Cada mañana a las 7:30, Sun Kai toma su maletín y corre a la estación de metro más cercana de la capital china. La mayoría de los días, el contable de 36 años espera a que pasen cuatro o cinco trenes antes de poder entrar a duras penas en un vagón y emprender el trayecto de una hora y media hasta la oficina.
Antes, Sun tardaba dos horas en coche en llegar al trabajo cada mañana, pero los atascos le daban dolor de cabeza. «El tráfico durante las horas punta es muy imprevisible», cuenta a Sixth Tone. «Decidí que tenía que pasarme al metro para poder llegar al trabajo a tiempo».
En Pekín, la ciudad más congestionada del país, innumerables personas como Sun se enfrentan cada mañana a una pesadilla de transporte. Y eso es solo la punta del iceberg en el país más poblado del mundo, donde el creciente número de coches, sumado a la lenta construcción de carreteras en los centros urbanos, provoca el caos vial para muchos residentes de las ciudades.

Pero los expertos creen haber encontrado la respuesta a los problemas de tráfico de China: la inteligencia artificial (IA), que podría cambiar la forma en que conducimos y la manera en que las ciudades vigilan los vehículos en las carreteras.
En el futuro, los viajeros utilizarán coches controlados por IA que podrán conectarse a internet y desplazarse por sí mismos, lo que permitirá a los conductores apartar las manos del volante y la vista de la carretera. Alrededor del 90 % de los accidentes se debe a errores humanos, pero los coches autónomos no infringirán las normas de tráfico, no se cansarán ni conducirán ebrios; y, si algo sale mal, podrán reaccionar 10 veces más rápido que los conductores humanos. Las carreteras estarán equipadas con sensores que recopilarán datos y se «comunicarán» con los vehículos, optimizando la circulación y proporcionando a los viajeros información del tráfico en tiempo real. «La IA puede ofrecer una solución al problema más rápida y eficaz que el cerebro humano», afirma Huang Wei, director del departamento de planificación y diseño del transporte del Instituto de Planificación y Diseño Urbano Tsinghua Tongheng de Pekín. «La IA puede desempeñar sin duda un papel importante para aliviar los atascos».
Muchos de estos avances ya están en marcha: tanto los fabricantes de automóviles tradicionales como los gigantes de internet están invirtiendo grandes sumas en investigar y desarrollar vehículos autónomos. Los analistas del sector prevén que, para 2035, el mercado chino de coches autónomos representará una cuarta parte de la industria mundial de estos vehículos. Para entonces, la consultora internacional de gestión Boston Consulting Group estima que habrá al menos 3 millones de coches autónomos en las carreteras chinas. Varios lugares de China, como la ciudad oriental de Hangzhou, ya han implementado tecnología de tráfico inteligente en colaboración con AliCloud, filial del gigante de internet Alibaba. Esta tecnología vigila las condiciones de las carreteras, detecta accidentes y optimiza los tiempos de los semáforos. Según AliCloud, entre julio y septiembre de este año la tecnología ahorró a los vehículos un promedio de tres minutos en sus desplazamientos diarios, en comparación con el mismo periodo de 2016.
En lo que respecta a hacer más inteligentes las carreteras, la IA es la «fuerza impulsora» de la recopilación masiva de datos sobre el transporte, afirma Wang Lei, inversor de la industria automovilística en la firma de capital riesgo Galaxy Internet. La IA puede analizar datos de sensores distribuidos por una ciudad y, en caso de accidente o atasco, dirigir el tráfico hacia vías menos congestionadas. «Como país más poblado del mundo y con una congestión grave, el Gobierno chino necesita urgentemente modernizar la gestión de sus sistemas de transporte», afirma Wang.
El desarrollo de la tecnología de transporte basada en IA ha recibido el respaldo oficial. En una declaración de mayo de 2016, el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información de China afirmó que la tecnología de los coches autónomos podría reducir los accidentes de tráfico en un 30 %, y las víctimas en un 10 %. Eso podría salvar miles de vidas en China, que ocupa el segundo lugar mundial en número de víctimas de accidentes de tráfico: el año pasado, 63.093 personas murieron en las carreteras chinas, un aumento del 2,9 % respecto al año anterior.
Huang, el experto en transporte, comparte el entusiasmo del Gobierno. Predice que en los próximos cinco años aproximadamente habrá menos atascos en las zonas urbanas —sobre todo en las ciudades más desarrolladas de China— gracias a tecnologías como los coches autónomos, los vehículos conectados a internet, los sensores en las carreteras y los sistemas que permiten a los vehículos comunicarse entre sí y con la infraestructura circundante. Según afirma, los servicios de uso compartido de coches eléctricos autónomos reducirían el volumen de tráfico y triplicarían la velocidad en las carreteras urbanas.
