Esto es lo que significan los robots para el futuro del trabajo

An engineer works on Surena 3 humanoid robot in a lab at Tehran University, Iran December 6, 2015. The University of Tehran has developed a humanoid robot that weighs 98 kg. It can navigate uneven terrain and detect faces. REUTERS/Raheb Homavandi/TIMA ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. FOR EDITORIAL USE ONLY. - GF10000256818
Of the US companies that could benefit from robots, only 10% have opted to do so.Image: REUTERS/Raheb Homavandi
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¿Te imaginas yendo al trabajo en un «Jonnycab» como el que predijo la película de culto de Arnold Schwarzenegger, Desafío total? La imagen de 1990 se basa en la ciencia ficción, pero Mercedes Benz sí cuenta con un sistema Driver Pilot semiautónomo que pretende instalar en los próximos cinco años, y Uber también apuesta por un futuro de vehículos autónomos. Su alianza con Volvo se ha considerado un impulso a su ambición de sustituir una flota de conductores autónomos por vehículos autónomos.

Jonnycab quizá pertenezca a la futurología, pero si los académicos del MITErik Brynjolfson y Andrew McAfee tienen razón, quizá todos celebremos la perspectiva de disponer de más tiempo libre, ya que las tecnologías robóticas nos libran del tedio del trabajo. Salvo por el hecho de que las grandes empresas no perderán de vista sus resultados y a menudo optarán por alternativas rápidas y baratas.

¿Menos trabajo y más diversión?

No son ideas nuevas. Karl Marxsostenía que la tecnología ayudaría a liberar a los trabajadores de las duras condiciones laborales y conduciría a una «reducción del tiempo de trabajo». En la década de 1930, Bertrand Russell escribió sobre los beneficios de «un poco más de ocio», y el economista John Maynard Keynes predijo que la automatización podría hacer posible una semana laboral más cortade menos de 15 horas.

Son muy comunes las afirmaciones de que la robótica eliminará millones de empleos, desde la fabricación de automóvileshasta la banca. Pero algunos consideran que, junto con esa pérdida de empleos, también cambiará nuestra forma de trabajar.

¿Empoderamiento o sometimiento?

En cambio, algunos imaginan que las plataformas digitales empoderarán a las personas para que trabajen por cuenta propia, con la libertad de elegir cuándo y dónde trabajar y cuánto ganar. Además, se alentará a las personas a ganarse la vida «combinando tareas»: un día serán conductores (con las aplicaciones de Uber o Deliveroo) y luego pasarán a realizar «microtareas» digitales (pequeñas unidades de trabajo, como etiquetar imágenes o traducir textos, que se realizan en una cadena de montaje virtual) en una de las numerosas plataformas en auge que conforman la economía colaborativa.

Un futuro en el que el tiempo libre sustituya al trabajo resulta muy atractivo para muchos. Pero la realidad es que hoy muchas personas trabajan más horas, con una creciente inseguridad laboral, ingresos fragmentados e inestabilidad en el mercado laboral. En todo caso, la tecnología no ha liberado a las personas del tedio del trabajo, como anticiparon Marx, Russell y Keynes, sino que ha creado nuevas restricciones: invade el tiempo social y de ocio de las personasmediante la digitalización de la vida.

Aunque la tecnología pueda desplazar competencias laborales más antiguas, surgen nuevas exigencias de trabajo. La mayoría de las empresas busca proteger sus intereses creados (maximizar los beneficios) y complacer a sus accionistas, lo que a menudo significa buscar mano de obra más barata en lugar de invertir en costosas infraestructuras de capital.

La capacidad de usar la tecnología para automatizar no conduce necesariamente a su implementación. De las empresas estadounidenses que podrían beneficiarse de los robots, solo el 10 % ha optado por hacerlo. En los sectores de baja cualificación y bajos salarios —entre ellos, las residencias de cuidados, los restaurantes, los bares y algunas fábricas— seguirá siendo menos costoso emplear personas.

Piensa en la última vez que lavaste el coche. Lo más probable es que no fuera en un túnel automatizado, sino que lo lavara a mano un trabajador inmigrante, a un coste menor que la alternativa automatizada. En resumen, mientras la mano de obra siga siendo barata, los empleadores tienden a sacar provecho de ello en vez de beneficiarse de todo el potencial de las tecnologías.

Muchos empleadores tienen poca intención de innovar mediante la tecnología. El consumismo y una fe casi ciega en los principios del libre mercado hacen que se aproveche la tecnología para extraer beneficios cada vez mayores, en vez de ofrecer parte del ocio y el tiempo libre que, según Bertrand Russell, beneficiarían a la sociedad.

Nada sustituye a las personas

La tecnología, así como su desarrollo y adopción, no es una fuerza neutral, sino que está determinada por la política y la economía. Aunque la automatización pueda sustituir algunos empleos, la tecnología rara vez sustituye a las personas. En cambio, los empleos se codifican y se reducen a una gama limitada de tareas que requieren menos cualificación. La tecnología está profundamente vinculada a las relaciones de poder y no suele eliminar las desigualdades de una sociedad, sino que se apoya en las desigualdades existentes.

Image: McKinsey&Company

La proliferación de las tecnologías digitales puede asociarse al aumento del trabajo precario, intensivo y de mala calidad, como se observa en los almacenes de Amazony Foxconn (un importante fabricante de productos Apple), que utilizan la tecnología para supervisar el rendimiento y deshumanizar el lugar de trabajo. El resultado neto es un mercado laboral polarizado, en el que trabajadores con poca cualificación y bajos ingresos conviven con una élite que disfruta de empleos más seguros (al menos por ahora).

El futuro del trabajo parece girar más probablemente en torno a estrategias de contención de costes que limitan la inversión en infraestructura y tecnologías eficientes y optan, en cambio, por mano de obra barata y explotada. Es más probable que los directivos renuncien a las mejoras de eficiencia que ofrecen las tecnologías digitales por miedo a perder el control. ¿Recuerdas la promesa del teletrabajo en la cabaña electrónica?

Para hacer realidad la visión de Keynes de una semana laboral más corta, los directivos tendrían que compartir el control y ofrecer un régimen de empleo que apoye una auténtica autodeterminación. Por desgracia, las relaciones capitalistas modernas y los sistemas geopolíticos de gobernanza no toleran ese igualitarismo. Por estas razones, es hora de poner fin a la histeria sobre el «fin del trabajo». Es una farsa.

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