Este artículo se publica en colaboración con Quartz.
Una forma de mejorar la eficiencia de los paneles solares es situarlos donde las nubes no puedan interrumpir su producción de energía. Incluso en las zonas más soleadas del mundo, las nubes pueden seguir provocando fluctuaciones en la producción de energía. Entonces, ¿qué mejor lugar para instalar paneles solares que por encima de las nubes?
La idea no está exenta de grandes obstáculos, pero algunos científicos del ámbito energético creen que merece la pena intentarlo. Investigadores de NextPV—un laboratorio multinacional gestionado conjuntamente por el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia ( CNRS ) y la Universidad de Tokio—desarrollan paneles solares adheridos a globos de gran altitud que hipotéticamente flotarían a 20 kilómetros (12,4 millas) en el cielo. Eso está muy por encima de la altura a la que se encuentra la mayoría de las nubes. “En cualquier punto sobre el planeta hay muy pocas nubes a una altitud de 6 km, y ninguna en absoluto a 20 km”, escribe el director francés del CNRS, Jean-François Guillemoles, en un artículo publicado en la web del laboratorio. “A medida que el cielo pierde su color azul, la iluminación directa se intensifica: la concentración de la energía solar se traduce en una conversión más eficaz y, por tanto, en mayores rendimientos.”
No cabe duda de que estos paneles solares de gran altitud serían más eficaces que los instalados en tierra. La cuestión más importante es si la idea es viable desde una perspectiva financiera o incluso práctica.
El principal obstáculo, como suele ocurrir, es el coste. Es poco probable que un proyecto tan elaborado logre reducir sus costes hasta un importe comparable al de la energía solar convencional (que ya está por debajo de 1 dólar por vatio y, según las estimaciones, llegará a tan solo 25 centavos por vatio en el plazo de una década). Pero supongamos que los paneles solares de gran altitud pueden diseñarse, construirse, implantarse y operarse a costes similares a los de los paneles solares convencionales que simplemente se instalan en un campo o en un tejado. Aún existen otros problemas. A esas altitudes, la presión podría afectar al hidrógeno que produce el globo para mantenerse en el aire. Los globos, que están amarrados al suelo mediante cables muy largos, también podrían suponer problemas de seguridad para los pilotos y para los ciudadanos de la Tierra, si uno de ellos se estrellara contra el suelo. Y, pese a sus posibles beneficios, los globos seguirían sin resolver el problema de qué hacer por la noche, cuando el sol no brilla en absoluto. En noviembre se celebró en la embajada francesa en Tokio un seminario sobre el proyecto, y NextPV estudia la posibilidad de poner en marcha un prototipo. Es una idea interesante, pero puede que, en última instancia, se quede en eso: en una idea. La energía solar ha cobrado impulso a escala mundial porque es relativamente fácil, barata y cada vez más económica. Los globos de gran altitud podrían hacer que las células solares fueran más eficientes, pero quizá a costa del sentido común. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Adam Epstein es periodista de Quartz, donde cubre el futuro de la televisión y sus repercusiones en los ámbitos empresarial, tecnológico y cultural.
Imagen: Francisco da Silva Vale limpia paneles solares en la comunidad de Vila Nova do Amana, en la Reserva de Desarrollo Sostenible de Brasil. REUTERS/Bruno Kelly.