Kevin Li, analista de la industria automovilística de la consultora estadounidense Strategy Analytics, advierte que las expectativas del Gobierno de lograr cambios de gran alcance podrían ser «más propaganda que realidad». Dado que la tecnología actual aún no está plenamente desarrollada, afirma, el objetivo del Gobierno de implementar el transporte inteligente en todo el país es sumamente optimista. La tecnología más avanzada de coches autónomos se sitúa actualmente en torno a 2,5 sobre 5 en la escala del sector que mide el grado de sofisticación tecnológica: el nivel 3 permite a los conductores retirar las manos del volante en situaciones limitadas, mientras que el nivel 5 corresponde a la autonomía total.
Pero, cuando la tecnología mejore, probablemente no hará falta convencer mucho a los conductores chinos para que se pongan al volante de coches autónomos. Una encuesta internacional de la empresa de soluciones de seguridad Irdeto reveló que el 67 % de los consumidores de China ya posee o piensa comprar un coche conectado a internet —una tecnología precursora necesaria para los coches autónomos—, mientras que el promedio mundial era de solo el 40 %. Aaron Guo, analista de la industria automovilística de la firma de investigación de mercados Mintel, atribuye el interés de los consumidores chinos a las hábiles campañas promocionales de las empresas, que suelen exagerar las capacidades autónomas de sus productos. Según Guo, sus estrategias han tenido éxito en gran medida porque los consumidores todavía solo tienen conocimientos básicos sobre los vehículos autónomos.
Uno de los conductores entusiastas es Duan Yunlai, estudiante de cine de 20 años de Hangzhou, que probó el Tesla de su padre, equipado con un sistema de piloto automático que le permitía apartar las manos del volante durante hasta un minuto cada vez. El coche puede girar, frenar e incluso cambiar de carril sin la ayuda del conductor. «Al principio estaba muy nervioso, pero pronto me pareció increíble la función autónoma», cuenta Duan a Sixth Tone, y añade que cree que podría ser más segura que los conductores humanos. «Los conductores humanos cometen errores de vez en cuando o se cansan al volante. En comparación, la IA será más fiable», afirma. Pese al optimismo de Duan, este modelo ya ha causado su primera víctima mortal en China: un joven de 23 años murió en enero en Pekín al chocar con otro coche mientras utilizaba el sistema de piloto automático, lo que llevó a su familia a presentar una demanda.
Según Li, de Strategy Analytics, pese al apoyo público y gubernamental, la deficiente infraestructura vial y la falta de claridad normativa siguen siendo obstáculos para la implantación generalizada de coches autónomos. Señala que algunas aldeas y condados rurales de China tienen carreteras en mal estado, señalización vial irregular y una gestión deficiente de las vías. A principios de este mes, Pekín se convirtió en la primera ciudad china en permitir pruebas de coches autónomos en vías públicas, pero el resto del país aún no ha seguido su ejemplo, lo que podría frenar el desarrollo del sector, afirma Li. En cambio, Estados Unidos permite probar vehículos autónomos en vías públicas en cuatro estados, y al menos una docena de empresas chinas han enviado sus coches autónomos a Estados Unidos para realizar pruebas.
La ciberseguridad plantea otro riesgo, afirma Lü Yiping, director del equipo de investigación Keen Security Lab de Tencent. Los piratas informáticos podrían controlar coches a distancia o abrir sus techos solares —poniendo en peligro a los conductores—, o detenerlos para robar objetos del vehículo, advierte. Más preocupante aún, señala Lü, es que muchos fabricantes de automóviles todavía no saben cómo abordar los problemas de ciberseguridad.
Y a los coches autónomos les queda un último desafío: los propios seres humanos.
Cada mañana, durante la hora punta, Chen Kaiwen, agente de policía de Shanghái de 30 años, trabaja para mantener a salvo tanto a los peatones como a los conductores en la Nueva Área de Pudong, al este de la ciudad. Chen cree que la tecnología de IA podría reducir considerablemente su carga de trabajo. «Creo que habrá menos accidentes cuando los coches sean más inteligentes, ya que la mayoría se producen por errores humanos», cuenta a Sixth Tone. Pero, en última instancia, afirma Chen, las personas tendrán que cambiar sus hábitos para que las carreteras sean más seguras, tanto si conducen como si van a pie.
Sun, el viajero de Pekín, coincide en que los peatones y otros usuarios de las vías, como los ciclistas, también tendrán que prestar más atención a las normas de circulación si se quiere mejorar la situación del tráfico y la seguridad vial en China. «No creo que vaya a cambiar el problema de la congestión en China», afirma, «a menos que la IA pueda impedir que la gente infrinja las normas de tráfico».
