Hace veinticinco años, el estado de la salud pública de las grandes poblaciones se parecía al de un médico que intenta tratar a un paciente sin un diagnóstico adecuado. Las enfermedades y lesiones que acortaban vidas y causaban sufrimiento generalizado no se registraban de forma rigurosa.
Entonces, los defensores bienintencionados de distintas enfermedades publicaban cifras de fallecidos que les ayudaban a justificar la financiación y la atención. Pero, al sumar todas las cifras, el total era muchas veces superior al número de personas que realmente murieron en un año determinado. Y, aun cuando los responsables de políticas disponían de datos precisos, normalmente solo incluían las causas de muerte, no las enfermedades que afectaban a los vivos.
Para abordar este problema, Alan Lopez y yo lanzamos el proyecto Global Burden of Disease (GBD) en 1990. Los responsables de la toma de decisiones necesitan información sobre las mayores amenazas para la salud en el mundo y sobre cómo han cambiado con el tiempo, por grupos de edad y por sexo, para asegurar que todas las personas tengan la oportunidad de vivir la vida más larga y saludable posible.
Al garantizar que cada muerte se cuente una sola vez y al ofrecer estadísticas exhaustivas sobre las causas de mala salud, la GBD puede comparar el impacto del cáncer con el del dolor lumbar o la depresión. También permite comparar el desempeño de los sistemas sanitarios entre países.
El estudio de 1990 de la GBD y sus revisiones posteriores elevaron el listón de la medición de la salud poblacional, al proporcionar a los responsables de políticas información más fiable y útil. También abrió los ojos de la comunidad internacional del desarrollo ante la importancia de dolencias desatendidas, como los trastornos mentales y las lesiones por accidentes de tráfico. Donantes como el Banco Mundial y la Fundación Bill & Melinda Gates utilizan los datos de la GBD para orientar sus inversiones, y más de 30 países han llevado a cabo sus propios estudios sobre la carga de enfermedad.
Países como Australia, Botsuana, China, México, Noruega, Ruanda, Arabia Saudita y el Reino Unido utilizan los hallazgos de la GBD para fundamentar sus políticas sanitarias. En China, los resultados del proyecto GBD, presentados en una cumbre de políticas en 2013, sensibilizaron a la opinión pública sobre el impacto mortal de la contaminación atmosférica en la población del país. Esos hallazgos contribuyeron a orientar los esfuerzos del Gobierno chino para frenar los efectos negativos de la contaminación en la salud, y los investigadores chinos son ahora miembros clave del esfuerzo colaborativo mundial.
En Ruanda, cuando el estudio de la GBD reveló que la contaminación del aire en interiores por cocinar con combustibles sólidos era una de las principales causas de muerte, el Gobierno puso en marcha un programa para distribuir un millón de cocinas limpias entre los hogares más vulnerables. Los científicos ruandeses y los funcionarios del Ministerio de Salud –incluida la propia ministra – son contribuyentes importantes de la GBD.
Hoy en día, la GBD mejora constantemente gracias al trabajo de más de 1.300 colaboradores en 114 países. Estos colaboradores perfeccionan los modelos en los que se basa el proyecto, validan los resultados de los estudios, aportan nuevos conjuntos de datos y comunican los resultados a medios de comunicación, instituciones educativas y responsables de políticas. El último estudio de la GBD reveló que otra enfermedad rara vez tratada en los círculos del desarrollo internacional, el dolor lumbar y de cuello, es la cuarta mayor causa de pérdida de salud a nivel mundial. También puso de relieve el rápido ritmo de la transición epidemiológica en los países de ingresos medios y la persistencia de los trastornos transmisibles, maternos, neonatales y nutricionales en África subsahariana.
Pero la GBD podría hacer más para informar los debates de políticas e impulsar la acción en favor de la salud si pudiera ofrecer desgloses de datos más detallados. Los responsables de políticas rinden cuentas, ante todo, a sus ciudadanos, cuyas necesidades particulares deben atender. Las estimaciones de la carga de enfermedad a nivel local serán esenciales para combatir afecciones como el ébola, frenar el creciente número de víctimas de enfermedades no transmisibles en los países de ingresos medios y cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible relativos a la salud materna e infantil en África subsahariana.
Para ayudar a los responsables de políticas a aprovechar mejor sus datos, el Institute for Health Metrics and Evaluation, que dirijo, está creando mapas geoespaciales de la carga de enfermedad con un nivel de resolución sin precedentes. Crear estos mapas es posible gracias a los métodos desarrollados por el Malaria Atlas Project, que ha permitido comprender mejor la distribución espacial de la malaria que la de cualquier otro patógeno.
Los mapas geoespaciales pueden señalar las zonas que progresan de forma excepcional, lo que permite identificar comunidades que han hecho las cosas de manera distinta a sus vecinas. Estos estudios de caso pueden animar a las comunidades a replicar los éxitos de otras. Un ejemplo es Cali (Colombia), que redujo las tasas de homicidio en la década de 1990 después de que su alcalde, Rodrigo Guerrero, endureciera las restricciones al alcohol, introdujera programas de desarrollo comunitario en los barrios más empobrecidos e impusiera prohibiciones temporales de armas de fuego en lugares públicos.
El alcalde de Bogotá, capital de Colombia, conoció el programa de Cali e implementó medidas similares, que han contribuido a reducir de forma constante los homicidios en la ciudad. Desde entonces, Guerrero ha trabajado con el Banco Interamericano de Desarrollo para elaborar programas que ayudan a otros países latinoamericanos a reducir la violencia en sus comunidades. En 2014, Guerrero recibió el Premio Roux por su uso de datos para mejorar la salud, lo que dio mayor visibilidad a su labor. La cartografía geoespacial nos ayudará a identificar a más Rodrigo Guerrero y a dar visibilidad a sus logros.
Mientras la comunidad internacional se pone de acuerdo sobre las herramientas necesarias para financiar y supervisar los avances hacia el marco que sucede a los ODM, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la cartografía geoespacial será fundamental para seguir el progreso e indicar dónde podrían ser necesarios ajustes de rumbo. Hemos avanzado mucho desde 1990 en materia de medición de la salud. Con esfuerzos centrados e innovación adicional, podemos lograr aún más progresos en los próximos 25 años para ayudar al mundo a sacar el máximo partido de nuestras inversiones sanitarias colectivas.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
Para estar al día con la Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Christopher J.L. Murray es profesor de Salud Mundial en la Universidad de Washington y director del Institute for Health Metrics and Evaluation.
Imagen: Científico prepara soluciones para pruebas. REUTERS/Suzanne Plunkett.

