He aquí por qué necesitamos dormir más en invierno

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  • Nuestros horarios de sueño y vigilia están determinados por cómo y dónde vivimos y trabajamos, incluidos factores como la contaminación lumínica y la tecnología.

  • Aunque desde hace mucho se sabe que las estaciones afectan al sueño de los animales, se ha supuesto que en los seres humanos es distinto, explica un escritor científico.

  • Pero quizá no sea así, afirma, pues un nuevo estudio muestra que los seres humanos tienen más sueño REM en invierno que en verano y menos sueño profundo en otoño.

  • La sociedad podría beneficiarse de medidas que permitan a las personas responder con mayor eficacia a los cambios estacionales, señalan los investigadores.

La sociedad y la tecnología imponen horarios de sueño y vigilia a las personas, sobre todo en entornos urbanos con mucha contaminación lumínica. Aunque la estacionalidad del sueño de los animales es bien conocida, durante los últimos 25 años hemos supuesto que los seres humanos son distintos. Sin embargo, un estudio de pacientes sometidos a seguimiento por dificultades relacionadas con el sueño revela una variación de la arquitectura del sueño a lo largo del año mayor de lo que se creía.

Tanto si somos noctámbulos como si madrugamos, nuestros relojes biológicos se rigen por el sol. En teoría, los cambios en la duración del día y en la exposición a la luz a lo largo del año podrían afectar a la duración y la calidad del sueño. Sin embargo, es difícil determinar cómo se aplica esto en la práctica. Aunque los estudios en los que las personas evalúan su propio sueño han sugerido que su duración aumenta en invierno, se necesitan mediciones objetivas para determinar exactamente cómo afectan las estaciones al sueño. Ahora, científicos que estudian las dificultades para dormir han publicado datos en Frontiers in Neuroscience que muestran que, incluso en una población urbana con sueño alterado, los seres humanos tienen más sueño REM en invierno que en verano y menos sueño profundo en otoño.

«Posiblemente, uno de los logros más valiosos de la evolución humana sea que la estacionalidad resulte casi invisible en el plano conductual», afirmó el Dr. Dieter Kunz, autor correspondiente del estudio y miembro de la Clínica del Sueño y Cronomedicina del Hospital St. Hedwig de Berlín. «En nuestro estudio mostramos que la arquitectura del sueño humano varía considerablemente según la estación en una población adulta que vive en un entorno urbano».

El estudio del sueño

Un equipo de científicos dirigido por la Sra. Aileen Seidler, del grupo de trabajo del Dr. Kunz en la Universidad Médica Charité de Berlín, reclutó a 292 pacientes que se habían sometido a estudios del sueñodenominados polisomnografías en el Hospital St. Hedwig. Estos estudios se realizan habitualmente a pacientes con dificultades relacionadas con el sueño en un laboratorio especial, donde se les pide que duerman con naturalidad, sin despertador, y se pueden vigilar la calidad, el tipo y la duración del sueño. Aunque los trastornos del sueño podrían afectar a los resultados, esto permite contar con un grupo de estudio numeroso y distribuido uniformemente a lo largo del año, lo que posibilita investigar las diferencias entre meses.

El equipo excluyó a los pacientes que tomaban medicamentos que se sabe que afectan al sueño, los casos de fallos técnicos durante la polisomnografía y aquellos con una latencia del sueño REM superior a 120 minutos, lo que sugería que se había omitido el primer episodio de sueño REM. Tras aplicar estas exclusiones, quedaron 188 pacientes. La mayoría de sus diagnósticos no mostraban un patrón estacional, pero el insomnio se diagnosticaba con más frecuencia hacia finales de año.

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En invierno hay más sueño REM

Aunque los pacientes vivían en un entorno urbanocon poca exposición a la luz natural y mucha contaminación lumínica —condiciones que deberían influir en cualquier estacionalidad regulada por la luz—, los científicos encontraron cambios sutiles pero llamativos entre las estaciones. Aunque el tiempo total de sueño parecía ser alrededor de una hora mayor en invierno que en verano, el resultado no fue estadísticamente significativo. Sin embargo, el sueño REM duraba 30 minutos más en invierno que en verano. Se sabe que el sueño REM está directamente vinculado al reloj circadiano, al que afectan los cambios en la luz. El equipo reconoció que estos resultados tendrían que validarse en una población sin dificultades para dormir, pero los cambios estacionales podrían ser aún mayores en una población sana.

«Este estudio debe replicarse en una amplia cohorte de sujetos sanos», advirtió Kunz.

Aunque actualmente la mayoría de las personas tiene poco control sobre la hora a la que se despierta debido a los horarios escolares o laborales, la sociedad podría beneficiarse de medidas que permitan a las personas responder con mayor eficacia a los cambios estacionales. Mientras tanto, acostarse más temprano en invierno podría ayudar a adaptarse a la estacionalidad humana.

«La estacionalidad es ubicua en todos los seres vivos de este planeta», afirmó Kunz. «Aunque seguimos desempeñándonos igual, durante el invierno la fisiología humana se regula a la baja, y en febrero o marzo sentimos que nos quedamos sin energía. En general, las sociedades deben adaptar los hábitos de sueño, incluida su duración y horario, a la estación, o ajustar los horarios escolares y laborales a las necesidades estacionales de sueño».

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