¿Cómo nos protegemos de las bacterias marcianas?

¿Cómo nos protegemos de las bacterias marcianas?
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Los descubrimientos fabulosos suelen ir seguidos de trabajo burocrático sumamente aburrido, como la comprobación y recomprobación de datos, gráficos, análisis estadísticos y conclusiones. El anuncio de esta semana, según el cual los científicos habían encontrado indicios de agua salobre en Marte, habrá llevado a muchos expertos a recurrir a la letra pequeña de Nasa Policy Directive 8020.7G.

La directiva es lectura obligada para quienes envían naves espaciales en busca de vida extraterrestre. Codifica la etiqueta de la «protección planetaria»: impedir que los terrícolas y sus enviados contaminen los cuerpos celestes (lo que se conoce como contaminación hacia delante) y, quizá más importante aún, proteger la biosfera terrestre de la intrusión de microbios extraterrestres (contaminación hacia atrás).

Si bien las preocupaciones por que nuestros gérmenes viajen a otros mundos se remontan a la década de 1950, la revelación de esta semana —y sus implicaciones para la posibilidad de vida en otros lugares del sistema solar— debería impulsar una revisión urgente de la forma en que mantenemos la integridad absoluta de las biosferas marciana y terrestre.

Las pruebas del flujo de agua en el planeta rojo fueron recogidas por el Mars Reconnaissance Orbiter, una nave de la Nasa lanzada en 2005, con imágenes que mostraban franjas oscuras en las paredes de un cráter. Las franjas resultaron contener la firma infrarroja de sales hidratadas, que se considera un indicador indirecto del agua.

Los resultados se publicaron el lunes en Nature Geoscience. Sin embargo, ya se intuía en imágenes de la Mariner 9, que comenzó a orbitar Marte en 1971. Estas revelaron un mundo aparentemente esculpido por líquidos: valles y cañones, antiguos lechos de ríos y canales ramificados. Incluso en la década de 1960, las observaciones desde la Tierra sugerían la firma espectral del vapor de agua en la tenue atmósfera marciana.

Una sucesión de orbitadores y módulos de aterrizaje aportó nuevas capas de pruebas: casquetes polares formados por enormes cantidades de hielo de agua; rocas y guijarros redondeados y pulidos como si hubiera actuado el agua; grumos de material, excavados por un brazo robótico, que después se vaporizaron, lo que indica agua subterránea; y patrones similares al permafrost bajo el polvo escarlata.

Lo que dio importancia al anuncio del lunes fue la confirmación de que el agua líquida fluye hoy en la superficie del planeta, aunque solo de forma estacional. Marte es más pequeño que la Tierra y tiene un campo gravitatorio mucho más débil; se había postulado que el agua líquida simplemente se perdería.

Los astrobiólogos, que estudian el origen de la vida en el universo, están entusiasmados: su principio rector es «seguir el agua», ya que toda la vida conocida, o las formas de vida, necesita agua para sobrevivir.

Existe una clase de extremófilos —organismos que sobreviven en entornos extremos— que prosperan en ambientes salinos y deshidratados. Los científicos han hallado estos «halófilos» en el ultrasecó desierto de Atacama, en Chile, en forma de microbios que viven en cristales de sal (absorben la humedad de la atmósfera). Los halófilos suelen contener una proteína llamada bacteriorrodopsina; esto podría acotar la búsqueda de una prueba concluyente de vida en Marte.

La obligación de las agencias espaciales de evitar la contaminación de la Tierra y de otros planetas figura en el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de la ONU de 1967, que nació como un medio para impedir que la Luna y los planetas se utilizaran con fines hostiles. A comienzos de este año, los astrobiólogos expresaron su preocupación por que los instrumentos espaciales ultrasensibles y su electrónica asociada estuvieran ahora fabricados con materiales demasiado delicados para soportar la esterilización por calor.

Si bien eso suele no ser problema para los orbitadores, que no aterrizan, supone un reto para misiones como la Mars 2020 de la Nasa, prevista para posarse en el planeta rojo después de 2020.

Urge desarrollar la tecnología necesaria para garantizar que los futuros módulos de aterrizaje no sean portadores de una catástrofe bacteriana. Mientras la humanidad emprende la búsqueda de vida marciana en la salmuera, debemos asegurar que nuestros métodos sean éticamente irreprochables.

Este artículo se publica en colaboración con The Financial Times. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Anjana Ahuja es colaboradora de temas científicos del FT.

Imagen: Un niño posa con una imagen de Marte. REUTERS/Ali Jarekji.

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