Por ser de ascendencia armenia, nací en la historia de Asia Menor, una nomenclatura de sonoridad exótica que usaba la generación de mi abuelo al referirse a su tierra natal. Asia Menor se utilizaba indistintamente con Anatolia y Esmirna (Izmir).
Las cifras exactas varían, pero antes de la Primera Guerra Mundial y de la turquización de la región, Asia Menor había sido durante miles de años hogar de varios millones de griegos, varios millones de armenios y otros grupos étnicos no turcos. Una serie de acontecimientos desafortunados ha marcado este periodo de la historia como el «Desastre de Asia Menor». Comenzando a finales del siglo XIX y culminando con el fin de la guerra greco-turca y la quema de Esmirna en 1922, los griegos, los armenios y otras minorías cristianas autóctonas de la región fueron prácticamente erradicados. Un intercambio forzoso de población, mediado por los Aliados de la Primera Guerra Mundial, trasladó a Grecia a los cristianos ortodoxos griegos que quedaban en Anatolia. A cambio, la población turco-musulmana que se encontraba en Grecia fue trasladada a Turquía.
En ese momento, Grecia atravesaba apuros financieros. Agotada por las guerras, la servidumbre por deudas, la Depresión y el desempleo opresivo, a la población desmoralizada de Grecia se sumaron unos 1,3 millones de refugiados griegos. Y luego Grecia incumplió su deuda pública. ¿Le suena familiar?
Para remediar la situación, la Sociedad de Naciones ofreció a Grecia préstamos cuyas condiciones incluían medidas de austeridad severas. Grecia los rechazó. Optó en cambio por dejar flotar el dracma. Se impuso una moratoria de la deuda y aumentó el gasto en infraestructuras. Grecia renegoció las condiciones con sus acreedores y, hacia 1934, la producción industrial y agrícola crecía, el dracma se estabilizaba, el empleo aumentaba, las exportaciones se volvían más competitivas y, en última instancia, Grecia se recuperó. En términos muy básicos, así se recuperó Grecia en el siglo pasado, a pesar de los refugiados.
Algunos derechos reservados.Dado que la mayoría griega votó OXI/NO, uno se pregunta si una recuperación al estilo de los años treinta habría sido plausible. Si Grecia hubiera controlado su moneda, devaluarla de nuevo podría ayudar a salir de la nube oscura de la deflación y la depresión. En este momento, sin embargo, al margen de las capitulaciones, eso no viene al caso; y los refugiados siguen llegando en masa a Grecia. Lo que tenemos, como en el siglo pasado, es otra crisis dentro de una crisis de proporciones épicas.
Situado en un escenario similar al posterior a la Primera Guerra Mundial, se representa otra versión del teatro de Oriente Medio. Impulsados por la geopolítica, guerras feroces y crímenes contra la humanidad (y, quizá, por las políticas económicas neoliberales), los refugiados vuelven a cruzar el Egeo en masa. Aunque los campos de batalla han cambiado, la consolidada ruta de Turquía a Grecia convierte el Mediterráneo oriental en el principal paso hacia la UE.
Un grupo de migrantes camina por el último tramo de su travesía desde Grecia. Stephen Ryan/Flickr. Algunos derechos reservados.En el éxodo del siglo pasado, los griegos y armenios (entre ellos mis antepasados) que buscaron refugio en las islas del Egeo y en la Grecia continental compartían al menos afinidad lingüística, étnica y religiosa. El reasentamiento, aunque forzado, tenía cierta lógica, ya que Grecia representaba la promesa de una patria madre. De igual modo, los sirios de origen armenio, por ejemplo, tienen derecho de retorno a Armenia propiamente dicha. Aunque Armenia tiene poco en común con Siria, los sirioarmenios tienen un lugar al que ir.
