¿Cómo llegamos exactamente a ser quienes somos? Un estudio publicado a principios de esta semana reveló que existen grandes diferencias regionales de personalidad en el Reino Unido.
Por ejemplo, los londinenses son más extrovertidos, mientras que los habitantes del norte de Inglaterra y de algunas zonas del este de Escocia son más tranquilos e introvertidos. Los escoceses tienen personalidades muy afables, mientras que quienes viven en Londres y en algunas zonas del este de Inglaterra muestran bajos niveles de afabilidad y son descritos en el estudio como «poco cooperativos, conflictivos e irritables».
Además, el estudio constató que estas diferencias se relacionan de manera significativa con los resultados socioeconómicos regionales, como las tendencias de voto, los hábitos de salud, el nivel educativo y la tolerancia social.
La investigación fue reseñada por la BBC con la sugerencia de que las personas con determinados rasgos de personalidad quizá se adapten mejor a ciertos lugares del país. Pero en esa sugerencia está implícita la idea de que la personalidad es fija, y de ningún modo es así.
La ciencia de la personalidad
Tras décadas de investigación, los psicólogos comprenden bastante bien el componente psicológico que nos acompaña de una situación a otra; es decir, nuestra personalidad.
En el nivel más general, quienes somos se compone de cinco dimensiones de personalidad: nuestra tendencia a ser afables, concienzudos, extrovertidos, emocionalmente estables y abiertos a la experiencia. Sin embargo, todavía se entiende poco cómo se desarrolla la personalidad a lo largo de la vida, y apenas empezamos a descubrir que podría tener importantes repercusiones socioeconómicas.

Mapas de calor de las personalidades en el Reino Unido. El azul indica valores relativamente bajos y el rojo, relativamente altos.
Rentfrow et al./PLOS ONE
La idea de que la personalidad permanece más o menos fija a lo largo de la vida ha sido una creencia popular durante años en la psicología de la personalidad. Se pensaba que los cambios debidos a factores biológicos se producían hasta alrededor de los 30 años, momento en que se suponía que la personalidad quedaba fijada para siempre. Esta creencia se ha extendido por toda la sociedad y, comprensiblemente, puede haber llevado a muchos a pensar —con bastante desánimo— que es imposible cambiar.
Es posible cambiar
Sin embargo, aunque la personalidad suele ser estable de una situación a otra, eso no significa que no pueda cambiar o que no cambie con el tiempo. Tradicionalmente, los investigadores de la personalidad han prestado poca atención a los aspectos del cambio a largo plazo, pero ahora existen pruebas sustanciales que demuestran que nuestras personalidades siguen cambiando a lo largo de la vida.
Dado el trabajo reciente que vincula la personalidad regional con los resultados socioeconómicos regionales, es peligroso insinuar que la personalidad es fija. Esto puede llevar a la afirmación errónea de que, de algún modo, las personas merecen las circunstancias en las que se encuentran.
Recientemente publicamos un estudio que demuestra que el desempleo, un acontecimiento vital importante que podría afectarnos a cualquiera, puede reprogramarnos fundamentalmente al cambiar nuestra personalidad esencial: nos volvemos menos afables, menos concienzudos y menos abiertos al mundo que nos rodea. Así pues, las diferencias regionales de personalidad observadas en la investigación reseñada por la BBC podrían ser, en realidad, resultado de las propias condiciones socioeconómicas.
Una clave para la felicidad
En los últimos años ha habido un movimiento para promover el bienestar en nuestras sociedades. Se sabe desde hace mucho que, una vez satisfechas las necesidades materiales básicas, el aumento de los ingresos deja de ser la clave para alcanzar un mayor bienestar. Los factores más importantes son las relaciones sociales, la salud mental y, por supuesto, nuestra personalidad.
La personalidad es uno de los predictores más sólidos y constantes de un mayor bienestar. Ser afables, concienzudos, extrovertidos, emocionalmente estables y abiertos a la experiencia se relaciona, en todos los casos, con un mayor bienestar. Nuestra personalidad también puede ayudarnos a afrontar circunstancias vitales difíciles y traumáticas, algo que casi todo el mundo tendrá que hacer en algún momento de su vida.
La manera en que afrontamos acontecimientos difíciles, como una discapacidad o el desempleo, depende en gran medida de nuestra personalidad. Por ejemplo, ser afable, quizá gracias a relaciones de mejor calidad, parece ayudar a las personas cuando adquieren una discapacidad.
Desarrollo de la personalidad
Nuestra investigación también ha demostrado que las personalidades tienen tantas probabilidades de cambiar como muchos factores socioeconómicos, entre ellos cuánto ganamos. De hecho, la personalidad puede contribuir mucho más a los cambios en muchos indicadores del bienestar. Por ejemplo, se ha observado que el asesoramiento psicológico e incluso enteógenos potentes como los hongos psicodélicos pueden favorecer grandes cambios positivos de personalidad. Quizá avanzaríamos más rápido hacia un mayor bienestar si prestáramos más atención a quiénes somos, en lugar de a lo que tenemos.
Al comprender mejor el cambio de personalidad, podríamos avanzar hacia una sociedad que reconociera el desarrollo de la personalidad como una iniciativa valiosa. Podríamos intentar limitar el profundo daño psicológico causado por acontecimientos vitales difíciles, como el desempleo, y apoyar de manera más general el crecimiento psicológico.
Parece que podemos cambiar y que, en las circunstancias adecuadas, ese cambio puede ser positivo y significativo. Si comprendemos y tenemos en cuenta nuestra personalidad de manera más amplia, quizá descubramos beneficios importantes para la calidad de vida.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lea el artículo original.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Christopher Boyce es investigador asociado en el Centre for Behavioural Science de la University of Stirling.
Imagen: Una mujer con un libro está sentada en un banco de la zona de salidas del aeropuerto de Fraport, en Fráncfort. REUTERS/Lisi Niesner

