Son los trotamundos originales. Desde las arañas que viajaron junto con la expansión de la humanidad por el sudeste asiático, hasta los ascidias que llegaron a bordo de embarcaciones militares que regresaban tras la guerra de Corea, las especies invasoras han envuelto el planeta.
Estas especies desplazan a las autóctonas en la competencia por los recursos y también causan enormes daños ambientales, por ejemplo, al alimentarse de especies autóctonas y sus crías, o al introducir parásitos y enfermedades.
Sin embargo, su mayor impacto es económico. El coste anual estimado de las especies invasoras en el Reino Unido e Irlanda asciende a 2.000 millones de libras esterlinas. Esto incluye el coste de los daños causados por todas las especies animales y vegetales invasoras en sectores como el turismo, las empresas, la salud humana y la agricultura.
El coste de controlar las especies invasoras también es enorme. Erradicarlas, si es posible, puede costar millones de libras. Este coste aumenta a medida que crece la población, y controlar una invasión detectada tarde puede costar miles de veces más que controlar una detectada desde el principio. Aparte de algunas pequeñas diferencias técnicas, este modelo puede aplicarse a todas las especies invasoras.
Desde el punto de vista ambiental, representan una amenaza importante para la biodiversidad mundial, al competir con otras especies y alterar el entorno, por ejemplo, bloqueando cursos de agua o acelerando la erosión.
Las técnicas de seguimiento convencionales, como revisar y fotografiar el fondo de las embarcaciones recreativas para detectar posibles invasores, no son lo bastante sólidas para hacer frente a esta amenaza. Muchas especies invasoras también se parecen a las autóctonas, lo que puede dificultar su detección. Por suerte, existe una herramienta eficaz y muy útil para gestionar las especies invasoras: el análisis de su ADN.
Descifrar la genética
En la década de 1970, Frederick Sanger ideó un método para leer y secuenciar ADN de forma automática. La secuenciación de Sanger permitió a los biólogos estudiar los genes (el fragmento de ADN que codifica un rasgo específico y se transmite de generación en generación) de las especies invasoras y reconstruir gran parte de la información sobre sus genomas (el conjunto completo de todos sus genes y ADN) y su evolución.
Las técnicas genéticas también mejoran la gestión de las especies invasoras. Son esenciales para tomar decisiones fundamentadas sobre políticas sostenibles.
Por ejemplo, comparar la variación genética dentro de las poblaciones y entre ellas permite a los biólogos comprender cómo se propagan las especies invasoras, se mezclan y compiten con las autóctonas. Esto ha permitido a los investigadores comprender mejor las rutas que siguieron animales invasores como las ascidias, las mariquitas y las plagas de invertebrados al colonizar nuevas zonas.
Los biólogos también pueden usar técnicas genéticas para detectar antes las invasiones, identificando el ADN de los animales en el entorno a partir de material desprendido, como piel u orina. Así se demostró al detectar el ADN de una rana toro invasora en estanques franceses mucho antes de que se hubiera advertido la invasión por otros medios.
El gran salto de la genómica
Durante la última década, la genética ha ido cediendo terreno al estudio de la genómica, que ofrece una visión mucho más completa del ADN porque consiste en secuenciar el genoma entero, en lugar de solo un número determinado de genes. El estudio del genoma nos permite analizar con más detalle y sensibilidad la variabilidad entre las poblaciones invasoras.
Desde que la tecnología de secuenciación de nueva generación redujo drásticamente el precio de la secuenciación del ADN a mediados de la década de 2000, los científicos han podido explorar cientos de miles de regiones del ADN, en vez de las decenas que se examinaban en los estudios genéticos. La genómica también ha contribuido a crear nuevas herramientas para facilitar el estudio de las especies invasoras.
El estudio de los genomas completos de los organismos también ofrece un método sumamente potente para investigar la historia evolutiva de las especies invasoras. Permite a los biólogos distinguir entre los cambios neutros del ADN que experimentan todos los organismos, pero que no se propagan por una especie, y los cambios positivos que mejoran las probabilidades de supervivencia y reproducción de un organismo y, por tanto, sí se propagan.
Esta evolución por selección positiva impulsa la rápida adaptación de las especies invasoras. Así pues, al comprender los efectos de la evolución positiva, podemos predecir cómo podrían adaptarse las especies en el futuro.
La genómica aún no ha alcanzado todo su potencial en la biología de las invasiones, pero la genética de las invasiones está avanzando poco a poco hacia la genómica de las invasiones. Ambas disciplinas ofrecen una solución rentable para el seguimiento y la gestión de las especies invasoras. Por ejemplo, en EE. UU. existe un programa para la detección temprana de la carpa asiática invasora en los Grandes Lagos. Esta detección temprana, que consiste en tomar muestras de agua para buscar restos de ADN desprendidos, permitirá ahorrar sumas considerables en la gestión de este pez invasor.
Si se emplean de forma más amplia y eficaz, las técnicas genéticas y genómicas podrían proteger tanto los entornos naturales como las arcas públicas de los efectos secundarios ambientales de la globalización.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lee el artículo original. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Steven Bourne es estudiante de doctorado en genómica de invasiones en la Universidad de Southampton.
Imagen: Una langosta se posa sobre una brizna de hierba en la región de Menabe, al oeste de Madagascar. REUTERS/Clarel Faniry Rasoanaivo

