Este artículo se publica en colaboración con The Conversation.
El sueño desempeña un papel fundamental en la forma en que aprendemos. La creciente evidencia respalda de manera convincente la importancia del sueño para el aprendizaje del lenguaje, la memoria, la función ejecutiva, la resolución de problemas y el comportamiento durante la infancia.
Un nuevo estudio en el que trabajaron mis colegas y yo ilustra cómo una cantidad óptima de sueño favorece un aprendizaje más eficaz en cuanto a la adquisición de conocimientos y la consolidación de la memoria. La mala calidad del sueño, provocada por los numerosos despertares nocturnos, también se ha señalado como un fuerte predictor de un menor rendimiento académico, una capacidad de atención reducida, una función ejecutiva deficiente y comportamientos difíciles durante el día.
Muchos adolescentes sufren privación de sueño porque duermen menos que el nivel medio recomendado, en torno a nueve horas para este grupo. Sin embargo, debido a sus obligaciones escolares, los adolescentes deben despertarse temprano a una hora fija, aunque no hayan alcanzado el número óptimo de horas de sueño.
Junto con estos horarios de inicio tempranos, los adolescentes también experimentan un retraso de fase puberal – lo que significa que los adolescentes en la pubertad duermen aún menos debido a factores biológicos. Combinado con las actividades nocturnas tardías, esto puede tener un efecto negativo significativo en la calidad del sueño y, por tanto, en su comportamiento durante el día.
La cantidad insuficiente y la mala calidad del sueño parecen ser generalizadas durante la adolescencia. Estas pueden tener diversas consecuencias , como somnolencia diurna excesiva, una dieta deficiente y, a su vez, deterioros en el control cognitivo, conductas de asunción de riesgos, un menor control de la atención y del comportamiento, así como un escaso control emocional.
Más sueño frente a mejor sueño
En un estudio reciente en el que participaron 48 estudiantes de entre 16 y 19 años, reclutados a través de un centro independiente de educación postobligatoria en el centro de Londres, mis colegas y yo, en el Lifespan Learning and Sleep Laboratory de UCL, examinamos la relación entre el sueño, el rendimiento académico y los factores ambientales.
Nuestros resultados mostraron que la mayoría de los adolescentes durmió algo más de siete horas, con una hora media de acostarse a las 11.37 p. m. Nuestro estudio mostró que una mayor cantidad de sueño y horas de acostarse más temprano —medidas de la cantidad de sueño— se correlacionaban más fuertemente con mejores resultados académicos obtenidos por los estudiantes en diversas pruebas realizadas en el colegio. En cambio, las medidas indicativas de la calidad del sueño se relacionaron sobre todo con el rendimiento de los estudiantes en pruebas de razonamiento verbal y en los promedios de calificaciones (grade point averages) de exámenes escolares.
Así, según nuestros resultados, parece que el «sueño prolongado» guarda una relación más estrecha con el rendimiento académico, mientras que el «buen descanso nocturno» se relaciona más estrechamente con el procesamiento cognitivo general.
Por qué los adolescentes duermen cada vez menos
Nuestro estudio también confirma los hallazgos de investigaciones previas , que muestran que los adolescentes duermen al menos entre dos y tres horas menos de lo necesario para su desarrollo cerebral óptimo y un estilo de vida saludable.
Existen varios factores del estilo de vida moderno que han demostrado influir en el sueño. Constatamos que el consumo de bebidas energéticas y café, así como el uso de redes sociales media hora antes de la hora habitual de acostarse, se asociaba fuertemente con un sueño de peor calidad.
Nuestro estudio también ha demostrado que el impacto negativo de un sueño deficiente en el funcionamiento académico no siempre se corresponde con una toma de conciencia de este hecho por parte de los propios estudiantes, por lo que pueden tener poca motivación para modificar los malos hábitos de sueño. A diferencia de los adultos, la adolescencia es una etapa crucial debido a los cambios continuos en el cerebro, por lo que el sueño es especialmente importante para la salud de los adolescentes.
Condiciones que pueden afectar al sueño
Los patrones de sueño de los niños con trastornos del desarrollo presentan una complejidad adicional, a pesar de que son más propensos a sufrir problemas de sueño. Hasta ahora hemos estudiado el sueño y el funcionamiento cognitivo y conductual en niños con síndrome de Down, síndrome de Williams y TDAH. Todos nuestros estudios muestran que el sueño tiene una influencia muy importante en el funcionamiento cognitivo y diurno de los niños con estas afecciones.
Al examinar los niveles de biomarcadores del sueño – melatonina y cortisol – en niños con síndrome de Williams, un trastorno genético poco frecuente, se observó que presentaban niveles elevados de cortisol y niveles reducidos de melatonina. Los niveles altos de cortisol y bajos de melatonina antes de acostarse se relacionaron fuertemente con un inicio del sueño retrasado: tardaban alrededor de 50 minutos en dormirse, frente a los 20 minutos habituales.
Dado que el cortisol suele describirse como una hormona del estrés, niveles elevados de esta hormona antes de acostarse podrían causar problemas de sueño, como dificultad para relajarse y conciliar el sueño. Es un resultado importante que debe considerarse antes de que se prescriba a un niño un suplemento de melatonina – lo que podría no ser necesario para ayudar a resolver su problema real de sueño.
Los efectos de las alteraciones del sueño van más allá del propio individuo. Los padres de niños con trastornos del desarrollo a menudo experimentan niveles elevados de estrés y problemas de sueño, porque sus hijos les mantienen despiertos.
Todo esto muestra lo crucial que es que los adolescentes duerman la cantidad adecuada de sueño; de lo contrario, podría tener repercusiones a largo plazo en su salud y en sus calificaciones.
La publicación no implica la aprobación de los puntos de vista por parte del Foro Económico Mundial.
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Autoría: Dagmara Dimitriou es directora de Lifespan Learning & Sleep Lab, Departamento de Psicología y Desarrollo Humano del UCL Institute of Education.
Imagen: Delegados descansan durante un receso de la sesión plenaria de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP 20. REUTERS/Enrique Castro-Mendivil.

