¿Cuál es el impacto ambiental de los desechos espaciales y cómo podemos resolverlo?

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  • El aumento del número de satélites que se lanzan al espacio es insostenible.

  • Las megaconstelaciones de satélites suponen un riesgo para el clima y el medio ambiente.

  • Se necesita una regulación mundial más estricta para garantizar la sostenibilidad espacial.

A la industria espacial le gusta considerarse un actor fundamental en la lucha contra el cambio climático. En un nivel superficial, esta percepción está justificada. La ciencia y la exploración espaciales han propiciado una comprensión más profunda de nuestro planeta, y las comunicaciones por satélite permitirán un uso más eficiente de los recursos del planeta.

Pero el sector espacial está muy lejos de ser el custodio impoluto que afirma ser. La industria está inmersa en una fiebre de inversión sin precedentes. En conjunto, enviamos cada vez más objetos al espacio cada año y, al ritmo actual de expansión, corremos el riesgo de reducir drásticamente el valor del espacio para las generaciones futuras. Si no actuamos ahora, se desencadenará una crisis ambiental en el espacio que podría obstaculizar nuestros esfuerzos por combatir el cambio climático aquí en la Tierra.

Las megaconstelaciones espaciales amenazan el clima

El ritmo actual de crecimiento es insostenible. En las últimas seis décadas se han lanzado alrededor de 11.000 satélites, de los cuales 7.000 siguen en el espacio. Pero esa cifra podría dispararse hasta los cientos de miles antes de que termine esta década, a medida que empresas privadas como Starlink, de Elon Musk, y Amazon se sumen a China y otros Estados nación para construir megaconstelaciones en la órbita terrestre baja (LEO).

Algunas de estas nuevas constelaciones tendrán decenas de miles de satélites. Cada uno tendrá una vida útil prevista de entre cinco y 10 años, lo que generará enormes cantidades de desechos espaciales que abarrotarán su propia órbita y pondrán en peligro todo lo que pase por ella.

Los peligros ambientales de esos desechos espaciales son numerosos e incluyen la contaminación lumínica, que obstaculizaría futuros descubrimientos científicos. También preocupan las reentradas de satélites de las megaconstelaciones, que podrían depositar niveles peligrosos de alúmina en la atmósfera superior. La radiación solar resultante tendría consecuencias perniciosas para el medio ambiente. Las megaconstelaciones previstas también podrían frenar la competencia y la innovación si un país o una empresa llegara a dominar una órbita determinada.

Sin embargo, el uso inteligente del espacio puede mejorar la vida en la Tierra. Los satélites reducen las emisiones de la industria de la aviación al optimizar las rutas de vuelo y ayudan a los buques portacontenedores a aumentar su eficiencia y rentabilidad. En otros ámbitos, la tecnología espacial nos ayuda a medir con mayor precisión las emisiones mundiales de carbono y permite a los agricultores aumentar el rendimiento y alimentar de manera más sostenible a la creciente población mundial. Los satélites serán esenciales para conectar a los aproximadamente 3.000 millones de personas que aún no utilizan internet. Industrias enteras, desde la minería hasta el comercio minorista, sencillamente no podrían funcionar sin las comunicaciones por satélite.

Pero las normas que rigen este valioso recurso ya no son adecuadas para su propósito. El régimen regulatorio actual carece de fuerza; depende de la voluntad de los actores de actuar de manera justa y no existen sanciones significativas que disuadan de infringir las normas. Desde que me incorporé a Inmarsat como director ejecutivo el año pasado, he perdido la cuenta de las veces que he oído describir la regulación del espacio como el «Salvaje Oeste». El calificativo está justificado.

Muchos de los beneficios de las comunicaciones espaciales ya pueden obtenerse mediante constelaciones de satélites geoestacionarios de bajo riesgo, situados en órbitas altas, y los satélites LEO permitirán obtener aún más. Pero todos deberíamos preocuparnos por los problemas de escala, sostenibilidad y seguridad que genera el número de megaconstelaciones LEO actualmente en desarrollo. Los riesgos potenciales podrían superar los beneficios.

Se necesita regulación para abordar la sostenibilidad espacial

Para evitar una catástrofe, los líderes de la industria espacial, los reguladores y los gobiernos deberían trabajar en una solución basada en cinco principios, que Inmarsat expuso en un informe reciente sobre sostenibilidad espacial.

En primer lugar, necesitamos igualdad de condiciones para los operadores de todo el mundo. En segundo lugar, un nuevo marco regulatorio debe permitir una aplicación rigurosa de las normas, incluidas sanciones para las empresas que las incumplan. En tercer lugar, debemos aumentar la inversión en datos y herramientas analíticas para comprender mejor la ciencia subyacente. En cuarto lugar, debemos desvincular la sostenibilidad de las preocupaciones de seguridad nacional; los países deberían poder compartir información sobre la ubicación de sus satélites sin revelar su propósito. Por último, las regulaciones deben implantarse con rapidez y mejorarse con el tiempo a medida que surjan nuevas tecnologías a una velocidad vertiginosa.

No tenemos tiempo que perder para encontrar soluciones a estos desafíos. A nivel nacional, los reguladores deben actuar de inmediato para garantizar una competencia dinámica que vaya más allá de un puñado de megaconstelaciones LEO. Los países deben replantearse cómo conceden el acceso al mercado y excluyen a los actores irresponsables.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para combatir el cambio climático?

A nivel multilateral, los países con mayor presencia en el espacio deben unirse para acordar algunas normas básicas, como limitar el número de satélites en una determinada capa orbital. La coalición de países dispuestos que ha propuesto Inmarsat incluiría inicialmente al Reino Unido, Europa, Estados Unidos, Japón, Brasil, Australia y otros países afines.

A nivel mundial, que es el más importante para lograr una solución sostenible a largo plazo, debería otorgarse a la UIT, el organismo de las Naciones Unidas para la información y las comunicaciones, el mandato y los recursos necesarios para abordar los problemas de sostenibilidad espacial. La UIT no es perfecta, pero ha demostrado su utilidad para garantizar un uso equitativo y racional del espectro.

La falta de una regulación inteligente y de previsión ha llevado a una gestión deficiente de los recursos del planeta, y todos estamos pagando el precio. La lección de la crisis climática es que más vale prevenir que curar.

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