Desde hace muchos años se insta a los australianos a aprender idiomas, en particular idiomas asiáticos, a medida que la economía mundial se orienta hacia Asia-Pacífico. Sin embargo, el número de estudiantes que aprenden idiomas en Australia ha seguido siendo obstinadamente bajo.
Las rápidas mejoras de los últimos años en las tecnologías de traducción automática y reconocimiento de voz parecen ofrecer una salida fácil. Aunque aún surgen problemas, el uso de la IA ha propiciado mejoras notables en la calidad de las traducciones de Google, y ahora se dispone ampliamente de tecnologías de reconocimiento de voz cada vez más precisas.
Al combinar estas dos tecnologías, Google ha anunciado el próximo lanzamiento de auriculares inalámbricos con traducción de idiomas en tiempo real. Con la llegada de estas tecnologías, ¿seguimos necesitando aprender otros idiomas?
Son tiempos apasionantes. Los avances tecnológicos nos permiten comunicarnos con personas de todo el mundo sin necesidad de tener un idioma en común. Así que ahora puedo usar dispositivos de este tipo para comunicarme con hablantes de chino, húngaro o hindi. Oirán mi discurso traducido a su idioma; podrán responderme en el suyo; y yo lo recibiré traducido al inglés en tiempo real. Pero la posibilidad de comunicarse en la propia lengua con hablantes de otros idiomas, sin saber cómo funcionan los idiomas ni conocer las diferencias interculturales en nuestras formas de comunicarnos, abre la puerta a muchos problemas.
Para empezar, los lingüistas nos dicen que el significado de las palabras no siempre coincide entre distintos idiomas. A veces, lo que entra no es lo mismo que lo que sale.
Los intentos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por comunicarse con el resto del mundo son ilustrativos al respecto. A principios de año, se informó de que Trump dijo en una reunión de la Comisión Europea que «los alemanes son malos, muy malos». Esto causó gran consternación en los medios alemanes, que debatieron si Trump quería decir que los alemanes son «böse» (palabra con connotaciones de maldad e intención maliciosa) o «schlecht» (que significa que no están haciendo lo correcto).
No se trata simplemente de un problema de traducción errónea. La cuestión es que el significado de las palabras no coincide con precisión entre los idiomas. Esto tiene importantes implicaciones para los negocios y las relaciones internacionales, pero queda oculto si aceptamos las traducciones tal cual.
Otra característica básica de la comunicación es que, por lo general, queremos decir mucho más de lo que expresamos. Aunque el lenguaje desempeña un papel importante en la comunicación, muy a menudo lo que se da a entender o se deja sin decir es más importante que lo que se dice. La traducción automática no puede manejar fácilmente estas inferencias, porque varían según los hablantes y las culturas.
Un buen ejemplo es que entre los hablantes de chino (mandarín) es habitual rechazar inicialmente una oferta de comida al visitar la casa de alguien, sobre todo si no se tiene mucha confianza. Esos rechazos sirven para tantear si la oferta es sincera. Aceptarla demasiado pronto también puede considerarse descortés. Por eso, a menudo se repiten las ofertas y los rechazos antes de que los invitados finalmente acepten.
La cuestión es que cada cultura prefiere distintas formas de hablar, lo que significa que hacemos las cosas de manera diferente a través de los idiomas. Estas distintas formas de hablar dan lugar a inferencias diferentes según el idioma de que se trate.
Sin duda, las nuevas tecnologías cambiarán de maneras fascinantes nuestra forma de abordar el aprendizaje de idiomas, del mismo modo que cambió la manera de aprender matemáticas cuando las calculadoras se hicieron fácilmente accesibles. Pero no podemos delegar en las aplicaciones el conocimiento profundo de las diferencias entre idiomas y culturas, y la necesidad de aprender idiomas no ha cambiado.
De hecho, parece estar aumentando a medida que nos adentramos en una economía cada vez más globalizada. Según un informe titulado «La nueva organización del trabajo» de The Foundation for Young Australians, los anuncios de empleo que exigían competencias bilingües aumentaron un 181 % entre 2012 y 2015. Además, un informe del Institute for the Future, en Palo Alto, California, titulado «Competencias para el trabajo del futuro 2020» identifica la competencia intercultural como una de las diez habilidades clave para la futura fuerza laboral.
Aprender idiomas nos permite experimentar distintas formas de pensar. Nos ayuda a desarrollar la capacidad de cambiar nuestra perspectiva sobre lo que ocurre en una interacción concreta y a adaptarnos a la mentalidad de los demás. También nos ayuda a comprendernos mejor y a entender nuestra propia mentalidad. Una auténtica comprensión intercultural nos ayuda a construir relaciones más profundas.
Por muchos avances que logremos en la traducción automática o el reconocimiento de voz, la tecnología no puede cambiar la naturaleza fundamental de los idiomas humanos ni su función en la comunicación. Aunque estas tecnologías son herramientas cada vez más útiles, no pueden sustituir el profundo conocimiento intercultural que aporta aprender idiomas, del mismo modo que la llegada de las calculadoras no significó que ya no necesitáramos aprender matemáticas.
Sin embargo, estas tecnologías ya son ampliamente accesibles. Por consiguiente, todos los australianos tendrán que desarrollar conciencia de las diferencias entre los idiomas y de cómo estas sustentan importantes diferencias interculturales. En lugar de volver innecesario el aprendizaje de idiomas, estamos entrando en un mundo en el que todos deben conocer las diferencias entre los idiomas y adquirir competencia intercultural.


