La capacidad de los robots para desplazarse de forma autónoma y realizar una gama cada vez más amplia de tareas ha cautivado la imaginación de los escritores durante casi un siglo. Recientemente, los robots han salido de las páginas de las novelas de ciencia ficción para entrar en el mundo real, y las conversaciones sobre sus posibles efectos económicos se han vuelto omnipresentes (véanse, por ejemplo, The Economist 2014, Brynjolfsson y McAfee 2014). Pero un problema importante frena estas conversaciones: hasta ahora no se ha realizado ningún análisis empírico sistemático de los efectos que los robots ya están teniendo.
En un trabajo reciente empezamos a abordar este problema (Graetz y Michaels 2015). Compilamos un nuevo conjunto de datos que abarca 14 sectores (principalmente industrias manufactureras, pero también agricultura y servicios públicos) en 17 países desarrollados (incluidos países europeos, Australia, Corea del Sur y EE. UU.). De manera singular, nuestro conjunto de datos incluye una medida del uso de robots industriales en cada sector de cada uno de estos países, así como de cómo ha cambiado entre 1993 y 2007. Obtenemos información sobre otros indicadores de desempeño económico de la base de datos EUKLEMS (Timmer et al. 2007).
Encontramos que los robots industriales aumentan la productividad laboral, la productividad total de los factores y los salarios. Al mismo tiempo, aunque los robots industriales no tuvieron un efecto significativo en el total de horas trabajadas, hay indicios de que redujeron el empleo de trabajadores con pocas cualificaciones y, en menor medida, también el de trabajadores con cualificaciones medias.
Un primer vistazo
¿Qué son exactamente los robots industriales? Nuestros datos sobre estos robots proceden de la Federación Internacional de Robótica (IFR). La IFR considera que una máquina es un robot industrial si se puede programar para realizar tareas físicas relacionadas con la producción sin necesidad de un controlador humano. (La definición técnica se refiere a un «robot industrial manipulador, según la definición de ISO 8373: manipulador multipropósito, reprogramable y controlado automáticamente, programable en tres o más ejes, que puede estar fijo o ser móvil y utilizarse en aplicaciones de automatización industrial».) Los robots industriales amplían drásticamente las posibilidades de sustituir el trabajo humano en comparación con tipos de máquinas anteriores, ya que reducen la necesidad de intervención humana en los procesos automatizados. Entre las aplicaciones típicas de los robots industriales se encuentran el ensamblaje, la dispensación, la manipulación, el procesamiento (por ejemplo, el corte) y la soldadura —todas ellas frecuentes en las industrias manufactureras—, además de la cosecha (en la agricultura) y la inspección de equipos y estructuras (habitual en las centrales eléctricas).
El rápido cambio tecnológico redujo los precios de los robots industriales (ajustados por los cambios de calidad) alrededor de un 80 % durante nuestro período de muestra. Como era de esperar, el uso de robots creció drásticamente. Entre 1993 y 2007, la proporción entre el número de robots y las horas trabajadas aumentó en promedio alrededor de un 150 %. El aumento del uso de robots fue especialmente pronunciado en Alemania, Dinamarca e Italia. Los sectores que incrementaron más rápidamente el uso de robots fueron los fabricantes de equipos de transporte, las industrias químicas y las industrias metalúrgicas.
Para estimar el impacto de los robots, aprovechamos la variación entre sectores y países, y a lo largo del tiempo. Comprobamos la solidez de nuestros resultados de mínimos cuadrados ordinarios (OLS) mediante la inclusión de un gran número de variables de control y la consideración de métodos alternativos para medir el insumo de robots. Surge un panorama coherente en el que los robots parecen aumentar la productividad sin provocar una reducción del total de horas trabajadas.
Abordar la causalidad inversa
¿Podría ser que un mayor crecimiento de la productividad provoque un aumento más pronunciado del uso de robots, en lugar de que ocurra lo contrario? Para abordar esta cuestión y otras preocupaciones relacionadas, y arrojar más luz sobre el efecto causal de los robots, desarrollamos una nueva estrategia de variables instrumentales. Nuestro instrumento para el aumento del uso de robots es una medida de la posibilidad de que los robots sustituyan a los trabajadores, basada en las tareas prevalentes en los sectores antes de que los robots se utilizaran ampliamente. En concreto, cotejamos los datos sobre las tareas que realizan hoy los robots industriales con datos sobre tareas similares realizadas por trabajadores estadounidenses en 1980, antes de que se usaran robots. Luego calculamos la fracción de las horas de trabajo de cada sector en 1980 correspondiente a ocupaciones que posteriormente quedaron expuestas a la sustitución. Nuestro índice sectorial de «posibilidad de sustitución» predice con fuerza el aumento del uso de robots entre 1993 y 2007.
