La estabilidad en la composición de los cien billones de células bacterianas del tracto gastrointestinal humano es crucial para la salud, pero los científicos se han preguntado cómo nuestra microbiota resiste una avalancha de toxinas, cambios en la dieta y respuestas inmunitarias a infecciones o antibióticos sin sufrir grandes cambios.
Una investigación de Yale, publicada en el número del 9 de enero de la revista Science, identifica una estrategia que las bacterias intestinales comensales, o no dañinas, emplean para preservar esta relación estable con su huésped durante la inflamación.
«Ha sido un enigma que muchas respuestas inmunitarias se dirijan contra todas las bacterias», dijo Andrew Goodman, profesor adjunto de patogenia microbiana y miembro del Microbial Sciences Institute del West Campus de Yale. «Sin embargo, las personas sanas mantienen los mismos microbios beneficiosos durante décadas, incluso cuando se exponen a toda una serie de alteraciones ambientales».
Las investigaciones han demostrado que las alteraciones del microbioma intestinal pueden tener consecuencias graves para la salud, como obesidad, infecciones recurrentes y enfermedades como el síndrome del intestino irritable. La inestabilidad del microbioma se ha relacionado con enfermedades tan diversas como el autismo y el cáncer. Es posible que algún día los médicos puedan manipular el microbioma para tratar a los pacientes, pero primero los científicos deben comprender la maquinaria molecular del vasto microbioma intestinal, que contiene cien veces más genes que el genoma humano.
El nuevo estudio representa un primer paso, dijo Goodman. El equipo de Yale descubrió que, en ratones y seres humanos, la estabilidad del microbioma se mantiene gracias a un solo gen que permite a las bacterias resistir niveles elevados de péptidos antimicrobianos asociados a la inflamación. Durante la inflamación en ratones, las bacterias comensales que carecen de este mecanismo fueron eliminadas rápidamente del intestino.
«Nos sorprendió que un solo factor pudiera tener un efecto tan grande», dijo Goodman. «Este estudio abre la puerta a nuevos enfoques para comprender cómo interactúan las bacterias comensales con sus huéspedes».
Thomas W. Cullen, de Yale, es el autor principal del estudio.
La financiación principal del trabajo fue proporcionada por los National Institutes of Health.
Este artículo se publica en colaboración con Yale News. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Bill Hathaway es colaborador de Yale News.
Imagen: La especialista Jelena Kovalkova observa una placa de Petri mientras trabaja para aislar una cepa de la bacteria Escherichia coli (E. coli) en el Instituto de Seguridad Alimentaria, Salud Animal y Medio Ambiente de Riga, el 9 de junio de 2011. REUTERS/Ints Kalnins.

