; las empresas pueden fabricar repuestos cuando los necesiten; y las compañías pueden aprovechar la tecnología de impresión 3D para devolver al país empleos manufactureros perdidos hace mucho tiempo. Los directivos deben incorporar estos grupos a su propio ecosistema. Para ello, deben ofrecer valor al enjambre. Pueden hacerlo creando estabilidad allí donde siguen existiendo muchas preguntas sobre la fabricación 3D y el movimiento Makers/DIY, desde la regulación ambiental y de seguridad hasta la laboral. Para responderlas, los líderes empresariales pueden convertirse en custodios de la fabricación 3D, complementando la fabricación tradicional con experimentación y aprendizaje a partir de la impresión 3D; por ejemplo, sobre cómo aprovechar mejor sus capacidades y en qué circunstancias se perjudica menos a los trabajadores y al medio ambiente.
Cómo prepararse: recomendaciones para los ejecutivos
Sin duda, la fabricación 3D es el futuro: es difícil ignorar las oportunidades de ahorro de costos y de productos personalizables. Sin embargo, también deben considerarse los posibles riesgos. Por ejemplo, las impresoras 3D actuales consumen mucha energía y plantean riesgos para la salud debido a las emisiones de partículas en el aire.[2] El diseño de mejores impresoras y la reducción de la dependencia de los plásticos son aspectos que pueden mejorarse. Para beneficiarse de la fabricación 3D y superar a la fabricación tradicional impulsada por la mano de obra barata, recomendamos una serie de conversaciones entre los líderes empresariales a fin de prepararse mejor para participar en esta nueva economía:
· Ejercer una previsión más detallada y evaluar los riesgos y beneficios de trasladar la actividad empresarial a la fabricación 3D localizada, incluidas las implicaciones contables y fiscales. Evaluar las áreas en las que la fabricación 3D podría mejorar los procesos manufactureros existentes o crear nuevas oportunidades de mercado.
· Recopilar datos sobre impresoras 3D y elaborar proyectos de regulación sanitaria, de seguridad, responsabilidad y laboral para un nuevo paradigma de fabricación distribuida. Sin regulaciones vigentes, los temores institucionales ante los peligros asociados podrían socavar las ventajas de la fabricación 3D. Los conocimientos que una empresa puede aportar pueden disipar las inquietudes y acelerar su adopción.
· Evaluar las necesidades de capital humano. Crear programas para formar a técnicos de software y hardware en el manejo de impresoras 3D, y capacitar a los empleados de la cadena de suministro existente para atender las necesidades de la fabricación 3D, incluido el abastecimiento de materias primas. Analizar cómo las cooperativas locales pueden convertirse en un activo y qué significan para la cohesión social y el desarrollo socioeconómico local también contribuirá a descentralizar la fabricación masiva.
· Elaborar estrategias corporativas que tengan en cuenta el colapso de la cadena de valor. Evaluar cómo podrían verse afectados los proveedores, distribuidores y minoristas actuales, y cómo también podrían contribuir al proceso de fabricación 3D. Por ejemplo, ¿podrían los propios minoristas ser tanto el punto de venta como el lugar de fabricación 3D?
Con la impresión 3D, la economía de producción distribuida puede aliviar los desequilibrios estructurales, las injusticias y las deseconomías, si actuamos con previsión.
«Swarm Economics» se publicó por primera vez en The European Business Review, septiembre/octubre de 2014.
[1] Pascal-Emmanuel Gobry, «La próxima industria de un billón de dólares: la impresión 3D», Business Insider
[2] Lindsey Gilpin, «El lado oscuro de la impresión 3D: 10 aspectos a tener en cuenta», Tech Republic
Este artículo se publica en colaboración con Open Democracy. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Olaf Groth es profesor global de estrategia, economía, gestión e innovación, y responsable de la disciplina de organización y economía global en HULT International Business School. Mark Esposito es miembro del cuerpo docente de Harvard University Extension School y profesor asociado de negocios y economía en Grenoble Graduate School of Business, en Francia. Terence Tse es profesor asociado de finanzas en ESCP Europe y director de estudios de competitividad en i7 Institute for Innovation and Competitiveness.
Imagen: Una figurilla es impresa por la impresora 3D F1 de Aurora durante la exposición Computex 2014 en el centro de exposiciones TWTC Nangang, en Taipéi, el 3 de junio de 2014. REUTERS/Pichi Chuang.

