El año pasado fue notable por sus logros científicos: en 2014, investigadores europeos descubrieron una nueva partícula fundamental que arroja luz sobre los orígenes del universo, y la Agencia Espacial Europea logró aterrizar la primera nave espacial en un cometa. Mientras tanto, investigadores chinos desarrollaron la supercomputadora más rápida del mundo y descubrieron nuevas formas de satisfacer la demanda mundial de alimentos.
Pero, mientras estos competidores aumentan su inversión en investigación básica, el porcentaje del presupuesto federal de Estados Unidos destinado a investigación y desarrollo ha caído de alrededor del 10 por ciento en 1968 a menos del 4 por ciento en 2015.
Hoy, el MIT publicó un informe en el que profesores y otros investigadores detallan los efectos concretos, dentro de sus campos, de esta disminución de la inversión federal en investigación básica. El informe —«The Future Postponed: Why Declining Investment in Basic Research Threatens a U.S. Innovation Deficit»— fue elaborado por un comité de investigadores y administradores de investigación del MIT. Al examinar cómo los recortes de financiación afectarán al futuro de los estudios científicos en Estados Unidos, el informe destaca oportunidades en la investigación básica que podrían ayudar a moldear y mantener el poder económico estadounidense y beneficiar a la sociedad.
El informe se presentó públicamente durante un acto en Washington patrocinado por la American Association for the Advancement of Science, la Association of American Universities, la Association of Public and Land-grant Universities, la Information Technology and Innovation Foundation, la Science Coalition y el MIT.
Marc Kastner, profesor Donner de Física del MIT y presidente de la Science Philanthropy Alliance, afirma que el informe examina los desafíos que afrontan Estados Unidos y el mundo en diversos campos —desde la ciberseguridad y la robótica hasta la biología vegetal y las enfermedades infecciosas— y detalla los posibles beneficios, en cada uno, de un mayor respaldo del Gobierno federal estadounidense a la investigación básica.
«Aunque el beneficio de cualquier iniciativa científica concreta es impredecible, no cabe duda de que invertir en investigación básica siempre ha dado frutos con el tiempo», afirma Kastner. «Los economistas nos dicen que las inversiones pasadas en investigación y desarrollo representan una gran parte de nuestro PIB actual y, aunque los beneficios futuros no sean tan grandes, no cabe duda de que saldremos perjudicados si no seguimos el ritmo de las naciones que ahora están invirtiendo más que nosotros».
En «The Future Postponed», los investigadores del MIT analizan 15 ámbitos específicos que necesitan apoyo gubernamental y destacan las posibles oportunidades en esos campos. Por ejemplo, el informe señala la necesidad de ampliar la investigación en neurobiología, química cerebral y ciencia del envejecimiento para desarrollar nuevos tratamientos contra la enfermedad de Alzheimer.
«La comparación entre la enfermedad de Alzheimer y el cáncer es aleccionadora», explica Andrew Lo, profesor Charles E. y Susan T. Harris de la MIT Sloan School of Management. «Entre enero de 2012 y marzo de 2015, la [Food and Drug Administration] aprobó 27 nuevos fármacos contra el cáncer, dos de ellos dirigidos al cáncer de mama, una afección que afecta a 2,9 millones de mujeres en Estados Unidos. En cambio, no se ha aprobado ningún nuevo fármaco contra el Alzheimer en más de una década, pese a que más de 5 millones de estadounidenses padecen esta enfermedad».
Chris Kaiser, profesor Amgen del Departamento de Biología del MIT, destaca la importancia de ampliar la investigación universitaria sobre nuevos tipos de antibióticos para hacer frente a la creciente amenaza para la salud que representan las bacterias resistentes a los antibióticos, un ámbito en el que faltan incentivos comerciales para invertir. También señala que hace falta financiación para investigar los mecanismos moleculares y la estructura de virus específicos con el fin de desarrollar vacunas y fármacos eficaces que permitan prepararse para futuras epidemias virales.
Ron Weiss, profesor asociado de ingeniería biológica e ingeniería eléctrica y ciencias de la computación del MIT, y el investigador asociado Jonathan Babb sostienen que la investigación en biología sintética podría conducir a tratamientos personalizados para enfermedades genéticas, virus modificados que identifiquen y destruyan células cancerosas o combustibles respetuosos con el clima; sin embargo, la falta de inversión en instalaciones de laboratorio está provocando que los mejores talentos y líderes de investigación se trasladen al extranjero.
Los autores del informe también mencionan las previsiones de que la población mundial crecerá de 7.000 millones a 9.000 millones para 2040, mientras que la falta de tierras cultivables hará necesario aumentar un 50 por ciento la eficiencia de la producción de alimentos. Aunque las innovaciones en ciencias vegetales serán necesarias para satisfacer las necesidades alimentarias mundiales y combatir la malnutrición, Mary Gehring, profesora adjunta de Biología del MIT, escribe que la inversión estadounidense en investigación y desarrollo básicos relacionados con las plantas está muy por debajo de la destinada a muchas otras disciplinas científicas, pese a que la agricultura genera más de 2 millones de empleos en Estados Unidos y es una fuente importante de ingresos por exportaciones.
Otro estudio de caso examina los ciberataques, que, según explica Howard Shrobe, investigador científico principal del Computer Science and Artificial Intelligence Lab (CSAIL) del MIT, no solo son una molestia, sino que también representan una amenaza para la seguridad nacional. Shrobe señala que se necesita inversión para respaldar el rediseño de los sistemas informáticos y eliminar importantes vulnerabilidades de seguridad en ámbitos como la arquitectura informática y la autorización de acceso.
Además, los autores del informe subrayan que Estados Unidos tiene la oportunidad de asumir un papel de liderazgo mundial en ámbitos como la investigación sobre energía de fusión, la robótica y las tecnologías de información cuántica.
Kastner explica la importancia de apoyar la investigación básica señalando que estas iniciativas suelen producir resultados inesperados que cambian vidas, como ocurrió con la investigación básica en ciencia y matemáticas que condujo al desarrollo de la resonancia magnética, o MRI: «Con total imprevisibilidad, la investigación en ciencia básica a veces nos brinda una nueva tecnología que cambia nuestro mundo», afirma.
Este artículo se publica en colaboración con MIT News. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
Para mantenerse al día con la Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Abby Abazorius trabaja en la Oficina de Noticias del MIT.
Imagen: Un estudiante de MBA trabaja con una computadora en una biblioteca del Management Development Institute (MDI), en Gurgaon. REUTERS/Adnan Abidi.

