¿Cómo fomentamos el comportamiento altruista?

¿Cómo fomentamos el comportamiento altruista?
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Los investigadores se han preguntado durante mucho tiempo qué mecanismos y motivaciones subyacen al altruismo y qué se puede hacer para aumentar el comportamiento generoso. Buscando nuevas perspectivas sobre estas cuestiones básicas, los investigadores de Caltech utilizaron la neuroimagen funcional para estudiar la actividad neuronal de sujetos de prueba durante elecciones generosas o egoístas que implicaban recompensas monetarias. Descubrieron que el comportamiento altruista podía explicarse y predecirse mediante un modelo computacional sencillo, en el que los individuos toman decisiones ponderando el impacto de sus elecciones en sí mismos y en los demás.

Un artículo sobre el trabajo aparece en el número del 15 de julio de la revista Neuron.

“La generosidad no tiene por qué ser una decisión difícil”, afirma la responsable principal del estudio, Cendri Hutcherson, con el cargo de profesor adjunto en la Universidad de Toronto. De hecho, según el estudio, el altruismo resulta más fácil cuando quienes toman las decisiones consideran cómo sus acciones beneficiarán a la otra persona. El estudio también reveló que las decisiones rápidas llevaron a un mayor comportamiento generoso— y menor ganancia económica para la persona que toma las decisiones.

Hutcherson llevó a cabo el trabajo en calidad de posdoctorado en el laboratorio de Antonio Rangel (licenciatura, ’93), catedrático Bing de Neurociencia, Biología del Comportamiento y Economía de Caltech.

La investigación previa ha respaldado opiniones aparentemente contrapuestas sobre si el altruismo es un comportamiento innato o uno que requiere esfuerzo. Por ejemplo, algunos psicólogos sostienen que los seres humanos son intrínsecamente egoístas. Otros afirman que somos por naturaleza prosociales y que solo somos egoístas cuando nos tomamos el tiempo de darnos cuenta de que podemos salirnos con la nuestra. Y otros más sostienen que la fuerza de voluntad desempeña un papel en el altruismo; dicho de otro modo, que necesitamos ejercer autocontrol para ser generosos. Pero la cuestión sigue abierta, y no está claro qué mecanismos del cerebro influyen en este tipo de toma de decisiones.

Para averiguarlo, Hutcherson, Rangel y su colega Benjamin Bushong (doctorado, ’13), profesor visitante en la Escuela de Negocios de Harvard, utilizaron la resonancia magnética funcional (fMRI) para examinar la actividad cerebral de 51 sujetos mientras decidían entre elecciones generosas o egoístas en diversas condiciones.

Las decisiones de los sujetos generaban una ganancia o una pérdida económica para ellos mismos o para otra persona, que permanecería anónima para el sujeto. La cantidad de dinero en cuestión oscilaba entre 0 y 100 dólares.

El estudio se enmarca en una disciplina conocida como neuroeconomía, que busca caracterizar los cálculos que realiza el cerebro para tomar distintos tipos de decisiones, así como los circuitos neuronales que implementan esos cálculos.

Los investigadores emplearon un paradigma experimental procedente de la economía denominado Juego del Dictador. Pidieron a los sujetos que eligieran entre acciones que les generaban una ganancia económica a ellos mismos, una recompensa económica para otra persona, o alguna combinación de ambas. Por ejemplo, al sujeto se le podía pedir que sacrificara 25 dólares para que la otra persona ganara 100. Si la propuesta era rechazada, se aplicaba una recompensa predeterminada de 50 dólares para cada uno. Para simplificar la toma de decisiones, a los sujetos se les concedieron cuatro segundos para realizar sus elecciones.

El estudio también logró determinar en qué circunstancias se producían las elecciones generosas y si se tomaban más rápido que las egoístas, o viceversa.

