Imagina una manzana flotando frente a ti. Ahora intenta girarla en tu mente. Mírala desde arriba y desde abajo: ¿tiene alguna imperfección? ¿Con qué claridad puedes verla?
Algunas personas ven la manzana a la perfección, como si vieran una película, mientras que otras tienen una imagen muy débil e inestable. Aunque cueste creerlo, una pequeña proporción de personas por lo demás sanas afirma no tener ninguna experiencia visual. En otras palabras, tienen la mente completamente ciega: por mucho que lo intenten, parece que no consiguen ver la manzana.
De hecho, a menudo estas personas se sorprenden al descubrir que los demás no hablan en sentido metafórico cuando dicen: «Me lo imagino con los ojos de la mente». Este fenómeno de ceguera mental solo ha recibido un nombre adecuado hace poco: afantasia congénita.
Ceguera mental
Blake Ross, uno de los creadores del navegador de internet Firefox, se dio cuenta de que su experiencia con las imágenes visuales era muy distinta de la de la mayoría cuando leyó sobre un hombre que perdió la capacidad de imaginar después de una operación. En una publicación en Facebook, Ross dijo:
¿Qué quieres decir con que «perdió» esa capacidad? […] ¿No deberíamos sorprendernos de que alguna vez tuviera esa capacidad?
Hemos oído a muchas personas contar que vivieron una revelación similar a la de Ross. Ellas también se quedaron atónitas al descubrir que su incapacidad total para imaginar imágenes visuales era diferente de lo habitual.
Las imágenes visuales intervienen en muchas tareas cotidianas, como recordar el pasado, orientarse y reconocer rostros, por mencionar algunas. Los testimonios anecdóticos de nuestros participantes con afantasia indican que, aunque pueden recordar cosas de su pasado, no viven esos recuerdos de la misma manera que alguien con imágenes mentales vívidas. A menudo los describen como una lista conceptual de cosas que ocurrieron, en lugar de una película que se reproduce en su mente.
Como explica Ross, puede reflexionar sobre el «concepto» de una playa. Sabe que hay arena, agua y otros hechos sobre las playas. Pero no puede evocar mentalmente las playas que ha visitado ni tiene capacidad para crear una imagen mental de una playa.
La idea de que algunas personas nacen sin ninguna capacidad para imaginar no es nueva. A finales del siglo XIX, el científico británico sir Francis Galton llevó a cabo una investigación en la que pidió a sus colegas y a la población general que describieran la calidad de sus imágenes mentales. Sin embargo, estos estudios se basaban en informes personales, que por naturaleza son subjetivos. Dependen de la capacidad de una persona para evaluar sus propios procesos mentales, algo llamado introspección.
Pero ¿cómo puedo saber si lo que ves en tu mente es distinto de lo que veo yo? Quizá vemos lo mismo, pero lo describimos de manera diferente. Quizá vemos cosas distintas, pero las describimos igual.
Algunos investigadores han sugerido que la afantasia podría ser, en realidad, un caso de introspección deficiente; que las personas con afantasia sí crean en su mente las mismas imágenes que quizá creamos tú y yo, pero lo que difiere es la descripción que hacen de ellas. Otra posibilidad es que las personas con afantasia creen imágenes mentales igual que los demás, pero no son conscientes de ellas. Esto significa que su mente no está ciega, sino que carecen de conciencia interna de esas imágenes.
En un estudio reciente nos propusimos investigar si las personas con afantasia realmente tienen «ceguera mental» o si les cuesta introspeccionar de manera fiable.
Rivalidad binocular
Para evaluar objetivamente las imágenes visuales, sin depender de la capacidad de alguien para describir lo que imagina, utilizamos una técnica conocida como rivalidad binocular —en la que la percepción alterna entre distintas imágenes presentadas, una a cada ojo—. Para inducirla, los participantes se ponen gafas 3D rojas y verdes: un ojo ve una imagen roja y el otro una verde. Cuando las imágenes se superponen en las gafas, no podemos ver ambas a la vez, por lo que el cerebro cambia constantemente de la imagen verde a la roja.
Pero podemos influir en cuál de las imágenes de color verá una persona en la prueba de rivalidad binocular. Una manera es pedirle que imagine de antemano una de las dos imágenes. Por ejemplo, si te pidiera que imaginaras una imagen verde, sería más probable que vieras la imagen verde una vez que te pusieras las gafas 3D. Y cuanto más vívidas sean tus imágenes mentales, más a menudo verás la imagen que imaginas.

Usamos la frecuencia con que una persona ve la imagen que imagina como medida objetiva de las imágenes visuales. Como no nos basamos en que el participante califique la viveza de la imagen en su mente, sino en lo que ve físicamente en la prueba de rivalidad binocular, se elimina la necesidad de introspección subjetiva.
En nuestro estudio, pedimos a personas que se describían a sí mismas como afantásicas que imaginaran durante seis segundos un círculo rojo con líneas horizontales o un círculo verde con líneas verticales, antes de presentarles una prueba de rivalidad binocular mientras llevaban puestas las gafas. Luego indicaron qué imagen habían visto. Repitieron el proceso en cerca de 100 ensayos.
Descubrimos que, cuando las personas con afantasia intentaban formar una imagen mental, la imagen que trataban de imaginar no influía en lo que veían en la ilusión de rivalidad binocular. Esto sugiere que no tienen problemas de introspección, sino que parecen carecer de imágenes visuales.
Por qué algunas personas tienen ceguera mental
Las investigaciones con la población general muestran que las imágenes visuales implican una red de actividad cerebral que se extiende desde la corteza frontal hasta las áreas visuales de la parte posterior del cerebro.
Las teorías actuales proponen que, cuando imaginamos algo, intentamos reactivar el mismo patrón de actividad en nuestro cerebro que cuando vimos la imagen antes. Y cuanto mejor lo hacemos, más vívidas son nuestras imágenes visuales. Puede que las personas con afantasia no puedan reactivar estas huellas lo suficiente como para experimentar imágenes visuales, o que utilicen una red completamente distinta al realizar tareas que implican imágenes visuales.
Pero quizá haya un aspecto positivo en no poder imaginar visualmente. Se cree que las imágenes visuales hiperactivas desempeñan un papel en la adicción y los deseos intensos, así como en el desarrollo de trastornos de ansiedad como el TEPT. Puede que la incapacidad de visualizar ayude a las personas a mantenerse ancladas en el presente y a vivir más plenamente el momento.
Entender por qué algunas personas no pueden crear estas imágenes mentales podría permitirnos aumentar su capacidad de imaginar y, quizá, ayudarnos también a atenuar las imágenes mentales en quienes las experimentan de forma hiperactiva.