Cuando usamos nuestro instrumento para captar las diferencias en el aumento del uso de robots, volvemos a encontrar que los robots elevaron la productividad y no detectamos ningún efecto significativo en las horas trabajadas. Como comprobación importante de la validez de este ejercicio, no encontramos una relación significativa entre la posibilidad de sustitución y el crecimiento de la productividad en el período anterior a la adopción de robots.
Calculamos de forma conservadora que, en promedio, el mayor uso de robots contribuyó alrededor de 0,37 puntos porcentuales al crecimiento anual del PIB, lo que representa más de una décima parte del crecimiento total del PIB durante este período. La contribución al crecimiento de la productividad laboral fue de alrededor de 0,36 puntos porcentuales, equivalente a una sexta parte del crecimiento de la productividad. Esto sitúa la contribución de los robots a la economía agregada aproximadamente al nivel de tecnologías importantes anteriores, como los ferrocarriles en el siglo XIX (Crafts 2004) y las autopistas estadounidenses en el siglo XX (Fernald 1999). Los efectos también son bastante comparables a las contribuciones recientes de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC; véase, por ejemplo, O’Mahoney y Timmer 2009). Sin embargo, cabe señalar que los robots representan poco más del dos por ciento del capital, una proporción muy inferior a la de anteriores motores tecnológicos del crecimiento.
Debate y conclusión
Nuestros hallazgos sobre el impacto agregado de los robots son interesantes a la luz de las recientes preocupaciones de la literatura macroeconómica de que las ganancias de productividad derivadas de la tecnología en general podrían haberse ralentizado. Gordon (2012, 2014) expresa una visión particularmente pesimista, y existen inquietudes más amplias sobre el estancamiento macroeconómico secular (Summers 2014, Krugman 2014), aunque otros siguen siendo más optimistas (Brynjolfsson y McAfee 2014). Esperamos que los efectos beneficiosos de los robots se prolonguen en el futuro a medida que se desarrollen nuevas capacidades robóticas y maduren los robots de servicio. Nuestros hallazgos también exigen cautela: hay indicios de rendimientos marginales decrecientes del uso de robots o de efectos de congestión, por lo que los robots no son una panacea para el crecimiento.
Aunque no encontramos indicios de un impacto negativo de los robots en el empleo agregado, observamos un panorama más matizado al desglosar el empleo (y la masa salarial) por grupos de cualificación. Los robots parecen reducir las horas trabajadas y la proporción de la masa salarial de los trabajadores con pocas cualificaciones y, en menor medida, también de los trabajadores con cualificaciones medias. No tienen un efecto significativo en el empleo de los trabajadores altamente cualificados. Este patrón difiere del efecto que han encontrado trabajos recientes para las TIC, que parecen beneficiar a los trabajadores altamente cualificados a expensas de los trabajadores con cualificaciones medias (Autor 2014, Michaels et al. 2014).
En otros resultados, encontramos que los robots industriales aumentaron la productividad total de los factores y los salarios. Al mismo tiempo, no encontramos ningún efecto significativo de estos robots en la participación del trabajo.
En resumen, encontramos que los robots industriales contribuyeron significativamente a la productividad laboral y al crecimiento agregado, y también aumentaron los salarios y la productividad total de los factores. Aunque no se han materializado los temores de que los robots destruyeran empleos a gran escala, encontramos algunos indicios de que redujeron el empleo de trabajadores con pocas y medianas cualificaciones.
Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Georg Graetz es profesor adjunto en el Departamento de Economía de la Universidad de Uppsala. Guy Michaels es profesor asociado en el Departamento de Economía de LSE; investigador afiliado de CEPR.
Imagen: Brazos robóticos realizan soldaduras por puntos en el chasis de una furgoneta Ford Transit en montaje en la planta de ensamblaje de Ford Claycomo. REUTERS/Dave Kaup