Los académicos llevan mucho tiempo debatiendo los orígenes y las bases biológicas del altruismo. “Uno de los grandes debates ha sido si los seres humanos son, por naturaleza, egoístas y necesitan autocontrol o fuerza de voluntad para inhibir estos impulsos egoístas”, afirma Hutcherson. “Algunas personas han sugerido que si una elección generosa es más rápida, es automática e intuitiva, y que no se necesita autocontrol para hacerla. Si, en cambio, se requiere más tiempo para tomar una decisión generosa, eso sería una prueba de que tenemos que anular nuestras tendencias egoístas para ser generosos; es decir, que se necesita más ‘maquinaria mental.’”

“Se pueden encontrar contraejemplos a cualquiera de los dos argumentos”, explica Hutcherson. “Todos hemos vivido experiencias en las que nos costó ser amables con los demás, pero también podemos encontrar ejemplos de personas que han sido extraordinariamente altruistas. Se oye de personas que entran en edificios en llamas para salvar a completos desconocidos y que afirman no haberlo pensado dos veces. La cuestión de por qué las personas pueden tomar estas decisiones sin pensarlo realmente es compleja.

En los experimentos, los investigadores constataron que los participantes estaban dispuestos a sacrificar dinero para ayudar a la otra persona un 21 por ciento de las veces, en promedio, aunque el sujeto de prueba desconocía la identidad del destinatario de la recompensa en efectivo.

Los escaneos de resonancia magnética funcional (fMRI) registrados del cerebro de los sujetos, tomados mientras tomaban sus decisiones, sugirieron que distintas áreas cerebrales representan los intereses propios y los de los demás. Los valores orientados hacia uno mismo se correlacionaron con la actividad del estriado ventral, un área vinculada al procesamiento básico de recompensas. Los valores orientados hacia los demás se correlacionaron con la activación de la unión temporoparietal, que se ha relacionado con la empatía. Hutcherson cree que esto es una prueba de que las personas son más propensas a ceder recursos si ya tienen en mente cómo su donación beneficiará a alguien más.

El estudio también indica que el autocontrol puede ser un factor menos determinante en la toma de decisiones altruistas de lo que se pensaba. Más bien, cuanto más se considera el bienestar de otra persona, más fácil resulta comportarse de forma generosa. Por el contrario, cuanto más uno se centra en su propio bienestar, más difíciles se vuelven las decisiones altruistas.

“Nuestros datos muestran que la sensación de gratificación que produce actuar con generosidad procede de saber que solo tuviste que renunciar a un poco para ayudar mucho a otra persona”, afirma Hutcherson. “Si podemos resaltar la utilidad de una acción que para nosotros es bastante trivial —por ejemplo, la idea de que por el precio de una taza de café puedes ayudar a un niño que pasa hambre—, el modelo predice que las personas serán más propensas a comportarse con generosidad. Pero si tienes que renunciar a mucho para dar a otra persona un beneficio pequeño, eso no resulta tan motivador. La satisfacción de quien da tiene que compensar el sacrificio.”

Hutcherson señala que este tipo de investigaciones puede ayudar a descubrir cómo animar a las personas a actuar más a menudo en beneficio de los demás, y que podría tener aplicaciones más amplias en muchos ámbitos del comportamiento humano, como las donaciones benéficas, el entrenamiento militar y la rehabilitación de delincuentes.

El trabajo del artículo, titulado “Un modelo neurocomputacional de la elección altruista y sus implicaciones,” fue financiado por la National Science Foundation, la Gordon and Betty Moore Foundation y la Lipper Foundation.

Este artículo se publica en colaboración con Caltech. La publicación no implica el respaldo del Foro Económico Mundial a las opiniones expresadas.

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Autor: Rod Pyle escribe para Caltech.

Imagen: Modelos de yeso de cabezas frenológicas, que muestran distintas partes del cerebro, se exhiben en una exposición en la Wellcome Collection de Londres el 27 de marzo de 2012. REUTERS/Chris Helgren

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