¿Cómo debe usar el ser humano las máquinas?

¿Cómo debe usar el ser humano las máquinas?
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Innovación. Disrupción. Datificación. En cierto modo, vivimos ahora en un valiente nuevo mundo de tecnología y cambio que antes solo imaginaban escritores como H.G. Wells e Isaac Asimov. Pero en esta época de transformación científica sin precedentes, ¿hemos considerado con atención las implicaciones morales y cívicas de lo que se avecina, o estamos, por el contrario, en un camino oscuro como el que soñó George Orwell?

En un debate público el domingo por la tarde, el filósofo político de Harvard Michael Sandel, catedrático Anne T. and Robert M. Bass de Gobierno en la Facultad de Artes y Ciencias, pidió ante un público que agotó las entradas en el Faneuil Hall de Boston que considerara y afrontara algunas preguntas fundamentales: ¿Cuál es el papel, si lo hay, del azar, la casualidad y la imperfección en esta era de máquinas inteligentes, ingeniería genética y big data? ¿Y qué perdemos cuando preferimos el concepto de «hecho por máquinas» al de «tejido por humanos»?

El diálogo fue el acto inaugural de HUBweek, una colaboración inaugural entre la Universidad de Harvard, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, The Boston Globe y el Hospital General de Massachusetts, diseñada para mostrar y aprovechar la multitud de innovaciones e ideas de las comunidades científica, artística y tecnológica de la región. El festival —piénsese en un South by Southwest más friki, pero con menos tatuajes— incluirá 100 eventos cívicos y culturales en Boston y Cambridge, y se extenderá hasta el 10 de octubre.

Las previsiones de mal tiempo habían motivado que el evento, bautizado inicialmente como «The Fenway Forum», se trasladara desde la «pequeña caja lírica» de John Updike hasta esa «cuna de la libertad» al otro lado de la ciudad, el histórico Faneuil Hall de Boston.

Ejerciendo en ocasiones como maestro de ceremonias y árbitro a la vez, Sandel planteó una serie de preguntas provocadoras sobre tecnología y ética a un panel de estrellas procedentes de los ámbitos del arte, la ciencia y la política, entre ellos el violonchelista Yo-Yo Ma ’76; Arianna Huffington, redactora jefe y epónima del Huffington Post; el antiguo presidente de Harvard Lampoon Alexis Wilkinson ’15, actualmente redactor de la comedia política galardonada con el Emmy “Veep”, de HBO; Andrew McAfee, D.B.A. ’99, científico principal de investigación del MIT, autor y cofundador de la MIT Initiative on the Digital Economy; y Sherry Turkle ’69, Ph.D. ’76, catedrática Abby Rockefeller Mauze de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología del MIT. El humorista y exalumno de Harvard Conan O’Brien ’85, así como Pedro Martínez, lanzador del Salón de la Fama de los Boston Red Sox, también intervinieron, con humor y elocuencia, en varios segmentos de vídeo grabados.

Desde hace tiempo conocido en Harvard por su muy popular curso “Justice”, Sandel recorre el mundo ofreciendo sus evocadoras conversaciones filosóficas sobre justicia, ética y democracia, ya sea en línea, en televisión o radio, o ante audiencias en las Casas del Parlamento de Gran Bretaña y en la Ópera de Sídney, en Australia, entre otros lugares.

Sandel pidió al público que expresara su aprobación o desaprobación, usando cartulinas rojas y azules, ante una serie de preguntas que también planteó al panel, como: ¿Es ético el uso de la edición genética para mejorar rasgos humanos, o debería limitarse a eliminar enfermedades o reparar otras afecciones de salud?

Pidió al panel y al público que considerasen cuestiones planteadas por nuevas innovaciones, como: ¿Tienen las aplicaciones impulsadas por algoritmos, como Uber, el deber de garantizar la privacidad de sus usuarios? ¿Podría una aplicación de citas similar a Netflix ser un predictor más fiable de la pareja ideal que los padres o los amigos? ¿Y deberían las aseguradoras poder subir o bajar el precio del seguro de salud según los datos extraídos del Fitbit de alguien?

“Está claro que comenzamos con estas tecnologías y actos llamativos. Pero los debates que mantenemos no tratan realmente de la tecnología al final; en última instancia tratan de nosotros, de cómo deberíamos entender y negociar nuestras relaciones entre nosotros y con el mundo que habitamos”, dijo Sandel.

Una “tensión” en torno a nuestro deseo de salir bien en la escuela o de ser mejores en nuestro trabajo puede llevarnos a sobrevalorar la tecnología que ofrece atajos y comodidad, pero a costa de la buena fortuna, el asombro y la reverencia, afirmó.

“Aspiramos al dominio y al control, a tratar de ampliar nuestra capacidad de controlar nuestras vidas y los acontecimientos tanto como sea posible. Y, sin embargo, hay momentos en los que notamos que el proyecto de dominio sobre la naturaleza, sobre nuestros hijos, nuestras familias y nosotros mismos se queda corto.

“En una época de aplicaciones, ingeniería genética y máquinas inteligentes, ¿podría ser que nuestro impulso hacia el dominio, al menos a veces, empiece a eclipsar o desplazar nuestra capacidad de asombro, de contemplar el mundo en lugar de limitarnos a aspirar a moldearlo? Quizá nuestra humanidad hoy, dados nuestros vastos poderes tecnológicos … exija que al menos a veces refrenemos ese impulso hacia el dominio y el control para proteger y cultivar nuestra capacidad de contemplar el mundo, de asimilarlo.”

En última instancia, cómo utilizan mejor los humanos las máquinas es una cuestión moral esencial que merece un debate cívico sólido, afirmó Sandel, antes de que el avance incremental de la invención nos supere.

“La ciencia y la tecnología pueden hacer cosas maravillosas, pero una de las cosas que no pueden hacer es decirnos cómo deben usarse. Eso depende de nosotros; esa es nuestra responsabilidad como seres humanos y como ciudadanos democráticos.”

Algunos miembros del Silk Road Ensemble de Yo-Yo Ma ofrecieron una apertura musical a la sesión.

Este artículo se publica en colaboración con Harvard Gazette. La publicación no implica el respaldo de los puntos de vista por parte del Foro Económico Mundial.

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Autora: Christina Pazzanese es redactora de plantilla de Harvard.

Imagen: Brazos robóticos realizan soldaduras por puntos en el chasis de una furgoneta Ford Transit durante su montaje en la planta de ensamblaje de Ford Claycomo, en Claycomo. REUTERS/Dave Kaup

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