A medida que avanzamos hacia la Cuarta Revolución Industrial, el papel de los datos cobra cada vez más importancia. Así como los datos crecen de forma explosiva en volumen gracias al internet de las cosas, los dispositivos móviles y otras fuentes (los llamados Big Data), el ritmo de la transformación tecnológica también se acelera a un ritmo exponencial, lo que hace que nuestra interacción con las máquinas y la información sea más habitual, natural y poderosa. Los datos son la base de numerosas aplicaciones revolucionarias de la IA, desde la secuenciación genética hasta la robótica, pasando por la modelización del cambio climático, el desarrollo de vehículos autónomos y la mejora de los rendimientos agrícolas.
Los subconjuntos de la IA, los algoritmos de aprendizaje automático y, especialmente, las redes neuronales de aprendizaje profundo requieren enormes conjuntos de datos para su entrenamiento. Cuantos más datos, más precisas son sus predicciones. Cuantas más radiografías de tumores puede analizar una red neuronal, más probable es que caracterice con precisión la siguiente que se le muestre. Menos datos implican menos precisión, lo que, en términos realistas, supone una desventaja.
Hoy en día, unas pocas grandes corporaciones están en una posición privilegiada, ya que son las que mejor están posicionadas para recopilar y procesar enormes cantidades de datos procedentes del comercio electrónico, los asistentes digitales y otras fuentes. Varios países también tienen ventajas inherentes debido a sus considerables poblaciones, con enormes reservas de datos recopilables sobre muchos aspectos de la vida, desde los hábitos de conducción hasta el uso del teléfono móvil o la navegación por internet. Esto genera un desequilibrio de poder y riqueza, causado por el hecho de que la información está en manos de unos pocos, lo que les da la oportunidad de utilizar estos grandes volúmenes de datos para extraer inferencias significativas y lograr economías de escala.
¿Qué ocurre con los países con poblaciones más reducidas o sin los recursos necesarios para desarrollar tecnologías de vanguardia? Algunos de estos países pueden ser pequeños, pero por lo demás prósperos; solo se ven en desventaja por la falta de datos. Otros países pueden estar históricamente rezagados en los indicadores comunes de desarrollo. Todos ellos corren el riesgo de caer desde sus posiciones actuales simplemente por carecer de datos accesibles y pertinentes. Los países sin estos datos corren el riesgo de quedar excluidos. Quedarían relegados a proporcionar los recursos brutos de producción sin medios reales de producción.
Al igual que ocurre con los acuerdos comerciales de bienes y servicios, una forma de ayudar a los países y empresas menos favorecidos es crear acuerdos o pactos de intercambio de datos. Como ocurre con el comercio de bienes y servicios, todos salen beneficiados. La combinación de datos de varios países puede ayudar a cada uno de ellos a alcanzar la masa crítica de información necesaria para impulsar aplicaciones avanzadas. En algunos casos, los acuerdos podrían ser de alcance mundial. El cáncer, por ejemplo, no conoce fronteras. En otros casos, si los países comparten un idioma o una cultura comunes, un enfoque regional podría ser más adecuado. PwC ya prevé que la economía mundial de los datos supere los 400.000 millones de dólares para 2025. Un mayor acceso a los datos podría ampliar sustancialmente esta cifra, al fomentar más startups y más inversión, y dar lugar a nuevos avances que mejoren la calidad de vida en todo el planeta.
Poner precio a nuestro polvo digital
Un acceso ampliado a los datos podría ser ideal para todos los países. Sin embargo, los datos tienen su origen en personas individuales. Sus datos, tanto individual como colectivamente, se utilizan y en el futuro se utilizarán en muchos casos con fines comerciales, por lo que tienen valor. Las personas deberían poder participar de la riqueza que se genera a partir de sus datos. Deberían recibir una compensación por este uso.
Las leyes de privacidad varían hoy de un país a otro y dificultan enormemente la recopilación y difusión de datos a través de las fronteras. Proteger la privacidad es, sin duda, positivo. Sin embargo, si una persona decide proporcionar sus datos genéticos y su historial médico para la investigación médica, debe crearse un mecanismo para hacerlo en su beneficio y en el de poblaciones más amplias. Por supuesto, el propósito no tiene por qué ser siempre tan trascendente como la investigación médica. La información podría ser simplemente nuestro polvo digital, incluidas las publicaciones en redes sociales, los datos de analítica de actividad física de nuestro reloj inteligente y los hábitos de conducción de la vida cotidiana.
Una posibilidad para hacer realidad esta visión es crear un intercambio que determine el valor de los datos, de forma similar a los mercados de materias primas. Si alguien (un país, una alianza de países, un laboratorio o una empresa) quiere utilizar datos, podría ofrecer tokens como sustituto de pago. Un intercambio podría establecer el precio de los tokens. A medida que los intercambios de datos publiquen su valor, las personas podrían conocer el valor de sus datos y tomar una decisión informada sobre si los proporcionan al intercambio. Esto también debe complementarse con el “propósito previsto”, en contraposición a la tendencia histórica de regular los datos según su “origen”, lo que podría hacerse efectivo, por ejemplo, mediante contratos inteligentes en cadena de bloques.
Aunque todavía se encuentran en una fase inicial, ya están en marcha proyectos piloto de esta forma de intercambio de datos y valor. Si demuestran ser prometedores, podría crearse todo un sector de intercambio de datos. Si bien esto puede beneficiar a todos, al igual que los acuerdos comerciales, las ventajas podrían ser mayores para los países en desarrollo: lo que yo denomino «IA para la AYUDA». Al nivelar el terreno de juego de la IA mediante estos intercambios de datos, los beneficios de la Cuarta Revolución Industrial se extenderán de forma más equitativa entre países y empresas, creando nuevos mercados e impulsando el crecimiento económico.



