¿Causan enfermedades crónicas los microbiomas?

¿Causan enfermedades crónicas los microbiomas?
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Los microbiomas humanos son ecosistemas en sí mismos. La forma en que funcionan, especialmente en el intestino, aporta importantes beneficios a la digestión, la nutrición y la función inmunitaria. La alteración del microbioma se ha relacionado con una lista creciente de enfermedades crónicas, como las enfermedades inflamatorias intestinales (EII), la artritis reumatoide y la esclerosis múltiple, e incluso la depresión y la ansiedad. Pero ¿hasta qué punto es causal este vínculo con las enfermedades crónicas?

Algunos, como Jason Sonnenburg, investigador de la Universidad de Stanford, creen que los hábitos alimentarios modernos, en particular la disminución del consumo de fibra dietética, reducen la producción microbiana de ciertos metabolitos —ácidos grasos de cadena corta—. Esto, sostiene, «provoca una inflamación más persistente que, con el paso de las décadas, conduce a la mayoría de las enfermedades crónicas que afectan al mundo moderno».

Sin embargo, las pruebas pueden ser difíciles de interpretar, y la correlación entre los cambios microbianos y la enfermedad no demuestra que unos causen la otra. Un artículo de Harvard publicado el mes pasado, por ejemplo, mostró que la caída de la diversidad de microbios en el intestino precede a la aparición de la diabetes tipo 1 en niños. Sin embargo, el hecho de que se supiera que los niños estudiados tenían una predisposición genética a la diabetes complica la interpretación: otros factores, por ejemplo, podrían favorecer tanto los cambios microbianos como la destrucción de las células productoras de insulina.

Otros advierten contra lo que algunos han denominado «microbiomanía». El epidemiólogo Bill Hanage, también de Harvard, considera que los resultados actuales son meramente indicativos. «Hay muy buenas pruebas de que el microbioma podría estar implicado en muchas cosas. Hay muy pocas pruebas de que sea definitivamente uno de los factores —y mucho menos el más importante— que influyen en casi cualquiera de ellas».

Admite que hay buenos motivos para creer que el microbioma interviene en el desarrollo de las EII, por ejemplo. De hecho, las pruebas con ratones parecen respaldar esta intuición. Pero sigue siendo difícil obtener una imagen clara de lo que podría beneficiar a los pacientes. «Las EII son enfermedades variables, que bien podrían tener múltiples causas. Esto plantea problemas con los criterios de inclusión. Una intervención podría funcionar bien en un contexto y no en otros», afirma el señor Hanage.

La complejidad del microbioma hace que aumente considerablemente el número de factores que podrían causar un efecto concreto, así como el número de maneras en que podrían hacerlo. No dispondremos durante algún tiempo de pruebas claras de los efectos positivos de tratamientos microbianos, como los que se han demostrado con trasplantes de microbioma completo en pacientes que padecen infecciones por Clostridium difficile .

La conclusión más prudente por ahora es que se necesita mucha más investigación detallada, del tipo que se analizará esta semana en el quinto Congreso Internacional del Microbioma Humano, en Luxemburgo. John Cryan, del University College de Cork, Irlanda, defiende con firmeza la importancia de los estudios sobre el microbioma para muchas afecciones, incluidas algunas que afectan al cerebro, donde las cadenas de causa y efecto probablemente sean más largas. Pero, por ahora, insta: «Tenemos que dejar atrás el bombo publicitario y centrarnos en la ciencia rigurosa».

Este artículo se publica en colaboración con GE Look Ahead. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Jon Turney escribe para GE Look Ahead.

Imagen: Un investigador utiliza un microscopio tras una impresión biológica 3D de células humanas con láser en el laboratorio Biotis del INSERM. REUTERS/Regis Duvignau

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