Los problemas de salud asociados a la edad afectan no solo al cuerpo, sino también a la mente. Los científicos denominan a sus síntomas mentales «deterioro cognitivo leve» (DCL): quienes lo padecen extravían objetos, no logran recordar el nombre del vecino con el que acaban de hablar o se vuelven, en general, menos receptivos. También pueden experimentar un deterioro en su capacidad para hablar, planificar o orientarse en el espacio.
«Lo que distingue al DCL de la demencia es que las personas con demencia necesitan ayuda para las tareas cotidianas, mientras que quienes no padecen demencia pueden desenvolverse de forma independiente en su vida diaria», explica Patrick Eggenberger, doctorando del Instituto de Ciencias del Movimiento Humano y del Deporte de la ETH. Junto con sus colegas de investigación, dirigidos por el profesor titular Eling de Bruin, Eggenberger demostró en un estudio publicado recientemente que las personas mayores que entrenan simultáneamente el cuerpo y la mente obtienen mejores resultados en tareas cognitivas. Los adultos mayores que participaron en el estudio mejoraron no solo su condición física, sino también su agudeza mental; como resultado, evitaron los deterioros cognitivos leves mencionados anteriormente, incluso meses después de finalizar su programa específico de ejercicio físico.
Bailar, correr, memorizar
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores de la ETH reclutaron a 89 personas mayores sanas de ambos sexos que todavía viven de forma independiente o reciben solo una atención mínima en una residencia de ancianos. Con edades comprendidas entre los 70 y los 94 años, los participantes se dividieron en tres grupos. Un grupo siguió un programa de entrenamiento en vídeo para aprender un baile con una serie concreta de pasos. Un segundo grupo realizó ejercicios en cinta de correr y, al mismo tiempo, entrenamiento de memoria. El tercer grupo solo hizo ejercicios de caminata en cinta. Los tres grupos también recibieron entrenamiento para mejorar el equilibrio y la fuerza. Cada uno de los participantes fue evaluado en diversas capacidades cognitivas al inicio del período de entrenamiento de seis meses, a los tres meses y al final de dicho período. De las 71 personas que completaron el programa, 47 estuvieron disponibles para una prueba comparativa un año después. Esta fue la primera vez que se pudieron recopilar datos durante un período relativamente largo. Otro aspecto positivo de este estudio fue la proporción comparativamente alta de hombres que participaron, de alrededor del 35 por ciento.
Multitarea en la vida cotidiana
Estas pruebas demuestran que el entrenamiento combinado es especialmente eficaz en lo que se conoce como funciones ejecutivas. Este término procede de la investigación cerebral y se refiere a aquellas capacidades mentales que controlan el pensamiento y el comportamiento humanos; dicho de otro modo, capacidades que nos ayudan a vivir día a día. La multitarea es una de ellas: es una habilidad esencial para circular en el tráfico, por ejemplo, cuando debemos concentrarnos simultáneamente en las señales de tráfico y en otros usuarios de la vía. Las funciones ejecutivas se ubican en la parte frontal del cerebro. «Es la región del cerebro que más rápidamente se reduce con la edad», explica Eggenberger. «Por eso es tan importante ejercitarla».
Para demostrar su aptitud mental, por ejemplo, los participantes del estudio debían unir lo más rápido posible números distribuidos aleatoriamente en tarjetas. Otra prueba consistía en conectar alternativamente números y letras en la secuencia correcta, siguiendo el patrón 1A, 2B, 3C, y así sucesivamente. Independientemente del género, las personas que habían entrenado la mente y el cuerpo simultáneamente obtuvieron mejores resultados.
Entrenamiento con efectos a largo plazo
Para los investigadores no fue una sorpresa comprobar que el entrenamiento había tenido éxito. Lo que sí les sorprendió fue que el rendimiento cognitivo de los participantes apenas cambió un año después de finalizar el programa. «Esperábamos una reducción importante», afirma Eggenberger. Al fin y al cabo, pruebas comparables de capacidad física por sí solas han puesto de manifiesto una pérdida significativa de rendimiento con el tiempo tras la interrupción del entrenamiento.
«Esto nos lleva a esperar que podamos utilizar un entrenamiento específico para combatir el deterioro cognitivo asociado a la edad, sobre todo porque a las personas les gustó mucho participar», comenta Eggenberger con satisfacción. Todos los mayores valoraron el entrenamiento con la máxima puntuación en cuanto a disfrute, y algunos incluso se sintieron motivados para seguir trabajando en su condición física. «Varios participantes nos dijeron que ahora acuden al gimnasio con regularidad», añade.
Los afectados también podrían beneficiarse
Aunque el estudio se realizó con personas sanas, Eggenberger cree que existe potencial para utilizar este tipo de programas de entrenamiento específicos en residencias de ancianos y hospitales, especialmente con personas que ya padecen deterioro cognitivo leve o muestran signos tempranos de demencia. «En los afectados, el entrenamiento podría tener un efecto aún mayor», afirma. Puede parecer paradójico al principio, pero la explicación es sencilla: «Alguien que ha hecho muy poco ejercicio o deporte en el pasado progresará muy rápidamente. Quizá podamos decir lo mismo sobre la actividad cerebral».
Este artículo se publica en colaboración con ETH Zurich. La publicación no implica la aprobación de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autor: Astrid Tomczak-Plewka es colaboradora de ETH Zurich.
Imagen: Personas usan mancuernas de madera durante un evento de promoción de la salud. REUTERS/Yuya Shino.

