¿Podrían las máquinas sustituir a los mandos intermedios?

¿Podrían las máquinas sustituir a los mandos intermedios?
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En 1964, Isaac Asimov, escribió sobre una visita a la Feria Mundial de 2014:

«En el año 2014 habrá pocos trabajos rutinarios que alguna máquina no pueda realizar mejor que cualquier ser humano. Por lo tanto, la humanidad se habrá convertido en gran medida en una raza de cuidadores de máquinas».

Según Carl Benedict Frey y Michael A. Osborne, dos investigadores de Oxford que estudiaron 702 ocupaciones actuales, aproximadamente la mitad (el 47 por ciento) corre el riesgo de seguir el camino de los operadores telefónicos en apenas una o dos décadas.

En su libro, The Second Machine Age, los autores Brynjolfsson y McAfee sostienen que la combinación de una enorme potencia informática, redes integrales, aprendizaje automático, cartografía digital y el «internet de las cosas» está provocando una revolución industrial en toda regla, de la misma magnitud que las transformaciones propiciadas por la energía de vapor y la electricidad. Pero mientras aquellas revoluciones anteriores complementaron la fuerza muscular humana (y equina), la nueva sustituirá la cognición humana, ya que, en última instancia, los ordenadores realizarán trabajos que antes consistían en emplear a personas para procesar información.

Ya hemos visto cómo muchos empleos se automatizan o se externalizan a raíz de la globalización generalizada y la evolución de la tecnología. Por tanto, ninguna de las predicciones anteriores debería sorprender a nadie. Sin embargo, los empleos que tradicionalmente se automatizaban o externalizaban solían ser de carácter manual y rutinario. ¿Cuándo llegaremos al punto en que podamos automatizar trabajos de gran exigencia cognitiva y no rutinarios, como los de los gerentes? Adivinen: ya estamos ahí.

Hace poco encontré una publicación de Peter Reinhardt en la que presenta numerosos ejemplos de empresas que están creando capas de software para gestionar a personas en sectores que tradicionalmente se basaban exclusivamente en servicios humanos. Reinhardt cita ejemplos populares, como Uber y Lyft, que crearon capas de software en el sector del taxi; 99designs, en el del diseño visual; y Homejoy, en el de la limpieza. Estas empresas emplean ahora ejércitos de trabajadores humanos y optimizan su rendimiento, productividad y calidad mientras reducen los precios, todo ello sin gerentes que dirijan a quienes realizan los trabajos. La «gestión» está casi completamente en manos de máquinas y algoritmos.

La capa de software entre la empresa y sus ejércitos de contratistas envía a una persona a realizar un trabajo o una tarea concretos con un nivel de detalle muy prescriptivo, lo que garantiza una ejecución uniforme y medible, al tiempo que elimina eficazmente los mandos intermedios. El conductor de Uber trabaja para una máquina: una máquina lo asigna. Una máquina le indica la ruta exacta que debe seguir; una máquina le paga; y, al parecer, la máquina incluso puede despedir a un conductor si incumple las reglas o su calificación cae considerablemente.

Como señala atinadamente Reinhardt, los seres humanos están a punto de convertirse literalmente en engranajes de una máquina, completamente anonimizados detrás de una API que controla y supervisa cada una de sus actividades. Aunque la economía freelance puede ofrecer un alto grado de autonomía que atrae a las personas a incorporarse a estas capas de software, los trabajadores están entrando en una fuerza laboral dicotómica, que, en la práctica, no ofrece salida y brinda pocas oportunidades de progresar, aprender o desarrollar habilidades que contribuyan a su futuro.

Eliminar los mandos intermedios ciertamente elimina muchas variables (y, por supuesto, costos) de la ecuación. Sin embargo, no es más que un paso provisional hacia la erradicación total del trabajo humano de la cadena de valor de algunos de estos sectores.

Con la gestión a cargo del software, queda abierta de par en par la puerta a la automatización completa, una vez que las tecnologías correspondientes estén disponibles o se generalicen. ¿Seguirán Uber o Lyft teniendo conductores cuando los automóviles autónomos se generalicen? Probablemente no. ¿Seguirá Amazon repartiendo su negocio de entregas entre FedEx y UPS cuando los drones sean una realidad? Probablemente no. Empresas como Lowes están invirtiendo en robots como asistentes en las tiendas: ¿necesitarán mandos intermedios para gestionar esos robots o los gestionarán capas de software en la nube?

Aunque esto abre todo un mundo nuevo de posibilidades y oportunidades para nuevas formas de hacer negocios, plantea de verdad una pregunta para quienes ocupamos puestos de gestión.

¿Estamos preparados para esto? ¿Podrían las máquinas y la inteligencia artificial acabar sustituyendo todo lo que hacemos?

Este artículo se publica en colaboración con SAP Community Network. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Reuven Gorsht es colaborador de SAP Community Network.

Imagen: La mano de AILA, un robot humanoide (androide ligero de inteligencia artificial), acciona un cuadro de mandos. REUTERS/Fabrizio Bensch.

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