No es este el caso de la mayoría de los sirios, con diferencias de etnia, lengua y religión. Así pues, para estos refugiados del siglo XXI, cualquier idea de «regreso al hogar», de reunirse con una patria madre, es inexistente. Dicho esto, Grecia lleva mucho tiempo siendo un país de tránsito, y la mayoría de los refugiados y migrantes que llegan a sus costas tienen otros destinos en mente. Su esperanza de empezar una nueva vida en otras partes de Europa apunta a una responsabilidad compartida de la UE para ayudar a Grecia con la afluencia diaria de refugiados. Sin embargo, en medio de la crisis económica, la crisis de refugiados parece —en cierta medida y aunque resulte inconcebible— menor.
Desde la década de 1990, Grecia ha sido tratada como un país de reasentamiento, al que los solicitantes de asilo documentados serían reubicados eventualmente en los países europeos del norte. Hasta ahora, Grecia ha carecido de la gobernanza, el personal y los recursos suficientes para gestionar su desmesurado número de solicitantes de asilo. Esa responsabilidad recae, en cambio, en un puñado de ONG de socorro y en ciudadanos griegos particulares, lo que a la vez acentúa la tan necesaria cooperación y asistencia de la UE y la ONU, así como la indecisión de dichas organizaciones al respecto.Un niño procedente de Irak se encuentra con su familia en la puerta del centro de registro de Kos.
Efectivamente, el Comité Internacional de Rescate, una ONG que asiste a refugiados de conflictos en las regiones más pobres del mundo, ha enviado recientemente un equipo de emergencia a Lesbos donde siguen llegando miles de refugiados. La incapacidad de la UE para respaldar a Grecia significa que el IRC tiene que enviar personal no solo a las regiones más pobres del mundo, sino también a las más ricas, lo que, según el IRC, es un triste reflejo de la respuesta de la UE en Grecia.
Según la página de Migración y Asuntos de Interior de la Comisión Europea, página web del Fondo para Refugiados: “el número de solicitantes [de asilo] no se distribuye equitativamente entre los países de la UE. Algunos países afrontan mayores presiones sobre sus capacidades de acogida y sus sistemas de asilo debido a la afluencia desproporcionadamente grande de solicitantes de asilo en sus territorios. La solidaridad europea con estos países de la UE se garantiza mediante la cooperación práctica, la armonización de la legislación y el Fondo Europeo para los Refugiados.”
Más garantías de ayuda se declaran en la página web del Fondo de Asilo, Migración e Integración. “Los Estados de la UE más afectados por los flujos migratorios y de asilo pueden contar con la solidaridad de otros Estados de la UE.”
Algunos derechos reservados.«Solidaridad»: esta palabra se repite hasta la saciedad en relación con el compromiso de la UE de rescatar a Grecia del colapso económico, así como con su compromiso de ayudar a los países fronterizos con los refugiados.
En cierto contraste con las promesas de cooperación, solidaridad y preservación se encuentra el Reglamento de Dublín, que atribuye a los migrantes la responsabilidad de tramitar su caso en el primer país de llegada. De hecho, los refugiados y migrantes dependen del Reglamento de Dublín para obtener asilo con rapidez. Esto carga aún más a los países fronterizos, ya de por sí vulnerables, con una responsabilidad que, supuestamente, debería compartirse.
En un informe publicado el 1 de julio de 2015 por el ACNUR, se reitera la solidaridad de la UE, al citarse como necesitadas de apoyo urgente las insuficientes instalaciones de acogida y ayuda de Grecia. El informe concluye que se producen desequilibrios, ya que Grecia e Italia siguen recibiendo la mayor parte de los refugiados que llegan por mar, y que, además, la situación es insostenible. Las necesidades están claramente expuestas, pero la acción correctiva real sobre el terreno tarda en llegar. Parece haber una discrepancia entre los elevados ideales humanitarios que la UE y la ONU proclaman en teoría y su práctica. Defender los derechos de los refugiados y migrantes apela a una sensibilidad colectiva benevolente, pero, según se nos dice, los miembros de la UE aún no han decidido cómo responder.
