Durante la última década, el número de nuevos usuarios de Internet se triplicó. Sin embargo, aunque una gran mayoría de la población mundial sigue desconectada, el ritmo de expansión se ha desacelerado bruscamente en los últimos años. ¿Está perdiendo impulso la revolución de Internet?
De 2005 a 2008, el número de usuarios de Internet aumentó a una tasa anual compuesta del 15,1%, con lo que la cantidad de personas conectadas llegó a unos 2.700 millones. Sin embargo, según un nuevo informe del McKinsey Global Institute, la tasa de crecimiento cayó al 10,4% en 2010-2013. Dados los enormes beneficios económicos de la conectividad, encontrar formas de proporcionar acceso a Internet a los 4.000 millones de personas que aún no lo tienen debería ser una prioridad.
Por supuesto, es más fácil decirlo que hacerlo. Alrededor de tres cuartas partes de quienes no están conectados —3.400 millones de personas— viven en solo 20 países. En 2012, cerca del 64% vivía en zonas rurales, frente a solo el 24% de los usuarios de Internet, mientras que aproximadamente la mitad vivía por debajo del umbral de pobreza y del ingreso mediano de su país. Alrededor del 18% tiene más de 54 años, frente a cerca del 7% de la población conectada, y aproximadamente el 28% es analfabeto, mientras que la tasa de alfabetización de los usuarios de Internet se acerca al 100%. Por último, las mujeres representan el 52% de la población desconectada y solo el 42% de la población conectada.
Estos grupos afrontan barreras particularmente altas para conectarse a Internet, empezando por una infraestructura inadecuada, que incluye una cobertura deficiente de Internet móvil o acceso a redes, así como un suministro eléctrico poco fiable. De hecho, entre 1.100 y 2.800 millones de personas no pueden conectarse a través de una red móvil porque su zona carece de cobertura suficiente.
Otra barrera es el precio: el acceso a Internet es sencillamente demasiado costoso para muchas personas de bajos ingresos. Además de la necesidad de abordar la competencia insuficiente, la regulación inadecuada y los elevados impuestos sobre los dispositivos con conexión a Internet y los planes de servicio, existe el desafío fundamental de ofrecer acceso a un costo asequible en las regiones más remotas. En diez países, en su mayoría de África y la región de Asia-Pacífico, los precios de la banda ancha fija superan el PIB per cápita.
La tercera gran barrera para la adopción de Internet es la capacidad de los usuarios. El alto nivel de analfabetismo entre quienes siguen desconectados suele implicar la incapacidad no solo de leer y escribir, sino también de utilizar la tecnología digital. Se estima que el 43% de la población desconectada de India es analfabeta.
Sin soluciones tecnológicas, como interfaces de usuario con funciones de conversión de texto a voz y reconocimiento de voz, las personas que no han adquirido un dominio básico del idioma tendrán dificultades para interactuar con el contenido de Internet. La falta de contenido pertinente en idiomas locales también puede limitar su uso.
Para empeorar las cosas, las percepciones erróneas sobre Internet —por ejemplo, que supone un riesgo para la seguridad o que es solo para los ricos— hacen que muchas personas sigan siendo reacias a utilizarlo, incluso si se ofrece acceso asequible. En muchas economías emergentes, la falta de confianza en el sistema ha alimentado la resistencia a hacer negocios en línea.
La última barrera para la adopción de Internet es la falta de incentivos. Como ha demostrado la investigación del Oxford Internet Institute sobre la banda ancha en África Oriental, muchas personas pobres de zonas rurales pueden saber poco o nada sobre Internet, o quizá ni siquiera se les ofrezca acceso. Dado que adaptar el contenido a esos clientes potenciales es costoso, es improbable que los proveedores de servicios de Internet lo hagan sin incentivos claros, como el apoyo gubernamental o márgenes de beneficio elevados. A los anunciantes no les interesa llegar a esos mercados.
McKinsey ha elaborado un nuevo Índice de Barreras de Internet que clasifica a 25 países desarrollados y en desarrollo según su desempeño frente a estos desafíos. Los cinco primeros son Estados Unidos, Alemania, Corea del Sur, Japón y España. Los cinco últimos son Nigeria, Pakistán, Bangladesh, Tanzania y Etiopía.
Casi la mitad de la población mundial desconectada vive en diez países que afrontan grandes dificultades para superar las cuatro barreras. En los cinco últimos países del índice de McKinsey, la tasa media de penetración de Internet fue de solo el 15% en 2013. La población desconectada era mayoritariamente joven y rural, y tenía bajos niveles de alfabetización.
Otros cinco países —Egipto, India, Indonesia, Filipinas y Tailandia— afrontan barreras de nivel medio a alto en todos los ámbitos, especialmente en infraestructura e incentivos. Con una población desconectada de más de 1.400 millones de personas, estos países tuvieron una tasa media de penetración de Internet del 19% en 2013. Otros 1.100 millones de personas viven en países donde predomina una sola barrera, en particular el desconocimiento de Internet, el escaso poder adquisitivo o los bajos niveles de alfabetización digital.
Identificar las barreras específicas que afectan a un país o una región permite desarrollar soluciones eficaces, sobre todo porque algunas barreras, como la falta de conocimiento, son mucho menos costosas de abordar que otras, como la infraestructura. Ese es el propósito del Índice de Barreras de Internet. Al cartografiar los principales obstáculos sociales, políticos y económicos a la adopción de Internet, el índice puede ayudar a que los esfuerzos de los gobiernos y de los proveedores de redes y servicios sean lo más específicos y eficientes posible.
Es evidente que resulta imperativo abordar los formidables desafíos que plantea la expansión del uso de Internet. Hacerlo generaría un considerable potencial de crecimiento económico. Muchos gobiernos lo han reconocido hasta cierto punto y han fijado objetivos ambiciosos para la cobertura de Internet móvil, la infraestructura de banda ancha y el acceso público a Wi-Fi. Pero la inversión en infraestructura no basta. Solo las estrategias integrales, específicas y adaptadas a cada país, respaldadas por un firme compromiso de los responsables de formular políticas, pueden conectar a los próximos 1.000 millones de personas.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate . La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: James Manyika, investigador sénior no residente de la Brookings Institution, es director de McKinsey y del McKinsey Global Institute. Helen Margetts es directora del Oxford Internet Institute.
Imagen: Siluetas de hombres sosteniendo teléfonos frente al símbolo de Twitter. REUTERS.

