«Este dengue se ha convertido en una calamidad», dijo Saad Azeem en septiembre de 2011. No exageraba. Azeem, un policía de 45 años, estaba «en casa sufriendo fiebre y lamentando la muerte de su anciano padre». He wasn’t exaggerating. Azeem, a 45 year-old police officer, was “at home suffering from the fever and mourning the death of his elderly father.”
Lamentablemente, no fue el caso solo de Azeem. Todos se vieron afectados en Lahore, la capital de Punyab, la provincia más poblada de Pakistán. La fiebre no discriminaba. Los mosquitos del dengue afectaban tanto a pobres como a ricos, a mayores y a jóvenes. De las más de 12.000 personas infectadas en Pakistán, al menos 10.000 residían en Lahore.
Fue un desastre.
También fue una crisis política porque Lahore es una ciudad crucial para la política de Pakistán. Al no vislumbrar el fin, Shahbaz Sharif, ministro principal de Punyab, estaba dispuesto a probar cualquier cosa.
Se pidió a prácticamente todo el gobierno que luchara contra el dengue. Los funcionarios de salud capacitaron a médicos. Los maestros instruyeron a los alumnos en las escuelas sobre prevención y tratamiento. Las autoridades pusieron en marcha líneas de ayuda y una campaña de concienciación.
Pero los avances no eran satisfactorios. Los ciudadanos estaban aterrados. Sharif quería hacer más para eliminar la fiebre, pero no tenía forma de averiguar dónde se producían nuevas infecciones.
Según Logged On, Smart Government Solutions from South Asia, un informe del Banco Mundial, el gobierno decidió entonces utilizar teléfonos inteligentes para supervisar las actividades contra el dengue y rastrear dónde aparecían nuevos casos. Pero la temporada del dengue estaba llegando a su fin, por lo que también se aplazó la idea de usar teléfonos inteligentes para identificar problemas y patrones de la epidemia.
Como de costumbre, la temporada del dengue regresó en 2012. Pero esta vez, las actividades contra el dengue se registraban mediante una aplicación. El Dr. Umar Saif, el entonces joven y enérgico presidente de the Punjab Information Technology Board (PITB), recibió del gobierno el encargo de desarrollar una solución para combatir el dengue.
El PITB desarrolló una aplicación para registrar las actividades contra el dengue. Se entregaron teléfonos inteligentes a todos los integrantes de los equipos de seguimiento del dengue. Tomaban fotografías georreferenciadas que se mostraban en directo. Una vez recopilados los datos, Saif dirigió el proceso de análisis para averiguar dónde debía centrar el gobierno sus actividades preventivas.
Este nuevo panel permitió a los funcionarios, incluido el ministro principal, hacer un seguimiento de los avances. Usó el panel en sus reuniones para garantizar «que no se descuidara ninguna zona vulnerable o afectada».
La aplicación marcó la diferencia. En 2012 se confirmaron 258 casos de dengue en Lahore: 80 veces menos que en 2011, cuando hubo (incluso según estimaciones conservadoras) al menos 21.000 casos de dengue.
Esta publicación apareció originalmente en The World Bank Governance for Development Blog.
La publicación no implica el respaldo del Foro Económico Mundial a las opiniones expresadas.
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Autor: Ravi Kumar es estratega digital en la Práctica Global de Gobernanza del Banco Mundial.
Imagen: Un hombre exhibe redes contra mosquitos para la venta en un árbol junto a una carretera en Islamabad. REUTERS/Faisal Mahmood