Cuando era niño, mi abuelo citaba a menudo frases de su cuento favorito de William Saroyan titulado «Un armenio y un armenio» (1935). La última línea resume especialmente la explicación de mi abuelo sobre cómo ellos, refugiados de Asia Menor del siglo XX, se recuperaron en el siglo pasado. «Porque cuando dos [armenios] se encuentran en cualquier lugar del mundo, a ver si no crean una Nueva Armenia.»
Aunque hay mucho que decir sobre la fortaleza del espíritu humano, en particular cuando dos o más se unen, en el momento de la catástrofe de Asia Menor del siglo pasado, su recuperación también se produjo gracias a la intervención de la comunidad internacional. Fueron los medios de comunicación los que ayudaron a captar la atención internacional. Se publicaron cientos de crónicas en el New York Times, el Christian Science Monitor y el Los Angeles Times, desde finales de los años 1890 hasta 1923. La cobertura mediática de Asia Menor fue inestimable para aportar pruebas de los desastres. Después de la Primera Guerra Mundial, el interés público por la catástrofe de Asia Menor del siglo XX decayó. Ese hecho, sin embargo, no resta valor a la misión de los medios de informar y empoderar a la ciudadanía para tomar decisiones adecuadas.
Con todo, sí lleva a preguntarse qué hará falta para que se lleve a cabo la labor de socorro a los refugiados, en Grecia en particular. Autores como Richard Wolff han señalado que, si bien la «pornografía del desastre» puede lograr concienciar sobre las crisis, por sí sola carece de capacidad movilizadora. Asustar a la gente o hacerla sentir culpable no consigue aprovechar su buena voluntad. Pasado un tiempo, el desfile de imágenes de refugiados en balsas parece tener un efecto adormecedor en el espectador.
Se dice que «como va Grecia, va el mundo». El refrán afirma que nada ocurre aisladamente, que Grecia, repleta de refugiados y problemas económicos, es un microcosmos de lo que sucede en todo el mundo. La migración, sea cual sea su motivo, forma parte de un contexto más amplio, uno que está inextricablemente entrelazado con el mundo en su conjunto. En el caso de Grecia, quienes llegan a sus costas no son migrantes, sino refugiados que huyen para salvar sus vidas.
“La respuesta de la UE a la crisis general en Grecia debería tener en cuenta tanto la parte desproporcionadamente grande de responsabilidad de Grecia respecto a los solicitantes de asilo como los derechos y el bienestar de los propios solicitantes de asilo… Mientras todos sienten los efectos de la crisis económica en Grecia, quienes están en los márgenes, como los migrantes y los solicitantes de asilo, son especialmente vulnerables. La UE puede y debe hacer más para ayudar a estas víctimas, a menudo olvidadas”, afirma Eva Cossé, de Human Rights Watch.
Reconozco que escribo esta entrada desde la posición privilegiada que me concede ser norteamericano. No obstante, como heredero indirecto de la primera catástrofe de Asia Menor, al margen de los vínculos étnicos y sentimentales, escribo para dejar constancia de la repetición de la historia y, además, para exigir a la UE y a la ONU que cumplan sus compromisos con Grecia, Italia y España, así como con los demás países de entrada que luchan por ayudar a los refugiados. Otra catástrofe de Asia Menor ya está en marcha y no hay tiempo para más deliberaciones. ¿Cuánto más deberán esperar los refugiados de Asia Menor de hoy para obtener una solución? Nike, la diosa griega de la victoria, nació en Asia Menor. En su jerga estadounidense, dirigida a la UE y a la ONU para que cumplan sus promesas: «Simplemente háganlo».
Este artículo se publica en colaboración con openDemocracy. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Mischa Geracoulis escribe sobre justicia social y sanitaria, derechos humanos, identidad cultural y choque de culturas, fortalecimiento de capacidades y la condición humana multifacética.
Imagen: Un migrante camina hacia Gevgelija, en Macedonia, tras cruzar la frontera de Grecia con Macedonia. REUTERS/Ognen Teofilovski

